Espiral de la Historia

Entrevista histórica de Marta Harnecker a Humberto Ortega

Humberto Ortega, Comandante de la Revolución Sandinista y General (R) del Ejército de Nicaragua / Cortesía

La Mesa Redonda ha abierto en su sitio web la sección llamada “Espiral de la historia”, en la cual compartimos material histórico sobre los acontecimientos que marcaron a Nicaragua en el ámbito social, político y económico. En esta oportunidad publicamos una entrevista que, la destacada socióloga chilena Marta Harnecker hiciera al General (R) Humberto Ortega Saavedra en julio de 1979, hace 41 años.

En esta primera parte de la entrevista al General (R) Ortega explica los aciertos y desaciertos que tuvo el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en su llamada “vanguardia revolucionaria”, que culminó con el derrocamiento de la dictadura de Anastasio Somoza Debayle en julio de 1979.

Introducción

«Sin la unidad monolítica del sandinismo: sin una estrategia insurreccional apoyada en las masas; sin una debida coordinación entre los frentes guerrilleros y los frentes militares de las ciudades; sin una comunicación inalámbrica eficaz para coordinar todos los frentes; sin una radio para orientar al movimiento de masas; sin recursos técnico-militares de contundencia; sin una retaguardia sólida para introducir estos recursos, para preparar a los hombres, para entrenarlos; sin actividad previa de triunfos y reveses, como se dio a partir de octubre de 1977 en Nicaragua, en donde las masas fueron sometidas a la más bárbara represión pero, a la vez, a la más grande escuela de aprendizaje; sin una política de alianzas hábil, inteligente y madura, no habría habido triunfo revolucionario».

Esta breve síntesis de las condiciones que permitieron la victoria popular en Nicaragua fluye de manera vivaz, rápida y segura de boca de uno de los más destacados comandantes sandinistas: Humberto Ortega. Ella es enunciada después de una larga conversación en la que, motivado por las preguntas de la periodista, va realizando un balance crítico de los principales momentos de la lucha armada desarrollada por el FSLN y el pueblo nicaragüense a partir de la ofensiva de octubre de 1977. La entrevista tiene por objetivo dar a conocer la experiencia político-militar que conduce al triunfo revolucionario en ese país centroamericano a través del prisma de uno de sus más lúcidos protagonistas. Esta no es sino una forma de salirle al paso, a tiempo, a las incorrectas interpretaciones que a menudo se hacen desde fuera, bien o mal intencionadamente, de los procesos revolucionarios. ¿Acaso no ha ocurrido así, por ejemplo, con la Revolución Cubana? Pero antes de pasar a desarrollar los problemas de fondo de esta entrevista, hagamos una breve síntesis de la trayectoria política de nuestro interlocutor.

Veterano luchador antisomocista a pesar de tener sólo 33 años, Humberto Ortega fue el principal estratega de la ofensiva armada insurreccional que derrocó al tirano en julio de 1979. Trece años antes, con una pistola, una bomba molotov y unas cuantas tachuelas, él y un grupo de camaradas habían pretendido infructuosamente aniquilarlo físicamente. Tres años después, en 1969, es herido y hecho prisionero, quedando inhabilitado parcialmente en el uso de su mano izquierda y totalmente de su mano derecha, al fracasar un operativo organizado por el FSLN para liberar a Carlos Fonseca, máximo dirigente sandinista preso en Costa Rica. Poco dura, sin embargo su cautiverio ya que el 10 de octubre de 1970 logra la libertad gracias a la acción de otro comando del Frente dirigido, esta vez por Carlos Agüero, que secuestra un avión costarricense con 4 funcionarios yanquis de la United Fruit y los canjea por los dirigentes sandinistas presos. Producto de esta operación es que viaja por primera vez a Cuba. Hijo de una familia modesta pero revolucionaria a carta cabal, nace en Juigalpa, Chontales en 1947. Sus padres conocen la prisión producto de sus actividades antidictatoriales.

Su hermano menor, Camilo, muere esforzándose por dar conducción a la espontánea insurrección de los indios de Monimbó en febrero de 1978. Su hermano mayor, Daniel, hoy miembro de la Dirección Nacional del Frente Sandinista, pasa 7 años en las cárceles de Somoza, siendo igualmente liberado por una acción del FSLN en 1974. Desde muy joven Humberto se transforma en un decidido activista del movimiento estudiantil antisomocista y antiimperialista y ya en esa época empieza a prepararse físicamente para la lucha armada. En 1965-66 se integra en forma orgánica al Frente Sandinista del cual llega a ser en 1972 uno de sus máximos dirigentes. Al producirse el fraccionamiento en tres tendencias, en 1976, pasaba encabezara tendencia insurreccional o «tercerista». Luego al darse la reunificación, en marzo de 1979, forma parte de la Dirección Nacional Conjunta. Y pocos meses después del triunfo revolucionario, en octubre, es nombrado Comandante en Jefe del Ejército Popular Sandinista. Tenacidad, firmeza, pero sobre todo, audacia revolucionaria encontrará el lector a lo largo de estas páginas.

Entrevista histórica de Marta Harnecker a Humberto Ortega (Parte I)

M.H.- La lucha armada del pueblo nicaragüense por su liberación ha sido una lucha larga. Conozco tu libro «50 años de lucha sandinista» donde desarrollas sus grandes hitos hasta 1975. Hace dos años atrás parecía, sin embargo, imposible una victoria tan cercana. ¿Qué determinó el gran salto adelante dado por el proceso revolucionario que culminó con el derrocamiento de Somoza y el somocismo?

H.O. Bueno, antes de contestar directamente a tu pregunta quisiera hacer una brevísima síntesis de lo que expongo en el libro que tú mencionas, aunque es muy difícil hacer esto sin caer en simplificaciones y omisiones. El movimiento revolucionario que se integra en nuestro país en los años 30 con la lucha de Sandino…

M.H.- Que se integra o que se inicia.

H.O.- Bueno, nosotros decimos que se integra porque resume todos los esfuerzos anteriores de la lucha revolucionaria en Nicaragua, y, además, porque Sandino logra recoger las ideas más revolucionarias de su época y logra integrarlas en el proceso histórico nuestro. El indudablemente lo inicia y en su desarrollo va integrando una serie de factores políticos, ideológicos de carácter antiimperialista e internacionalista, de experiencia militar. Es en ese sentido que nosotros hablamos de integración. O sea, que los 7 años de lucha de Sandino contra los yanquis nos llegan una serie de elementos históricos, programáticos, de criterio revolucionarios, que nosotros recogemos.

Es necesario recordar que, incluyendo las luchas de Sandino, se han dado ya en ese momento en Nicaragua cerca de 33 movimientos armados contra el imperialismo y contra la oligarquía, encabezados por las corrientes liberales que representaban a los sectores revolucionarios de aquella época.
La. lucha desarrollada por Sandino sufre un duro revés con su muerte y la de los demás miembros de su Estado Mayor. Pero, a pesar de ello, siempre se siguieron dando en el pueblo, de una u otra forma, respuestas a la opresión. Respuestas pobres, limitadas, dispersas, pero que se iban acrecentando poco a poco.

El ascenso mayor de esas luchas se produce en los años 50. Es en esa década cuando Anastasio Somoza García, fundador de la tiranía, es ajusticiado por Rigoberto López Pérez. Acción individual, pero que no fue un simple tiranicidio, sino que será como su autor lo expresó “el principio del fin de la tiranía”.
Luego en el 58, cuando Fidel está en la Sierra, se inicia un movimiento armado encabezado por Ramón Raudales y al año siguiente la guerrilla encabezada por Carlos Fonseca. Desde 1958 hasta 1961 se dan cerca de 19 movimientos armados que buscan cómo enfrentarse a la dictadura.

Comandante Humberto Ortega junto al Comandante Carlos Fonseca Amador, fundador del FSLN

El triunfo de la Revolución Cubana produjo una gran reactivación política. Impacto profundamente a nuestro pueblo que vio, en la práctica, cómo se podía derrocar a un tirano.

Esta fase de 1959 a 1960 representa la forja de condiciones para la creación de una vanguardia revolucionaria, capaz de ponerse al frente de la guerra revolucionaria y popular en la misma forma y con la misma certeza que Sandino.

En 1961, de la conjugación de varios grupos armados, surge al Frente Sandinista, como una alternativa distinta a las fuerzas que en ese momento lideraban la lucha contra Somoza, las llamadas paralelas históricas o fuerzas libero-conservadoras.

El Frente Sandinista presenta una alternativa nueva para esa coyuntura, pero reconociendo los legados dejados por el movimiento revolucionario iniciado por Sandino.

Después de su fundación transcurre un largo trecho durante el cual, además de la experiencia orgánica y militar muy importante para el futuro del movimiento, el FSLN acumula fundamentalmente autoridad moral, abnegación, ejemplo, tenacidad, para poder llegar con ello a las masas y poder organizarías, para que las masas tengan confianza en su vanguardia. Durante ese período la represión somocista se orienta especialmente contra las guerrillas.

La acción más importante que hace el Frente para darse a conocer al mundo tiene lugar el 27 de diciembre de 1974, cuando se secuestra una casa llena de somocistas, se logra un millón de dólares, se dan a conocer, por primera vez, por cadena de radio y televisión los planteamientos revolucionarios sandinistas y se rescata a los presos políticos.

El objetivo que busca esta acción que aparece como un tanto aislada no se logra: fortalecer las guerrillas de la montaña. Somoza desata una campaña represiva tremenda en las ciudades, en el campo y en las montañas, donde el movimiento estaba tratando de montar las guerrillas que se encontraban en una fase de contactación, de estructuración de las columnas armadas. Desde 1974 a 1977 hubo miles de muertos, miles de desaparecidos.

Aquella represión y nuestras debilidades no permitieron que las guerrillas tomaran la ofensiva militar. No fuimos capaces de organizar todo el caudal político y agitativo que esa acción produjo. Esto permitió que el enemigo nos quitara la iniciativa: montó una campaña de censura de prensa, el estado de sitio, la ley marcial y los tribunales militares.

Esta situación de cierto estancamiento se interrumpe en octubre de 1977 con la ofensiva sandinista que se inicia con la toma del cuartel de la Guardia Nacional en San Carlos, cerca de la frontera con Costa Rica, el día 13. Y continúa con el asalto y toma del poblado de Mozonte, a 5 kilómetros de Ocotal, departamento de Nueva Segovia, el día 15, donde los guerrilleros realizan un mitin en la plaza pública antes de retirarse. Dos días más tarde es atacado el cuartel principal de Masaya, a escasos 20 kilómetros de la capital al mismo tiempo se da una importante emboscada al enemigo en movimiento. Cuatro compañeros logran mantener durante más de 4 horas a todas las fuerzas enemigas que venían desde Managua rumbo a Masaya. El día 25, tres escuadras de una columna del FSLN se apoderan del poblado de San Fernando, los efectivos del cuartel se rinden.

Estos hechos comienzan a marcar un salto cualitativo político-militar. Desde entonces se inicia una práctica flexible en el manejo de la política de alianzas. Ahí surge el Grupo de los 12.

Creación del Grupo de los 12, octubre de 1977

M.H.- ¿Pero, qué es lo que permite ese octubre de 1977?

H.O.- Octubre de 1977 ocurre gracias a una modalidad de carácter ofensivo que se da a la lucha armada en un momento en que la crisis del somocismo es muy aguda.

Después del terremoto en 1972 la situación del somocismo se agudiza. La corrupción burocrático-militar se profundiza. Y si bien esta corrupción administrativa afecta fundamentalmente a las masas, también alcanza a afectar incluso a sectores de la burguesía pequeña y media, ampliando la base social opositora a la dictadura.

Por otra parte, sectores empresariales empiezan a perder confianza en la capacidad de la dictadura para asegurar condiciones adecuadas para el desarrollo del país. Existe así una creciente resistencia interna de todos los sectores del pueblo. A todo esto se agrega el cada vez mayor cuestionamiento internacional del régimen por su política represiva. Mientras Somoza perdía cada vez más autoridad política y moral nosotros la ganábamos, a pesar de las duras condiciones en que nuestros tenaces guerrilleros en las montañas del Norte, en la columna Pablo Úbeda, llevaban adelante su lucha para contrarrestar la iniciativa militar que, desde finales de 1975, el somocismo les había logrado en la práctica.

Este tenaz esfuerzo, más la actividad diaria de hormiga, que nuestros militantes realizaban en el resto del país, permitió que nuestro movimiento lejos de ser aniquilado se mantuviera presente aún en esas difíciles condiciones. Si esto no se hubiese logrado, la acumulación política y moral no se hubiera podido revertir transformándose posteriormente en una fuerza masiva, en una fuerza militar, como ocurrió.

La acentuada crisis económica y la creciente resistencia popular desencadenaron una crisis política en el país. Sectores empresariales que hasta entonces adecuaban sus intereses a las condiciones impuestas por la dictadura, pasan a una actividad francamente opositora. Un grupo de militantes del Partido Conservador bajo el liderazgo del director de La Prensa, Pedro Joaquín Chamorro, se integra a la coalición opositora Unión Democrática de Liberación, organización antisomocista hegemonizada por sectores inconformes de la burguesía. La UDEL exige la vigencia de las libertades políticas y sindicales, el levantamiento de la censura de prensa y del estado de sitio, el cese de la represión, la amnistía y el indulto general para los presos y exiliados políticos.

A mediados de 1977 se registra un gran ajetreo político entre la oposición burguesa alentado por el giro dado a la política exterior norteamericana por la nueva administración Cárter.

El imperialismo y la reacción buscan fórmulas de recambio del somocismo sin cuestionar sus resortes de poder fundamentales: el inmenso poder económico y el poder represivo de la Guardia Nacional.

Este contexto político obliga a Somoza a realizar intentos por mejorar su imagen. El 19 de septiembre se levanta el estado de sitio y la ley marcial y el dictador convoca a participar en elecciones municipales.

Es importante tener en cuenta que estos esfuerzos de democratización o de remozamiento se dan en 1977. cuando la reacción y el imperialismo están convencidos de que han logrado aniquilar o al menos reducir a su mínima expresión al Frente Sandinista.

Desde 1975 hasta 1977 ellos habían jugado todas sus cartas para aplastarnos militarmente. Para ello devastaron grandes zonas del campo, reprimieron en las ciudades. montaron tribunales militares. Casi todos los dirigentes nuestros: Carlos Fonseca, Eduardo Contreras. Carlos Agüero. Edgar Munguía. Filemón Rivero. habían muerto. La respuesta militar del FSLN era aún muy difícil, muy limitada.

Comandante Carlos Fonseca, Comandante Carlos Agüero y Comandante Humberto Ortega

Somoza y los yankees juraban que nos habían destruido y que. por lo tanto, no podíamos hegemonizar la crisis. Cuando ellos calculan que ya nosotros estamos bien golpeados. bien dispersos, divididos, piensan que es el momento para levantar un proyecto de democratización.

Es en ese preciso momento y para impedir estas maniobras que nosotros decidimos pasar a la ofensiva militar.

Retomamos la iniciativa que el 27 de diciembre de 1974 habíamos tomado, pero tratando de retomarla de tal manera que no la perdiéramos. No teníamos una gran organización de masas pero sí contábamos con los activistas y los elementos organizativos que iban permitiendo, poco a poco, la organización y movilización de las masas. No teníamos formas superiores de organización de la vanguardia, pero sí estábamos conscientes de que el elemento militar, en esas condiciones, nos podía permitir estar presentes en diversas coyunturas alcanzando campo político y campo organizativo para ir implementando toda una estrategia de carácter insurreccional.

M.H.- ¿Cómo se entiende que se decida una ofensiva si las condiciones del Frente Sandinista son tan precarias?

H.O.- Es cierto que teníamos condiciones precarias, que a pesar de nuestros esfuerzos no lográbamos mantener la ofensiva militar. En la práctica estábamos a la defensiva y era necesario realizar los esfuerzos para romper con esa situación, evitando caer tanto en el espíritu aventurero como en la apreciación demasiado conservadora de esa situación precaria y difícil.

Para realizar estas acciones ofensivas fue necesario que nos desprendiéramos en nuestra conducta de determinado conservadurismo que nuestro movimiento mantenía en la práctica y que lo llevaba a realizar una política de acumulación de fuerzas de manera pasiva. Y cuando hablo de pasiva me refiero a lo general, no a lo particular, porque de hecho se dieron acciones donde se logró retomar la iniciativa militar.

M.H.- ¿Podrías precisar más qué entiendes por acumular fuerzas de manera pasiva?

H.O.- Entiendo por política de acumulación de fuerzas pasiva la política de no participar en las coyunturas, de acumular en frío. Pasiva en la política de alianza. Pasiva en el sentido de pensar que se podía acumular armas, organización, recursos humanos, sin combatir al enemigo, en frío, sin hacer participar a las masas, no porque no quisiéramos hacerlo sino porque pensábamos que si sacábamos mucho las uñas nos iban a golpear y desbaratar.

Sabíamos que estábamos pasando a la ofensiva en condiciones con los recursos mínimos necesarios para esa nueva modalidad.

En mayo de 1977, nosotros ya habíamos elaborado una plataforma programática donde se enuncia una estrategia de carácter insurreccionar. Esto es a su vez la síntesis de la apreciación estratégica de carácter insurreccional que, junto con Carlos Fonseca, nosotros hacemos en 1975, la que a su vez es la culminación de los esfuerzos que en ese sentido se hacen después de la muerte de Oscar Turcios y Ricardo Morales Avilés, en septiembre de 1973, a raíz del golpe en Chile. Ya ahí empieza a darse una discusión interna dentro del sandinismo acerca de dos estrategias: la de la guerra de guerrillas teniendo como eje central la montaña, por un lado, y por otro, la de la lucha armada teniendo como eje central las masas. Esa es la primera discusión que se da, un tanto inmadura, un tanto dualista: o la montaña o la ciudad. Plantear ese tipo de dualidad no era correcto.

M.H.- ¿Quisiera preguntarte por qué relacionas a las masas con la ciudad y no con la guerrilla?

H.O.- La verdad es que siempre se pensó en las masas, pero se pensó en ellas más bien como un apoyo a la guerrilla, para que la guerrilla como tal pudiera quebrar a la Guardia Nacional, y no como se dio en la práctica: fue la guerrilla la que sirvió de apoyo a las masas para que éstas, a través de la insurrección, desbarataran al enemigo. Así pensábamos todos. Fue la práctica la que nos fue cambiando y nos hizo ver que para vencer había que activar no sólo nuestros contingentes guerrilleros sino que tenían que participar las masas activamente en esa lucha armada, porque el movimiento armado de la vanguardia nunca iba a tener el armamento necesario para quebrar a ese enemigo. Sólo en la teoría podíamos tener las armas y los recursos para quebrar a la Guardia Nacional. Nos dimos cuenta que nuestra principal fuerza estaba en ser capaces de mantener una situación de movilización total: social, económica y política, que dispersaran la capacidad técnica y militar que el enemigo sí tenía organizada.

Al estar afectada, por ejemplo, la producción, al estar afectadas las carreteras, al estar afectado el orden social en general, el enemigo no podía mover adecuadamente sus medios y recursos, los tenía que distraer en movilizaciones de masas, de barrios, en barricadas, sabotajes, etc. Eso permitía a la vanguardia, que estaba estructurando al ejército, enfrentarse mejor a las fuerzas materiales del enemigo, que eran superiores.

Volviendo a lo que te decía: la maniobra reaccionaria pretendía hacer frente a esta crisis y salir adelante. Nosotros nos dimos cuenta de esa situación, vimos que el enemigo había dado un paso adelante levantando el estado de sitio y que buscaba dar la amnistía, y si la daba nos iba a poner en una situación difícil. Por eso apresuramos los pasos de la ofensiva.

M.H.- Ofensiva que para ustedes es limitada…

H.O.- Bueno, como nosotros todavía no habíamos vivido la experiencia insurreccional pensamos que llamando de esa manera se podía movilizar a las masas para apoyar esas acciones. Pero la práctica nos demostró que todavía no estábamos preparados para llenar todas las condiciones que permitieran una respuesta masiva del pueblo, que diera un carácter típicamente insurreccional a ese esfuerzo. Tuvieron que pasar dos años para lograrlo.

Esta ofensiva se enmarcó dentro de una estrategia insurreccional pero no fue una insurrección en ese momento aunque nosotros sí llamamos a la insurrección. Estas acciones, en la práctica se limitaron a ser una propaganda para la insurrección.

M.H.- ¿Uds. sopesaron lo que podía significar el fracaso de esas acciones?

H.O. Sí, lo hicimos. Si nosotros fracasábamos en ese momento era un golpe muy duro para el sandinismo. Tenía que correrse el riesgo. Ahora nosotros sí sabíamos que no podíamos ser aniquilados porque conocíamos al enemigo. Claro, siempre se corre el riesgo, pero era peor ser aniquilados sin pasar a la ofensiva que ser aniquilados pasando a la ofensiva, porque combatiendo teníamos la oportunidad de iniciar un proceso de triunfo. No pasando a la ofensiva político-militar sólo teníamos la alternativa de ser derrotados. Ese era el problema que se nos planteaba.

M.H.- Entonces, ¿a pesar de que no lograron su objetivo insurreccional, Uds. no consideran que esas acciones de octubre hayan sido un fracaso?

H.O.- Nosotros vemos octubre como un logro histórico, porque octubre nos permite en primer lugar echar abajo la maniobra del imperialismo. Cuando el enemigo consideraba que estábamos destruidos, nosotros aparecemos con más fuerza que nunca, o sea, aparecemos golpeando como nunca antes el sandinismo había golpeado. Quedan sorprendidos cuando nosotros aparecemos haciendo acciones en las ciudades, cosa sagrada para ellos.

Por otra parte, si bien la crisis existía las masas no reaccionaban frente a ella y sólo veían que la vanguardia estaba siendo golpeada. Estas acciones reactivaron la hegemonía del sandinismo en las masas y la confianza de las masas en sus propias luchas reivindicativas y políticas. Y llevaron al somocismo a cometer graves errores siendo el principal de ellos el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro, el 10 de enero de 1978.

Este asesinato permitió que las grandes masas se volcaran a la calle por primera vez, para expresar el sentimiento sandinista que durante muchos años habían reprimido. Por lo tanto, octubre profundiza la crisis que en ese momento el imperialismo y la reacción estaban a punto de hegemonizar.

M.H.- ¿Y desde cuándo Uds. empiezan a preparar las acciones de octubre?

H.O.- Ya desde antes de mayo del 77 nosotros veníamos consiguiendo armas, produciendo los asideros políticos y estratégicos, como esa plataforma programática de la que te hablaba, buscando cómo organizamos con la gente que en ese momento coincidía con nosotros.

Nosotros respondemos con lo que teníamos acumulado ante esa coyuntura. Nosotros venimos acumulando, acumulando para una cosa superior, pero no se puede acumular fuera de las coyunturas, porque entonces nunca se acumula.

Nosotros invertimos en esa coyuntura, conscientes de que se iba a reproducir nuestro esfuerzo, porque nosotros mirábamos la crisis existente, las maniobras del enemigo, mirábamos a la defensiva, mirábamos que teníamos que responder en esos momentos. Si hubiéramos sido conservadores y hubiéramos dicho: no, acumulemos fuerzas en silencio, la coyuntura pudiera habérsenos ido y la habría agarrado el enemigo, creándose así las condiciones para golpearnos definitivamente o por lo menos durante un largo trecho, porque se habría logrado confundir al pueblo con algunas mejoras, haciendo que nuestros planteamientos fueran difíciles de entender.

Las acciones de octubre permiten echar al suelo la maniobra enemiga y hacen que o<el sandinismo ‘aparezca con fuerza. Por otra parte, desde el punto de vista militar, esas acciones no fueron totalmente un fracaso. En Masaya no se pudo tomar el cuartel pero, por ejemplo, la mayor parte de los participantes quedaron vivos. En el norte se mantienen las guerrillas desde octubre hasta mayo del 78, en lo que se llamó el Frente Norte Carlos Fonseca. En el ataque a San Carlos murieron unos cuantos compañeros, pero allí se dio un triunfo militar nuestro. No pudimos sostenerlo pero no fue como el Moncada en Cuba en 1953; nosotros tuvimos capacidad de golpeteo, de repliegue, acumulación de fuerzas y nuevo golpeteo.

Y para demostrar esto, cuatro meses después nos estábamos tomando dos ciudades y estábamos cercando por primera vez un campamento antiguerrillero en la zona de Nueva Segovia.

Si se hubiera tratado de un fracaso no se hubiera podido estar en condiciones de pasar, en pocos meses, a ese tipo de acciones. A partir de octubre nosotros fuimos en una espiral ascendente política y militar.

M.H.- ¿Y las masas en octubre…?

H.O.- En octubre no hubo respuesta de las masas en cuanto a su participación activa.

M.H.- ¿Fueron entonces acciones de una vanguardia solamente?

H.O.- Sí, de una vanguardia, que a la par de profundizar la crisis, de echar a un lado los planes de la reacción y de permitir un repunte de esta vanguardia, comenzó también a fortalecer determinada actividad de las masas que, a pesar de la represión éstas venían ya realizando a través de luchas reivindicativas, gremiales y políticas. Estas acciones, por lo tanto, logran fortalecer al movimiento de masas que después se vuelve activamente insurreccional.

M.H.- ¿Pero esta ofensiva no desencadenó la adopción por parte de la dictadura de medidas más represivas contra el pueblo?

H.O.- Sí, en su desesperación el régimen es llevado a reprimir indiscriminadamente. El somocismo reprime al movimiento revolucionario de manera brutal. La represión que venía en un plano ascendente se agudiza con estas acciones de octubre.

M.H.- Y entonces, ¿las acciones de Uds. no son juzgadas como acciones aventureras, que lo único que van a obtener es una mayor represión para el pueblo?

H.O.- Sí, algunos sectores de la izquierda que estaban dedicados a la labor de montar sindicatos, etc., dijeron que estas acciones venían a desbaratar la organización y el repunte del movimiento de masas, pero no fue así. Es cierto que la represión iba a golpear la organización abierta, legal de las masas, pero no iba a golpear su organización en condiciones realmente revolucionarias. Aceptar esos planteamientos era caer en el rejuego que el imperialismo estaba montando con la salida democrática-burguesa donde el movimiento sindical debía tener su participación. Para nosotros era preferible que no se diera ese movimiento sindical castrado. Resumiendo entonces, el salto adelante se da en octubre del 77, y agrava la crisis. Luego, viene el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro, que agudiza aún más la situación y la hace completamente irreversible, con la cada vez más elevada participación permanente insurreccional de las masas en las ciudades, en los barrios, en todos lados.

Luego se da la toma de la ciudad de Rivas combinada con la toma de la ciudad de Granada (2 de febrero de 1978). En estas acciones participaron compañeros que después cayeron en la lucha como el comandante Camilo Ortega Saavedra, que dirigió la toma de Granada, el comandante cura guerrillero Gaspar García Laviana, internacionalista español, y otros compañeros como Panchito Gutiérrez.

Comandante Camilo Ortega junto su hermano el Comandante Humberto Ortega

M.H.- ¿Cuándo comienzan a incorporarse las masas al proceso insurreccional?

H.O. Las acciones de octubre de 1977 dan un gran impulso al movimiento de masas pero es a raíz del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro que éstas se desatan y nos dejan ver claramente, como en una radiografía, el potencial, la decisión y la voluntad sandinista de combate de que disponen, para incorporarlas a una línea armada.
Esa sublevación de las masas que se da en torno a este hecho no fue dirigida totalmente por el Frente Sandinista. En eso hay que estar claros…

M.H.- ¿Fue una acción espontánea?

H.O.- Fue una reacción de las masas que el sandinismo, al final, comienza a conducir con sus activistas y con algunas unidades militares. Pero no es un movimiento de masa que respondió a un llamado del sandinismo; respondió a una coyuntura que nadie tenía prevista.

Ahora, la capacidad que tuvimos para meternos en ese movimiento de masas fue todavía limitada en ese momento y tuvo por objetivo reafirmar nuestra presencia política y militar dentro de esas masas, aunque todavía no desde el punto de vista orgánico, concreto, porque no teníamos cuadros para eso.

Desde octubre en adelante empezamos a dar los pasos en ese sentido: Los activistas, los mecanismos… e iban desarrollándose rápidamente formas nuevas de organización de las masas y además permanentes: los comités de barrios, trabajo en algunas fábricas, en el movimiento estudiantil. También antes de octubre empezaba a gestarse el Movimiento Pueblo Unido. Este fue el resultado de los esfuerzos sandinistas por reagrupar a las organizaciones revolucionarias alrededor de sus planteamientos para enfrentar al somocismo e ir logrando la conducción del pueblo para nuestro proceso de liberación nacional y social.

Cuando los sectores de la oposición burguesa empiezan a retroceder en la huelga es cuando el FSLN se hace presente con las acciones armadas del 2 de febrero. Por eso decidimos tomarnos Granada, Rivas y el campamento antiguerrillero en Santa Clara. Nueva Segovia.

Estas acciones, que implicaron la toma de dos ciudades y un campamento antiguerrillero fueron encabezadas, esta última por Germán Pomares, Víctor Tirado y Daniel Ortega, la toma de Granada por Camilo, el hermano menor nuestro, y la toma de Rivas por Edén Pastora y el cura Gaspar García.

Comandante guerrillero Edén Pastora junto al Comandante Humberto Ortega

Es el primer golpe contundente en esa crisis. Estas acciones que aparecen como de gran envergadura, multiplican el ánimo de las masas y su decisión de lucha antisomocista. Pero esta vez viniendo ya a la vanguardia fortalecía, con capacidad de combate, con capacidad de golpear al enemigo, con capacidad de tomar ciudades. O sea, ven un salto considerable de octubre a esas acciones, como vieron un salto considerable en octubre con relación a las posiciones defensivas que vivía en ese momento el sandinismo. Entonces nosotros vamos en una espiral ascendente, porque las acciones que se dan en febrero son superiores a las de octubre.

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