El Vaticano, Brenes y su estrategia política de apaciguamiento

*Por Oscar René Vargas

Declaraciones de Brenes

  • El cardenal Leopoldo Brenes reiteró este domingo (13 de noviembre de 2022) que el Vaticano hace gestiones para “no dejar morir” el diálogo con la dictadura Ortega-Murillo y encontrar una solución para los religiosos procesados y detenidos en las cárceles del régimen. Brenes dijo que el obispo Rolando Álvarez encarcelado por órdenes de la dictadura está bien de salud y que así lo ha visto él, las veces que lo ha visitado. “Está muy bien, espiritualmente muy bien”, dijo Brenes a la agencia de noticias AFP.
  • El Cardenal Brenes, quien recientemente viajó al Vaticano, explicó que la Santa Sede continúa buscando una salida a la crisis que enfrentan con el gobierno. “El (papa Francisco) nos dijo que debíamos tener esperanza”. Además dijo que: “La Santa Sede está haciendo sus gestiones”.
  • Admitió que el gobierno ha negado el ingreso al país a algunos sacerdotes, pero que la iglesia sigue trabajando. Reconoció además que la iglesia Católica enfrenta dificultades económicas, razón por la cual han solicitado la colaboración de la comunidad para cubrir algunos gastos. En medio de la feroz persecución de Ortega-Murillo, contra los religiosos, el régimen ha cerrado centros de caridad, educativos, radios y canales de televisión que recibían donaciones para mantener la labor pastoral en varios municipios y departamentos del país.

La política de apaciguamiento

  • A pesar de la represión Brenes y el Vaticano continúan practicando una política de apaciguamiento o política conciliadora con la dictadura. El apaciguar se refiere a la acción de tranquilizar sin realizar cualquier tipo de protesta, guardar silencio.
  • La política de apaciguamiento se hizo evidente a partir de los acuerdos de marzo 2019 establecido entre el Vaticano a través del Nuncio, OEA y los representantes políticos del gran capital, dándole al régimen Ortega-Murillo 90 días para liberar a todos los presos políticos, fortalecer los derechos y garantías de los ciudadanos, permitir elecciones transparentes y sufragio efectivo. A la concreta significó que Ortega ganó tiempo, al mismo tiempo que se profundizó la fase de reflujo del movimiento social.
  • Con la política de apaciguamiento se inició la subordinación y cooptación de los líderes sociales, surgidos en abril 2018, al liderazgo de los representantes políticos del gran capital a través de seminarios, conferencias, retiros de estudio, etcétera.
  • La política de apaciguamiento implementada por los representantes de los grandes empresarios, creó en la opinión pública nacional e internacional la idea que era posible unas elecciones con Ortega-Murillo en el poder para evitar más destrucción económica e implementar la famosa “salida al suave”.
  • Los poderes fácticos empresariales y políticos se autodenominan “adalides de la democracia” y “guardianes de las instituciones democráticas”, pues son los mismos que, a lo largo de sus respectivas carreras políticas o empresariales (o ambas) han apoyado los fraudes electorales anteriores. Lo que más molesta es la hipocresía, la simulación. Fuera máscaras.

La “salida al suave” + la política de “apaciguamiento”

  • Los poderes fácticos políticos, empresariales y eclesiásticos no tomaron en cuenta que las elecciones con Ortega en el poder y sin presión sociopolítica han sido irregulares y fraudulentas. No tomaron en cuenta que Ortega-Murillo no están dispuestos a arriesgar el poder y mucho menos a aceptar la derrota y que la voluntad política de Ortega es mantener su estrategia de “el poder y la muerte”.
  • A pesar de que la estrategia política de apaciguamiento fue asumida por los poderes fácticos político, empresarial y eclesiástico, Ortega ambicioso e insaciable se ha negado a ceder un ápice. Siguen más de 219 presos políticos en las cárceles, no hay libertad de expresión o de movilización, ha incrementado el número de policías, el sistema judicial y la fiscalía han sido transformados en órganos represivos, hay más represión.
  • Las concesiones hechas por los artífices de la estrategia del apaciguamiento han hecho a Ortega más soberbio, arrogante y altanero. El régimen Ortega-Murillo sólo se sentará a buscar una solución a la crisis sociopolítica si alguien lo obliga a hacerlo, ya sea la movilización de la calle o la presión internacional o la combinación de ambas acciones; nunca lo hará por voluntad propia.

El fracaso de la política de “apaciguamiento”

  • Los acontecimientos desde el 2019 a la fecha nos indica que la resultante de la política de apaciguamiento ha sido un fracaso por la falta de presión sociopolítica al régimen. El factor auxiliar ha sido la ingenuidad de los poderes fácticos de creer en la palabra del dictador. Ahora, Ortega los ve como aliados inservibles en la nueva coyuntura.
  • Sin embargo, los artífices del apaciguamiento siguen pensando que tarde o temprano Ortega acabará cumpliendo aquello que desean más fervientemente: unas elecciones como la “salida al suave”, ya que están en contra de las movilizaciones sociales, del paro nacional o de cualquier tipo de acciones que reactive la independencia política de los movimientos sociales.
  • La estrategia política de apaciguamiento es contraproducente en dos sentidos. En primer lugar, proporciona tiempo al régimen para seguir concentrando más poder. En segundo lugar, no se toma en cuenta que el deterioro socioeconómico es su talón de Aquiles que lo debilita más y más. Nos referimos a la combinación de la recesión económica con la enorme crisis de la insuficiencia alimentaria (hambre, desnutrición, enfermedades) que se manifiesta en el achicamiento y fractura de su base social y su secuela que se exterioriza en el desarrollo del proceso de implosión endógena.

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