EL PUEBLO ARMADO JAMÁS SERÁ APLASTADO

*Por Sergio Simpson

No ha dejado atrás su mentalidad soldadesca Daniel Ortega aun cuando no intercambió balazos en los campos de batalla en los años setenta y ochenta del siglo pasado.

En su etapa senil prosigue incitando a la barbarie entre nicaragüenses, mantiene una consigna opuesta a las ansiedades pacifistas de la mayoría de esta sociedad cansada de luto y pobreza, hastiada de corruptos y represores.

Pueblo con armas es el civil que las recibe del gobierno, y el que está empuñando fusiles en la policía y el ejército, con licencia para intimidar con ellas, golpear y matar a opositores que protesten públicamente.

El otro pueblo que desprecia a gobernantes no tiene rifles ni los anda gestionando. Ese otro pueblo no asalta bancos, ni camiones comerciales repartidores, ni empresas. Tampoco secuestra para obtener dinero. Ese otro pueblo desea que se construya la democracia.

En el 2018, algunos de los protestantes cívicos se armaron para defenderse de las balas gubernamentales y partidarias, no porque fuese su interés entrar a la confrontación bélica.

La gente adinerada que controla todos los poderes del estado y se sigue enriqueciendo con cargos partidarios estatales quiere la guerra, ese es un buen negocio para ellos, la guerra contra el otro pueblo.

Los pacifistas deseamos, vehementes, que predomine la razón, el entendimiento entre civiles, aborreciendo la criminalidad de quienes ostentan el poder y erradicar esa cultura arcaica creando sufrimiento a millones de nicas.

Desafortunadamente, la consigna oficial proclamada es interpretada así: ¡El pueblo armado jamás será aplastado… aplastará a otra parte del pueblo inconforme desarmado!

Miércoles 21 de julio 2021

*Fotografía tomada de internet.

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