Espiral de la Historia

Entrevista histórica de Marta Harnecker a Humberto Ortega (Parte III)

Comandante Humberto Ortega, 1978 / Cortesía

M.H.- Pero esa afirmación que tú hacías de que la lucha de las masas en las ciudades permitió el fortalecimiento militar de las guerrillas es una reflexión que ustedes hacen a posteriori. Eso no fue planificado así, ¿no?

H.O.- Efectivamente, nosotros sintetizamos así la experiencia práctica.

Volviendo a la secuencia de acciones, después de Nueva Guinea se da la toma de Jinotega en mayo, luego los combates de El Naranjo en el frente Sur. Es a partir de esos combates que llamamos a la insurrección final.

M.H.- ¿Por qué hacen el llamado a la Insurrección final en mayo?

H.O.- Porque ya ahí se estaban dando una serie de condiciones objetivas cada vez más profundas: la crisis económica, la devaluación del córdoba, la crisis política. Y porque después de setiembre nosotros vimos que era necesario conjugar en un mismo tiempo y en un mismo espacio estratégico: la sublevación de las masas a nivel nacional, la ofensiva de las fuerzas militares del frente y la huelga nacional donde estuviera involucrada o de acuerdo de hecho, la patronal.

Si no lográbamos conjugar estos tres factores estratégicos en un mismo tiempo y espacio no habría triunfo. Ya se había dado varias veces la huelga nacional, pero sin conjugarse con la ofensiva de las masas. Ya se había dado la sublevación de las masas, pero sin conjugarse con la huelga ni con la capacidad real de la vanguardia de golpear profundamente. Y ya se habían dado los golpes de la vanguardia, pero sin estar los otros dos factores presentes cuando se lograron conjugar en cierta manera esos tres factores fue en septiembre, pero no se lograron conjugar plenamente porque el proceso todavía no era conducido totalmente por nosotros. Nosotros planteábamos con claridad después de septiembre, en circular interna, que si no se lograba conjugar estos tres factores no habría triunfo.

Sin la unidad de los sandinistas hubiera sido muy difícil recoger y sintetizar en una sola línea práctica los logros que hasta entonces habían acumulado históricamente las distintas tendencias. Podemos por eso afirmar que la unidad jugó y seguirá jugando un papel vital para la revolución.

Comandante Humberto Ortega junto al comandante Víctor Tirado López

M.H.- ¿Y no debía existir todavía otro factor? … Porque, por lo menos desde el exterior, parecía existir un equilibrio de fuerza que era difícil de romper…

H.O.- Bueno, ese es el problema militar. Eso después te lo explico. Ahora estamos viendo los factores estratégicos. Desde mayo Somoza ya tenía perdida la guerra estratégicamente. Ya sólo era cuestión de tiempo.

M.H.- ¿Pero si ustedes no hubieran recibido las armas que recibieron en las últimas semanas habrían podido vencer?

H.O.- Correcto, a eso voy. Pero antes quiero señalar que es muy importante conjugar estos tres factores. Después de septiembre se da El Jícaro y se trata de continuar con Estelí, pero no se puede coordinar bien. Se da Estelí y prácticamente es una acción de la vanguardia, contundente, pero que se da aislada también. Nueva Guinea se mueve en función de apoyar a Estelí, pero cuando ya las fuerzas de Estelí están en retirada. El movimiento de Nueva Guinea despierta un gran interés nacional, una gran agitación y cuando se trata de movilizar las fuerzas para continuar ese empuje, para lograr una coordinación de todos esos factores, cae Nueva Guinea y surge Jinotega, que surgió tratando de coordinarse con Nueva Guinea e ir así coordinando todo.

La toma de Jinotega coincide con la actividad del Frente Sur y la toma de El Naranjo -punto fronterizo con Costa Rica donde la Guardia tenía acantonada una importante fuerza en un cuartel- que el Estado Mayor del Frente Sur decidió tornar en coordinación con un ataque a la ciudad de Rivas, iniciándose así la ofensiva final en el Frente Sur de Nicaragua.

El Frente Sur quiere aprovechar la dispersión de fuerzas que produce la toma de Jinotega, pero cuando entra en acción las fuerzas de Jinotega ya se habían retirado. Es ahí donde cae Germán Pomares.
Entonces nos dijimos: si seguimos así nos desbaratan, porque nos van a ir debilitando por partes. Si se pierde en El Naranjo se pierde la posibilidad de un triunfo militar a corto plazo.

La acción de El Naranjo no se podía perder. Elaboramos en este sentido un plan que recae en ese momento fundamentalmente en el frente interno, o sea sobre los frentes que comprenden fundamentalmente las ciudades, ya que en ese momento las fuerzas de las columnas guerrilleras están dispersas, están recuperándose de los combates que han tenido anteriormente, no son capaces de incidir inmediatamente. Entonces la insurrección se lanza consciente de que las columnas del Norte, las de la Pablo Úbeda que estaban en las zonas montañosas, no iban a tener ninguna incidencia inicialmente pero sí la tendrían después.

La insurrección que nosotros vimos se tenía que mantener a nivel nacional por lo menos quince días, para dar margen a que las columnas se reagruparan e incidieran en el momento oportuno, haciendo ya totalmente insalvable la situación militar del enemigo y logrando de esta manera un asedio estratégico total, del cual el enemigo no pudiera salir y del cual el triunfo sólo sería cuestión de tiempo, de’1 máximo desgaste del enemigo, para pasar al asalto final sobre él. Desgaste que iba a estar determinado por el corte de sus vías de comunicación, por el aislamiento de todas las unidades militares enemigas, por su falta de abastecimiento, etc., presentando un frente enorme de lucha a nivel nacional que el somocismo no pudiera atender.

Así se dio. ¿Qué pasó? Nosotros hacemos el plan insurreccional en ese momento. Fundamentalmente para las ciudades se previó que una vez entrada la columna del Frente Sur, Benjamín Zeledón, en el combate de El Naranjo, tenía que lanzarse pocos días después la insurrección en el Frente Occidental Rigoberto López Pérez y que una vez lanzada la insurrección allí esto iba a crear una situación difícil a la Guardia: golpes en el Norte importantes, golpes en Occidente y golpes en el Sur. Días después de los combates de El Naranjo debían proceder a combatir las fuerzas nuestras en Masaya, Granada y Carazo, para cortarles las vías de comunicación a las fuerzas que tenía Somoza en el Frente Sur, como así fue. Y una vez que estuvieran luchando estos frentes, lanzar la insurrección en Managua.

M.H.- Te interrumpo, ¿fue en El Naranjo donde los sandinistas sufrieron una derrota y tuvieron que retirarse a su retaguardia?

H.O.- No, en El Naranjo no sufrimos ninguna derrota. Allí lo que se dio fue una maniobra militar, o sea que se abandonan las colinas de El Naranjo y a los pocos días se toman Peñas Blancas y Sapoá, que son las principales bases militares que tiene la Guardia en el Frente Sur. Se logra sacar al comandante Bravo de Sapoá y luego se produce en esa zona, hasta el final de la guerra, una guerra de posiciones.

Plutarco Hernández miembro de la Dirección Nacional del FSLN, Israel Lewites y el comandante Humberto Ortega

M.H.- Volviendo ahora a la pregunta acerca del equilibrio militar de fuerza y al problema de las armas: ¿cuál era el plan inicial de ustedes?

H.O.- Nosotros contábamos con arrebatarle las armas al enemigo.

M.H.- Pero eso no se produjo.

H.O.- Se produjo en parte… En la práctica ocurrió lo siguiente. Se logra desatar la ofensiva de la vanguardia y se logra ir coordinando con los demás frentes, a partir de El Naranjo. Se logra llamar a la huelga que es total y en esa huelga jugó un papel decisivo Radio Sandino. Sin esa radio hubiera sido difícil mantener la huelga. Se logra también la sublevación de las masas. Se dan, por lo tanto, los tres factores de los que habíamos hablado. Entonces, cuando Somoza empieza a empantanarse y no puede destruir nuestras fuerzas, su derrota era ya cuestión de tiempo, de más o menos días, La definición de la situación estratégica ya estaba dada. El enemigo ya estaba perdido estratégicamente, sólo se estaba defendiendo, pero nosotros tampoco podíamos triunfar y es por el elemento técnico. Fue el elemento técnico militar el que permitió acercar la definición de una guerra que ya estaba perdida por el enemigo. Podía ganar algunas batallas, pero no la guerra. Ya no podía Somoza salir de ese hoyo. Ahora, si no hubiera habido ese armamento la guerra quizás se habría mantenido un mayor tiempo, con un mayor costo social, con mayor sangre y con mayor destrucción del país. Nosotros íbamos a vencer con menos armas, pero con más destrucción.

Porque llegaron armas, pero estas armas no llegaron a todos lados y en los lugares donde llegaron se pudo vencer a la Guardia con la destrucción, con la quema de manzanas enteras, para poder rodear al cuartel con llamas. Donde había un cuartel y no había suficientes armas nosotros sacábamos a la gente que aún Quedaba en las casas prácticamente destruidas por los bombardeos y el fuego de los morteros del enemigo y procedíamos a ocupar dichas casas aledañas al cuartel para acercar nuestras fuerzas al mismo y dominarlo. Se prendía fuego a las casas ya destruidas para obligar al enemigo a salir de su cuartel rodeado.

Las pocas armas de que disponíamos las colocábamos a la salida, en los puntos claves, y se les combatían con bombas de contacto. O sea, eran miles de manos del pueblo con machetes, con picos y palas, con garrotes, con bombas caseras. Ese fue el armamento y demostró que podía destruir como iba destruyendo, al enemigo, pero eso iba a hacer más larga la guerra. Sólo el elemento técnico militar podía acortar la definición final, que ya estaba dada.

Ya Somoza no podía tener granos, ya no podía tener gasolina, ya no podía moverse por ninguna carretera, ya no controlaba el país, ya la economía estaba destruida, ya todo estaba paralizado. Ya Somoza no podía gobernar y no podía aguantar más así. A ello hay que agregar la presión internacional. En algún momento Somoza tenía que salir catapultado.

M.H.- Pero, dime: ¿ese tiempo no podía jugar también contra el movimiento de masas, agotándolo?

H.O.- No, ya a esa hora no se agotaba, porque aunque no hubiera armamento suficiente ya se le iba quitando al enemigo y se le iba derrotando. Claro que el elemento técnico-militar, el armamento que se recibe juega un papel bastante decisivo para apresurar la victoria y para decidir, en algunos puntos, algunas batallas que sin ese armamento se hubieran perdido. No sabemos si estas batallas perdidas hubieran influido en el ánimo de las masas y en la situación militar del resto de los lugares y hubiéramos perdido la guerra, y en ese sentido podemos decir que jugó un papel estratégico y que es necesario tener un mínimo de reservas de elementos bélicos técnicos -tipo bazucas, explosivos y armamentos de poder de fuego- más que grandes cantidades, ya que éstas nunca van a suplir las necesidades del pueblo. Lo importante es tener la voluntad del pueblo de volcarse a la calle y luchar con lo que tenga.

Resumiendo, se logró conjugar esos tres factores: huelga, sublevación y ofensiva militar; y antes que eso se logró la unidad del sandinismo, sin lo cual habría sido difícil sostener estos tres factores conjugados y coordinados. Además, se contó con una buenísima red de retaguardia, que permitió contar con el elemento técnico decisivo a última hora para decidir la guerra rápidamente. Y se contó con medios de comunicación que fueron vitales también: medios de comunicación inalámbrica para coordinar un frente con otro y 1a radio. Sin esos medios de comunicación tampoco habría habido triunfo, porque no se hubiera podido coordinar la guerra política ni militarmente. Se logró contar con Radio Sandino que fue el principal elemento agitativo para la insurrección y para la huelga. Otro elemento fue, también, que se logró aislar al somocismo, formar una unidad nacional antisomocista y neutralizar a las corrientes reaccionarias de intervención.

Sin esos elementos, sin unidad monolítica del sandinismo, sin una estrategia insurreccional apoyada en las masas, sin una debida coordinación entre los frentes guerrilleros y los frentes militares de las ciudades, sin una comunicación inalámbrica eficaz para orientar al movimiento de masas, sin recursos técnico-militares de contundencia, sin una retaguardia sólida para introducir estos recursos, para preparar a los hombres, para entrenarlos, sin actividad de preparación previa, de triunfos y reveses, como se dio en Nicaragua a partir de octubre, en donde las masas fueron sometidas a la más bárbara represión, pero a la vez a la más grande escuela de aprendizaje, sin una política de alianzas hábil, inteligente y madura, tanto a nivel nacional como internacional, no habría habido triunfo revolucionario. Y el triunfo fue la culminación de todos esos factores.

Parece sencillo decir esto, pero lo que nos costó a nosotros conjugarlo… Nos costó un octubre, nos costó un febrero, nos costó un Palacio, nos costó una insurrección de setiembre, nos costó todos los combates después de setiembre, de El Jícaro, de Estelí, de Nueva Guinea. Nos costó todos los esfuerzos que se dieron en la zona de la columna Pablo Úbeda en la montaña, en la zona de la Costa Atlántica. Todo eso nos costó para lograr el triunfo.

Comandantes Carlos Núñez, Víctor Tirado, Henry Ruiz y Humberto Ortega

M.H.- Y la existencia de esa retaguardia -que estuvo ausente en muchos movimientos guerrilleros latinoamericanos- ¿desde cuándo ustedes la implementaron?

H.O.- Nosotros, la tuvimos siempre. Ya tenía una experiencia directa de eso desde muchos años atrás. Nuestro país no es una isla como Cuba, tiene necesariamente que apoyarse en los países vecinos y el movimiento revolucionario se apoyó desde el inicio en los movimientos vecinos. El mismo Sandino fue por México, fue por Honduras… muchos hondureños se unieron a la lucha de Sandino, costarricenses… entonces nosotros nos apoyamos en Honduras y Costa Rica para satisfacer necesidades de retaguardia que era difícil satisfacer en el propio Nicaragua.

Nosotros operábamos clandestinamente en Costa Rica y operábamos clandestinamente en Honduras. Y para establecer la retaguardia a niveles superiores fue necesario, paralelo a la actividad de conseguir recursos, a la preparación de escuelas clandestinas, implementar una labor de solidaridad con la causa nuestra de los principales sectores políticos progresistas organizados de cada país, sin sectarismo y no sólo con los sectores de izquierda porque si hubiera sido así nos habríamos aislado. “A NOSOTROS NO NOS DIERON UNA RETAGUARDIA, NOS GANAMOS EL DERECHO A TENERLA”.

Las alianzas, a las que nosotros llegamos a través de nuestro trabajo, fueron vitales para conseguir los elementos de alto nivel técnico.

M.H.- ¿Cómo lograron ustedes poner en práctica una amplia política de alianzas siendo un movimiento armado? Pareciera que es más fácil implementar una política de ese tipo siendo un movimiento de tipo electoral…

H.O.- Nosotros logramos esa amplia política porque nos hicimos respetar y eso otros movimientos no lo logran, porque los ven como un juego, porque no los respetan. Nosotros nos ganamos el derecho a realizar alianzas, impusimos nuestro derecho. Si nos hubieran visto como un gato no se habrían acercada, pero nos vieron como una fuerza y entonces tuvieron que aliarse con nosotros. Y se aliaron con nosotros por la programática política que planteábamos, aún siendo un movimiento armado y teniendo una dirección revolucionaria.

Las corrientes progresistas se daban cuenta de que éramos un movimiento revolucionario y que no estábamos totalmente de acuerdo con su ideología, pero veían que teníamos una programática política que le interesaba en parte a ellos y veían que teníamos fuerza militar. Esos tres elementos permitieron que llegáramos a una política de alianza de hechos y no de acuerdos. Nosotros no sostuvimos ningún acuerdo. Simplemente se expusieron las reglas del juego y se actuó en base a ellas, se implementaban de hecho. Así fuimos logrando ganar terreno político.

M.H.- ¿Puedes decirnos qué papel desempeñó la correlación internacional de fuerzas en la victoria?

H.O.- Es fundamental tomar en cuenta la correlación internacional de fuerzas, la situación internacional, la situación de las distintas fuerzas del área, las contradicciones de los países desarrollados de occidente, etc.

Hubiese sido muy difícil alcanzar el triunfo contando sólo con el desarrollo interno logrado. Una vez que lo alcanzamos nos dimos cuenta que había que engarzarlo a la fuerza que había en el exterior. Y para lograrlo había que aplicar una política madura hábil, dando a conocer los planteamientos programáticos revolucionarios, democráticos, patrióticos, de la reconstrucción nacional. Esto fue lo que nos permitió contar con el apoyo de todas las fuerzas maduras del mundo, de las fuerzas revolucionarias, de las fuerzas progresistas…

M.H.- ¿Fuerzas maduras? ¿En quiénes está pensando?

H.O.- Me refiero a las fuerzas burguesas que van madurando un fenómeno y no se precipitan con obras aventureras como las de la CÍA, las de los reaccionarios retrógrados. Hay fuerzas maduras en el mundo que una vez que conocen la calidad, la fuerza de un movimiento revolucionario, incluso teniendo contradicciones con él, lo llegan a respetar. Se puede llegar de hecho a determinadas alianzas, determinadas coincidencias políticas, qué van sumando en la correlación de fuerzas que se requiere para dar el salto definitivo. Es importante para lograr esto que programáticamente se planteen soluciones a los problemas reales del país, soluciones que todo el mundo vea como correctas.

Lo que nosotros hacíamos era transmitir los problemas objetivos: Nicaragua necesita una reconstrucción por este y este fenómeno: Necesita una unidad nacional por esto, esto y esto.

Por otra parte, era importante ganarse apoyo de todos, no sólo de los sectores de izquierda. El Frente Sandinista se preocupó de montar una infraestructura de solidaridad en cada país buscando, en primer lugar, el apoyo de los que más nos entendían.

Ahora, pasar de la actitud de simpatía hacia un apoyo material ya es un salto. ¿Quiénes van a dar ese apoyo material? Quienes lo quieran, sin ningún compromiso político, sin deponer los principios.

Lograr ese gran apoyo fue la maestría de los sandinistas. Nosotros buscábamos ganar el máximo de fuerza externa para obstruir cualquier maniobra intervencionista extranjera. Y para ello logramos ganar para nuestra causa incluso a sectores del propio Estados Unidos.

M.H.- Dime, y respecto al movimiento sandinista ¿qué significó para el proceso la existencia de tres tendencias y luego su reunificación?

H.O.- Nosotros decíamos que la unidad del sandinismo fue decisiva para el triunfo. Ahora, para entender el proceso de reintegración habría que historiar un poquito.
Lo que hubo en Nicaragua, más que una división profunda del FSLN, fue una especie de fraccionamiento de la vanguardia en tres partes producto de nuestra inmadurez en aquel momento…

M.H.- ¿En qué año?

H.O.- Se comienza a dar en 1976-77.

M.H.- ¿Qué la motiva?

H.O.- A eso voy. Más que cuestiones de carácter ideológico, programático, lo que se dio fue la preocupación de todos sus dirigentes por dar respuesta a los problemas del movimiento revolucionario y tratar de estructurar el trabajo revolucionario en función de esas tareas.

Firma de la unidad del FSLN en marzo de 1979

M.H.- No entiendo mucho lo que quiere decir…

H.O.- Las formas que teníamos a nivel de dirección para tratar los problemas eran muy artesanales. En la práctica casi no se daba una conducción colegial. Debido a la represión, debido a que nos manteníamos mucho tiempo sin vernos, al faltar una línea común, un compromiso político materializado en un estatuto, cada quien organizaba de hecho su trabajo a su manera. Y empezaban los choques. La división no nace de una profunda discusión ideológica y política, aunque de hecho existían este tipo de problemas. Si hubiera existido un marco de organización menos artesanal quizás hubiésemos podido resolver las contradicciones, que son propias al desarrollo de todo movimiento, de manera positiva, atendiendo a la crítica, unidad y crítica. La no existencia de este marco de discusión adecuado sumado a nuestra inmadurez como hombre, como revolucionarios, y a la situación represiva llevó a que nos fuéramos separando, fraccionando en la práctica en las tres tendencias que se conocen.

El fraccionamiento surge del propio desarrollo del sandinismo, y, además, en un momento -cuando caen en combate Oscar Turcios y Ricardo Morales, ambos miembros de la Dirección Nacional- en que el propio desarrollo de la organización exigía que diésemos un salto cualitativo en nuestra forma de organización y conducción que permitiesen formas superiores de organización de la vanguardia para poder dirigir mejor la lucha de las masas, para enrumbar de una manera más segura la lucha armada en Nicaragua. Nosotros tuvimos conciencia de esa necesidad, pero no pudimos implementar ese salto que debía recoger la experiencia de los compañeros más viejos, más veteranos en cuanto al trabajo partidario, al trabajo con las masas, a su experiencia militar, a su experiencia en el tratamiento de las fuerzas políticas en el ámbito nacional e internacional, y conjugaría con el impulso de los jóvenes que comenzaban a integrarse ya en ese momento de manera más importante.

Había que conjugar lo viejo con lo nuevo y en la práctica hubo choques en ese sentido. Los compañeros más viejos comenzaron a desconfiar de los compañeros más nuevos que comenzaban a proyectarse como responsables de distintas tareas, y los más nuevos que no conocían cómo habían sido de difíciles las luchas de los años anteriores- subestimaban a los compañeros más veteranos porque, indiscutiblemente, los más veteranos arrastraban todavía formas artesanales de trabajo que ellos pensaban debían ser superadas.

M.H.- ¿Tú te sitúas entre los más veteranos?

H.O.- Yo creo que sí, ¿no? Nosotros estamos entre la gente que comenzó años atrás.

M.H.- ¿Y a qué se debe que aparezca como una especie de división del trabajo entre las tendencias? Por ejemplo, que la tendencia proletaria haya trabajado principalmente en las organizaciones de masas urbanas y la tendencia de la guerra popular prolongada en las guerrillas de las montañas?

H.O.- Es necesario aclarar que esa división del trabajo de la que tú hablas no es producto del fraccionamiento en tendencias, sino que existe antes de que se divida el Frente.

Te explico…
En la cabeza de los dirigentes de las tres tendencias estaban presentes los problemas globales de la revolución. Lo que quiero decir es que cuando se da este fraccionamiento, los compañeros que trabajaban en las distintas estructuras, a las que habían sido asignados por el FSLN, al no lograr encontrar solución a los problemas que iban surgiendo, por las dificultades y debilidades ya señaladas, comienzan, en base al trabajo que ellos dominan, a estructuras ahí y a buscar cómo darle respuesta a los problemas de la revolución a partir de las estructuras en las que ellos descansan. Hay que recordar que se trabajaba en medio de la más brutal represión, no se podía abarcar todo un trabajo nacional, cada cual sigue desarrollando el trabajo que la propia realidad le imponía. De esta manera, los compañeros que trabajaban en las zonas montañosas siguieron desarrollando su línea de trabajo, la que les imponía las condiciones de ese momento; los que trabajaban en estructuras ligadas más directamente a algunos sectores productivos, estudiantiles y en la divulgación de la teoría revolucionaria científica continuaron desarrollándose predominantemente por esa línea; y los que mantuvieron un trabajo predominante militar buscando la insurrección, siguieron a su vez trabajando por ese camino.

En la práctica, los tres esfuerzos de las tres estructuras por separado impulsaban una sola lucha, elaboraban una sola concepción, estructuraban una sola estrategia para el triunfo.

Esto explica por qué ninguna de las tres tendencias pensó estructurar un nuevo Frente Sandinista…

M.H.- Por lo tanto no hubo tres secretarios generales…

H.O.- No, por supuesto. Y esto explica también por qué al rehacerse la unidad del movimiento presentaban todo un cuadro de complementación del trabajo.

M.H.- Es decir, que esa especie de división del trabajo existía antes de la ruptura…

H.O.- Sí, así era. Las diferentes áreas de trabajo habían sido orientadas así por el movimiento. Ahora, el hecho de que todos proviniéramos de un tronco común nos ayudó muchísimo. Hizo que respetáramos mutuamente el trabajo de las otras tendencias. Por ejemplo, la tendencia insurreccional no luchó por crear otro frente estudiantil revolucionario, dejó que esa organización que, jugó un papel tan importante en Nicaragua, siguiera siendo controlada por las otras tendencias. Tampoco se intervino en el trabajo que realizaban los compañeros “proletarios” en algunos centros productivos. Y esto fue recíproco por parte de ellos. Ellos no pretendieron montar otro Frente Norte u otro Frente Sur, que era el trabajo militar más grande que realizaban los “insurreccionales”. Por el contrario, ellos se coordinaron y complementaron ese trabajo.

Comandante Humberto Ortega en jeep entrando a «Plaza de la República» en julio de 1979

M.H.- Además, ninguna de las tendencias, sin el apoyo del trabajo concreto de las otras, hubiera podido triunfar …

H.O.- Correcto. Lo que ocurrió es que cada quien quería hegemonizar el proceso, quería ver quién sobresalía más en esa lucha. Pero eso se fue superando en la lucha misma y cada quien fue viendo la importancia que tenía cada quien en ese trabajo. Así se logra llegar a los acuerdos de unidad que se empiezan a gestar a finales del 78 y se concretan en marzo de 1979 en base a una sola concepción y no en base a que cada uno cediera en los principios por los otros. Todo el sandinismo se pone de acuerdo en una concepción que afirma el carácter insurreccional de la lucha, la necesidad de una política de alianzas flexibles, la necesidad de una programática amplia, etc. Ese asidero programático, político, ideológico nos permite rápidamente ir coordinando cada vez mejor nuestras estructuras de trabajo hasta lograr dar un salto en nuestra reintegración. Por eso yo pienso que lo que nosotros hicimos fue, más que unirnos, reintegrarnos. Las tres tendencias tenían un enorme deseo de ser nuevamente un solo FSLN y la prueba es que tú ves ahora con qué entusiasmo, con qué amor, con qué celo se cuida esta unidad que se logró y que estamos convencidos es irreversible. Y así como la unidad de los sandinistas fue vital para el triunfo, así también la unidad de toda la Izquierda alrededor del sandinismo y la unidad de todo el pueblo en torno a esa izquierda y el sandinismo es vital para consolidar el proceso y llegar a realizar nuestro proyecto histórico.

M.H.- Entendemos que en Nicaragua la mujer desempeñó un papel muy importante en la lucha armada, que en las ciudades peleaba codo con codo con el hombre, que en las columnas guerrilleras llegó a representar el 25 por ciento del contingente, que hubo varias comandantes mujeres, ¿Cómo evalúas este hecho?, ¿Es algo nuevo o existe una tradición anterior de participación de la mujer en este sentido?

H.O.- Podríamos decir que el Frente Sandinista recogió las tradiciones históricas de participación de la mujer en los acontecimientos de lucha, no solamente de la época de Sandino sino del siglo pasado y de un poco más atrás. Ya tú conoces la participación de la mujer en la lucha de Sandino, de su propia compañera, de compañeras internacionalistas como las hermanas Lía Toro. El caso de las mujeres que fueron sacrificadas, despedazadas por los yankees en 1912. Ahí también hubo una mujer salvadoreña que se llamaba Lucía Matamoros que fue descuartizada por luchar contra la intervención de ese tiempo. Están también el caso de la compañera Concepción Alday, esposa de un guerrillero liberal, el primero que se enfrenta a los yankees en Chinandega, que fue muerta en 1926.

El FSLN heredó y desarrolló esta participación. Pero es importante señalar que el sandinismo no sólo desarrolló la participación de ‘la mujer en su vanguardia, sino que logró la participación de la mujer en todo el pueblo, y no sólo en tareas de apoyo a tareas fundamentales sino su participación activa en tareas fundamentales estratégicas. Este es el caso de la comandante guerrillera Dora Téllez, más conocida como comandante 2, de la comandante guerrillera Mónica Baltodano y de otras comandantes guerrilleras como el caso de Leticia Herrera. Estas tres compañeras jugaron un papel muy importante no solamente como apoyo a la lucha revolucionaria sino como conductores de ella en sus aspectos políticos y militares, y ya en la insurrección como conductores de frentes de guerra, como el caso de Dora Téllez, comandante 2, (Claudia) que fue responsable de lo que se llamó el Frente Occidental Rigoberto López Pérez que fue uno de los frentes más importantes de la guerra.

El Sandinismo no le cerró las puertas a la mujer partiendo de criterios machistas atrasados de subestimación de la mujer. Por último hay que destacar que la participación de la mujer en la insurrección fue importantísima, incluso hubo columnas en que todo el mando era de mujeres, mujeres que mandaban sobre centenares de hombres sin problemas.

M.H.- Antes de terminar esta entrevista ¿quisieras señalar algo más?

H.O.- Bueno, antes que nada, quisiera darte las gracias por la oportunidad que me has brindado de referirme a estos temas fundamentales para la comprensión de nuestro proceso revolucionario. Quisiera haber podido meditar más en las respuestas, pero las tareas diarias que enfrentamos me lo han impedido. Por esto, lo que aquí digo no debe ser considerado como la última palabra, como lo más acabado, como lo más maduro. Sólo son algunas apreciaciones particulares más que espero sirvan para madurar mejor la verdad de nuestro proceso histórico, de nuestra valiente y hermosa lucha revolucionaria.

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