Ex guerrillera Mónica Baltodano califica de “vergonzoso” el respaldo de Evo Morales a Daniel Ortega

*Tomado de Infobae

Mónica Baltodano de 68 años, se identifica como de izquierdas. Guerrillera sandinista desde los 20 años, fue jefa de uno de los frentes de guerra en la ofensiva que terminó derrocando al dictador Anastasio Somoza, en Nicaragua, en julio de 1979. Durante los años 80 trabajó a la par de Daniel Ortega en el gobierno revolucionario, de quien se distanció en 1998 por el pacto que Ortega realizó con el liberal Arnoldo Alemán. Actualmente se encuentra en el exilio y es opositora al régimen de Daniel Ortega al que califica de “dictadura brutal”.

En esta entrevista, Baltodano divide a las izquierdas de Latinoamérica entre “jurásicas” y “modernas” y repasa su comportamiento frente al régimen que se ha impuesto en Nicaragua. “Yo trato de llegar principalmente a este sector (izquierda), porque es al sector al que históricamente he pertenecido. Dirigirme a los republicanos o a Bolsonaro no tiene sentido porque ya hay mucha gente que se dirige a ellos y hasta los respalda. Mi énfasis es dirigirme a ese mundo donde creo que hay una reserva importante de principios y valores que son necesarios para la humanidad.

-¿Es el régimen de Ortega una dictadura de izquierda?

-Para nada. Ya casi hay un consenso entre las distintas izquierdas, salvo aquellas izquierdas más jurásicas, de que las políticas de Daniel Ortega no se corresponden con ningún proyecto de izquierda. Lo único que utiliza es la retórica, manipula la memoria histórica, el uso de algunos símbolos, pero sus políticas son claramente capitalistas, neoliberales, extractivistas, súper conservador en temas de los derechos de la mujer y ahora hasta de la libertad religiosa. Daniel Ortega es más conservador que los gobiernos conservadores que hemos conocidos en Nicaragua.

-¿Qué siente Mónica Baltodano, una ex guerrillera, líder de izquierda, cuando ve a personajes como Evo Morales respaldar a Daniel Ortega en nombre de la izquierda y el antiimperialismo?

-Evo tampoco hizo grandes políticas transformadoras en Bolivia. Incluso lo acusaron de decantarse hacia el extractivismo, a la entrega de los recursos naturales, porque muchos de ellos se vuelven electoreristas, porque el poder se vuelve tan atractivo para ellos que deciden aplicar políticas de dádivas, de mantener una base social contenta, y renuncian a procesos más complejos que implicarían realmente transformaciones en la estructura económica, y siguen el mismo modelo. De manera que no me extraña que en ese tuit tan vergonzoso se haya comportado como un compinche de Daniel Ortega y no como un estadista. Hay gente así dentro de la izquierda, y no solo en América Latina, encontramos algunos partidos que siguen pensando que Daniel Ortega es revolucionario, y que es aquel guerrillero que participó en aquella hermosa gesta de derrocar una dictadura como la de Somoza y se quedan anclados, o petrificados, en la historia, sin capacidad para hacer el análisis a fondo de cuáles son sus políticas, intereses, y el tipo de régimen que está haciendo, tan brutal para la mayoría de los nicaragüenses.

-De otro lado tenemos una izquierda más crítica con Ortega, como la de Gabriel Boric, en Chile.

-Sí. Yo creo que ha surgido una izquierda más moderna que no concibe un proyecto transformador sin respeto a la democracia y a las libertades, sobre todo las libertades más esenciales de los seres humanos.

El triunfo de Lula en Brasil despertó cierto temor entre los opositores por la posibilidad de verlo acuerpando a Daniel Ortega.

-Es entendible. En el caso de Lula, aunque hace un año, más o menos, él hizo un cuestionamiento bien fuerte sobre el reeleccionismo y que eso no significaba democracia, sí tenemos que reconocer que no ha tenido una posición tan nítida como la que hemos visto en presidentes como la de Boric. Pero, a estas alturas, con todos los pasos brutalmente represivos que ha dado el régimen de Ortega, es muy difícil que haya un presidente de estos que se atreva a respaldar el régimen de Ortega. Después de Maduro y de Cuba que tienen sus propias particularidades, es muy difícil ver un presidente, aunque se diga de izquierda, respaldando el régimen de Ortega. Lo que sí podemos ver es posiciones ambiguas.

-¿Considera peligroso para la lucha por la democracia en Nicaragua ese avance que ha tenido la izquierda en Latinoamérica?

-Yo no lo vería como peligroso. Lo que sí es claro es que la comunidad internacional, a través de los mecanismos supranacionales como la OEA, no ha tenido la capacidad de conseguir una mayoría clara de repudio al orteguismo. En el caso de la OEA yo creo que ha jugado un poco la torpeza con que ha operado el secretario general, que levanta muchos anticuerpos en unos gobiernos. Pero, no veo una concertación de todos ellos para defender al régimen. El problema está en la capacidad que tengamos los nicaragüenses de hacer el cambio. No lo van a resolver ni las opiniones internacionales ni los organismos internacionales que tienen una acción muy limitada.

-Si Daniel Ortega está esperando que la correlación de fuerzas internacionales le favorezca, verá con agrado ese avance de la izquierda.

-Él trata de revivir con su retórica antiimperialista la vieja contradicción imperialismo –antiimperialismo, socialismo versus capitalismo, pero ya encuentra muy poco eco a nivel global, aun entre aquellos que se identifican como de izquierda. Puede haber un intento de Daniel Ortega, pero las mismas políticas que él viene aplicando lo aíslan cada vez más. Para crear ese nuevo tipo de correlación, Daniel Ortega tendría que entrar en un campo que él afirma que es como ponerse la soga al cuello, que es el campo de la negociación. Porque el mensaje del canciller de Petro (Álvaro Leyva) fue claro: quería incidir y negociar en términos de una solución al conflicto, pero él se ha negado. Lo hizo con Argentina, incluso tuvieron contradicciones evidentes con el gobierno de (Alberto) Fernández, y también con el gobierno de AMLO (Andrés Manuel López Obrador). La postura de Daniel y de Rosario es imponerse por la vía de la fuerza, fundamentalmente.

-Le voy a dar algunos nombres para que me diga cuál es su opinión sobre la actitud que han tenido con Nicaragua. Alberto Fernández, de Argentina.

-Ha tenido una posición bastante ambigua porque, por un lado, está claro que hay una violación a los derechos humanos y así lo ha declarado, pero ha preferido mantenerse de alguna manera del lado de los que cuestionan a la comunidad que encabeza Estados Unidos, pasando por encima del tema de los derechos humanos. Fernández no ha dado un paso suficientemente sólido, a pesar que últimamente ha participado en votaciones de condena al gobierno de Nicaragua, que son loables también.

-Manuel López Obrador, de México.

-López está aferrado a la doctrina Estrada, que existe mucho antes de que la humanidad entendiera que tenía que haber normas de carácter internacional y supranacional que cobijaran a toda la humanidad para evitar nuevos conflictos, que se establecieran regímenes que, respaldándose del tema de la soberanía nacional, hagan y deshagan contra su pueblo. Frente a la violación brutal de derechos humanos que se comete en Nicaragua no hay argumento de respeto a la soberanía, la independencia, que valga. Los derechos humanos están por encima de esos conceptos un poco obsoletos.

-Gabriel Boric, de Chile.

-Ha hecho una interpretación correcta de lo que es ser izquierda en momentos tan complejos como los que le tocó llegar. Representa una corriente nueva, respetuosa de la democracia y los derechos humanos. Nosotros los nicaragüenses tenemos que expresar nuestro agradecimiento a posturas tan diáfanas como la que él ha tenido.

-Evo Morales lo criticó de estar haciendo equipo con la CIA. Esta izquierda suele descalificar a todos sus críticos alegando que son agentes de la CIA o del imperialismo norteamericano.

-Dio pesar ese tuit de Evo porque expresa un atraso y un enfoque binario de la política que no se conduele de la real situación que están viviendo los pueblos. Basta ya de estar utilizando el ´mono´ de la CIA para justificar cualquier cosa. En el 2018 hubo una sublevación popular como resultado de las acciones del régimen. No fue ningún gran golpe ni ningún gran plan de la CIA y eso está totalmente demostrado. Manejar, cuatro años después, que toda la represión que pasa en Nicaragua es en respuesta a ese supuesto plan de la CIA es ser miope y solo puede ser explicado por un absoluto desconocimiento de lo que está pasando, o porque compartan enfoque, el uno para Nicaragua y el otro para Bolivia.

-¿Usted participará en la próxima reunión del Foro de Sao Paulo?

-No. El foro es exclusivo de partido políticos y particularmente participan aquellos que están en el poder. El Foro de Sao Paulo de 2018 tuvo un rol absolutamente lamentable al no condenar la represión que estaban sufriendo los nicaragüenses y que nos dejó más de 350 muertos. Solamente el Partido Acción Ciudadana, de Costa Rica, tuvo la postura de rechazar. Esperamos que las mismas actuaciones del régimen de Daniel Ortega ya hayan permitido que varios de estos partidos por lo menos tengan la decencia de no respaldar a Ortega.

-¿Participó antes en algunos de estos foros de Sao Paulo?

-Sí, yo participé en alguna de las primeras reuniones. Y me tocó ir (en protesta), ya en el 2000, en el hotel Las Mercedes, en Nicaragua. Ahí estaba Lula y me tocó repartir volantes para denunciar el pacto de Daniel Ortega y su naturaleza autoritaria dentro del propio Frente Sandinista. Ya después, en el año 2009, cuando Ortega era presidente, volvimos a estar presentes en un Foro de Sao Pablo que se realizó en el Holiday Inn. Ahí ya nos confrontamos con las turbas que nos agredieron.

-Si pudiera participar en ese Foro, ¿qué le diría Mónica Baltodano a quienes se reúnan ahí?

-Me tocaría hablar de los resultados de la represión. Cómo un pueblo alzado por reivindicaciones justas, como aquellas del 2018, fue brutalmente reprimido con tantos asesinatos, capturas y violaciones. Están documentadas las atrocidades innombrables que cometió el régimen en ese entonces. Y solo por ese hecho ellos deberían de condenarlo. Un régimen que viola los derechos humanos solo merece la condena, no importa si es de izquierda, de derecha o de centro. Yo llamaría a la decencia, y aprovecharía, obviamente para denunciar la forma atroz en que se encuentran los presos políticos. No hay justificación para respaldar a Ortega.

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