¡Hay por quién votar!

*Por Edmundo Jarquín

Cristiana Chamorro despuntaba, entre los precandidatos opositores a Ortega, encabezando todas las encuestas. Con su inhibición como candidata y arresto, resulta ocioso señalar que su liderazgo se ha disparado.

Hizo bien la Alianza Cívica (AC), dónde se han unido todos los precandidatos de oposición, en suspender toda actividad electoral, por precaria que fuese dadas las restricciones de la dictadura, mientras no se aclare la situación de Cristiana que, como dice el editorial de La Prensa hace dos días, “no hay que buscarle lógica jurídica ni sustento legal”.

En la misma dirección, la AC debería permitir, una vez que se reinicie esa precaria actividad electoral, y con todas las restricciones legales que a Cristiana le ha puesto la dictadura, siga compitiendo para seleccionar al candidato único de la oposición. Y si como está previsto en las encuestas, ella gana, mayor será el costo político nacional e internacional de la dictadura a la hora de inhibirla. Si es que hay elecciones con la verdadera oposición participando, más allá de los partidos colaboracionistas o “zancudos”, pese a las inauditas restricciones que ha impuesto la dictadura. 

A principios de septiembre 1974, hace ahora casi medio siglo, la dictadura de Somoza organizó una de tantas elecciones en las cuales el dictador siempre ganaba o a quién él designara. El día anterior a las elecciones, La Prensa publicó un titular jocoso señalando “Candidatos que ganaron en la elección de mañana”, porque ya se sabía quiénes ganarían. Pocos meses antes, Pedro Joaquín Chamorro, el padre de Cristiana y esposo de Violeta, encabezó un movimiento bajo el eslogan “No hay por quién votar”.  Entonces todos los firmantes fueron enjuiciados, pero un juez digno los absolvió.

El antecedente anterior contrasta fuertemente entre ambas dictaduras, la de Somoza y Ortega. La diferencia está que la subordinación de los poderes del Estado a Ortega es absoluta, no cabiendo ninguna discrepancia, porque Ortega además de dictador es totalitario. Recuérdese, a propósito, que el Consejo Supremo Electoral (CSE), eliminó a la diputada e incorporó a su suplente, de la única persona que en el Frente Sandinista (FSLN) se atrevió a votar en contra de la onerosa concesión del Canal Interoceánico que Ortega dio a Wang Jing.

La inhibición de Cristiana Chamorro, primero, y su allanamiento y arresto, después, junto a las enormes restricciones físicas que enfrentan los otros precandidatos -incluida casa por cárcel y otras limitaciones- ha profundizado el aislamiento internacional de la dictadura de Ortega.  La fuerte declaratoria de la Secretaría General de la OEA sobre la inhibición, es parte de ese aislamiento, y el riesgo es real que en esas condiciones los resultados de las elecciones no sean considerados legítimos.

También ha profundizado el aislamiento nacional. No solamente hemos señalado la actitud de la Alianza Cívica, sino hay que hacerse eco de las numerosas organizaciones partidarias y sociales que han protestado, incluyendo desde luego el COSEP, AMCHAM, Cámara de Industrias y numerosas organizaciones.

En ese contexto, el propuesto “Diálogo Nacional” que Ortega ha ofrecido con posterioridad a las elecciones, si es que acaso sobrevive en el poder porque ha decidido robarse las elecciones como demuestra el arresto de Cristiana Chamorro, será muy poco lo que tendrá que ofrecer porque las instituciones financieras internacionales no le darán la holgura económica que cualquier diálogo requiere. 

A diferencia de 1974, y ésa no es la única diferencia entre las dictaduras de Ortega y Somoza, ahora si habría por quién votar, ¡si es que hay elecciones! 

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