EN EL ANTRO, CON EL TAHÚR

*Por: Carlos A. Lucas A.

Juan, Félix y PedroX, junto a George, hicieron su entrada a aquel antro de juegos. Allí estaba Dandy, el famoso y violento tahúr profesional jugando póker y esperando contrincantes a los que esquilmar.

Discutieron entre ellos. Juan dijo, con su típica cara de derrota: “Recuerdo que la otra vez vi como un jugador arriesgado lo retó a jugar con naipes nuevos, no los manoseados con los que Dandy acostumbra ganar. Inmediatamente Dandy se levantó furioso y le partió una silla en su cabeza… más bien le partió la cabeza con la silla. Hasta allí llegó el pobre H**. Sabemos que Dandy está rodeado de matones y criminales y hasta maneja a los policías de por aquí”.

Félix entonces, asintiendo con la cabeza lo dicho por Juan, también recordó otro incidente en la misma mesa de juego. Dijo, con su cara forzosamente sonriente: “Si, es cierto, este tahúr es tan criminal como tramposo. Cierta vez hubo otro jugador, que siendo de su propio equipo, igual lo retó. Dandy  aceptó y le dijo: “para que veas como soy, está bien, andá comprá un palo nuevecito de naipes y aquí te espero”. C**, que así se llamaba el hasta entonces su compinche, alegre por la oportunidad que podría tener, salió hasta bailando hacia su moto parqueada en la acera, sin haber notado la seña que, pasando su dedo por su propia garganta, le hizo Dandy al sicario que guardaba la puerta. Este salió detrás de C** a la calle y éste ya nunca regresó y nadie lo volvió a ver”. Félix bajó la cabeza, también preocupado por su relato.

PedroX, al que sólo le gustaba expresarse mediante bonitos y coloridos dibujos, rápidamente les enseñó una corta historieta que había dibujado donde se veía a A**, un ex campeón boxeador, retando a Dandy hasta a los golpes, porque éste no le permitía levantarse de la mesa de juego. Pero Dandy, astuto, mandó a ponerle una droga adormecedora en sus bebidas (beber era la debilidad de A** ) que en poco tiempo lo hizo casi caer. “Andate mejor a tu casa”, le dijo Dandy con cierto tono paternalista para estos casos. Cuando A** llegó a su casa, ya lo estaban esperando tres tipos armados y fortachones. A**nunca volvió a la mesa de juegos ni a ningún lado”. Así terminaba la historieta de PedroX.

Entonces George les cuestionó: “Si esto es así y termina así como ustedes mismos cuentan, ¿qué sentido tiene que vengamos a jugar a las cartas con un tramposo y asesino?” y preguntando esto hizo como que se retiraba. Sus amigos lo retuvieron, agitados: “Esperate, esperate, oínos primero”, le dijeron.

Juan explicó: “Es cierto, nos va a hacer trampa y es posible que hasta nos mate si siente que le podemos ganar. Pero vamos a demostrar que, si gana, es porque hace fraude, hace trampas, usa naipes re usados y sucios y de paso, amenaza con sus matones rodeando las mesas. Quizás no le ganemos, pero vamos a demostrar que hace fraude”, concluyó ceremoniosamente, para darle dramatismo a sus palabras.

George abrió sus ojos hasta que le llegaron a la boca, abierta también de asombro: “¿Cómo vamos a jugar con un tahúr cuya vida es hacer trampa, para demostrar (¿a quién debemos demostrar?), que nos hizo trampa?… ¡Y no habrán observadores del juego, porque no los permite!, exclamó.

Pero Félix, con voz de confesor en confesionario, poniendo amistosa y empáticamente su mano sobre el hombro de George, lo cual, por si acaso alguien le estaba observando, le hacía parecer no racista ante el negro rostro de George, le dijo: “George, ya llegamos hasta aquí, de hecho arriesgándonos”. Y aun más serio le dijo: “Declinar, colgar los guantes tan tempranamente, es hacerle las cosas muy fáciles a Dandy. Tenemos que sentarnos con él a jugar. Pensá en todo lo que podemos hacer si le ganamos. Miren, el plazo ha llegado, es la hora, unámonos  en la mesa a Dandy y que Dios nos proteja”.

Dandy, al fondo, barajando sus mugrientos y ya delgadísimos naipes, sólo les miraba de reojo, a ellos y a los sicarios que posicionados en varios puntos, acariciando sus armas, cadenas y puñales, solo esperaban sus órdenes.

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