LA ANTI-DIPLOMACIA DE ORTEGA

Por: José Dávila*

La diplomacia y las relaciones internacionales han sido prostituidas en su ejercicio por el régimen Ortega-Murillo. Todos los conceptos que han surgido en el mundo para una sana y constructiva relación entre los países, sobre todo en tan avanzada globalización, han sido vilipendiados por un régimen que parece buscar lo contrario, enemistarse con todo el mundo.

Con el agravante, que lo hace a partir de su posición ideológica sectaria, odiosa, desfasada y con interpretaciones enrevesadas en temas como soberanía, respeto entre los países, y la promoción y protección de los derechos humanos de todos los ciudadanos del mundo.

Ha roto flagrantemente el vocabulario que se usa en la diplomacia, y se ha desbordado con ofensas sin precedentes entre mandatarios, con ataques bajos a países amigos del pueblo de Nicaragua, con adjetivos inadmisibles, expresiones racistas, y palabras descalificadoras, que han dejado al descubierto el nivel cultural del dictador Ortega.

En estos meses la dictadura ha actuado contra la comunidad internacional, como lo hizo contra los nicaragüenses a partir de abril del 2018 con las protestas cívicas y la represión desatada, al considerar enemigo a todos los que no piensen como ellos, o que no acepten sus criterios como los únicos verdaderos. Así terminó en Nicaragua en estos años con el periodismo independiente, con los partidos políticos y la sociedad civil, y todos los opositores, de los muchos están presos o han salido masivamente al exilio. El más reciente objetivo es pretender destruir a la Iglesia católica.

Y ahora va contra la comunidad internacional, y en estos meses ha despotricado contra todos los países que osan hacerle alguna observación sobre el respeto a la democracia, a las libertades, a los derechos humanos, llámese Chile, OEA, Estados Unidos, Argentina, España, ONU, Costa Rica, Unión Europea, Holanda, etc.

Ha quedado el manejo de las relaciones internacionales de Nicaragua, en manos de una sola y única persona, soberbia, ignorante de los modales diplomáticos, prepotente, con un gigante ego y una baja educación, sin asistencia de ninguna cancillería como tal, o un equipo de funcionarios que administren la política exterior con cierto profesionalismo, lo que ha ocasionado un caos en nombramientos y destituciones consecutivas de embajadores en distintos países, en algunos países hasta con tres nombramientos en un año, sin tiempo para ejercer su función diplomática, lo que es una clara descortesía en la diplomacia.

En los últimos meses hemos sido testigos de ataques vulgares a España, expulsión de los funcionarios de la OEA en Managua y confiscación de sus oficinas, permanente confrontación con los Estados Unidos a dónde va el 60% de nuestras exportaciones, pero también descalificaciones a gobiernos como Argentina y Chile que se pueden considerar de izquierda, rechazo a aceptar al embajador de USA porque anunció los objetivos de la política exterior de su país en Nicaragua, ataques permanentes a la Unión Europea, una región con inmensa colaboración con el país, la insólita y torpe expulsión de la embajadora de la Unión Europea, y la extraña forma de romper relaciones con Holanda, después de llamar “basura humana” su actitud, y antes haberla llamado “paisucho”, país que ha ayudado mucho, y cuyo “delito” fue hacer observaciones a la situación de los derechos humanos en Nicaragua.

¿Qué busca Ortega con enemistarse y buscar eliminar relaciones con los países y regiones del mundo que han aportado más del 85% de la cooperación para el desarrollo del país en las últimas siete décadas? ¿No es esto un atentado grave contra el desarrollo del país? ¿No es esto quizás un crimen contra las nuevas generaciones de jóvenes y niños, al tener que vivir en un país donde su propio gobierno rechaza relacionarse con los países que ayudan a desarrollarse a Nicaragua?

¡Pero ojo! Esta actitud irrespetuosa del régimen no la aplica contra Rusia y China y países adláteres que hoy conforman el bloque mundial de dictaduras en la nueva geopolítica mundial, bloque al que el régimen de Nicaragua no hace ninguna crítica, y más bien actúa como su apéndice, apoyando a Rusia en su insólita agresión a Ucrania, y sus amenazas de una guerra nuclear. Nicaragua es de los muy pocos países en el mundo que establece relaciones diplomáticas con todo territorio que Rusia conquista y los llama repúblicas.

¿Está Ortega al borde de cometer un garrafal error histórico, al creer que la ayuda de los países dictatoriales encabezados por Rusia y China va a suplir la ayuda que otorgan a Nicaragua los países del mundo democrático? ¿Qué espera a las próximas generaciones si Ortega somete a Nicaragua a los países de un bloque sin Dios y sin ley, sin principios sin valores democráticos, éticos y humanistas? ¿En nombre de quién Ortega toma estas decisiones, si su gobierno es producto de un fraude y no tiene la legitimidad necesaria para actuar como gobierno representativo?

Si hay algo loable, es que la comunidad internacional, por su madurez y claridad de lo que es Nicaragua, no ha aplicado con rigurosidad el principio de reciprocidad que en diplomacia permite responder de la misma manera que un país lo ha hecho con respecto a otro. Y es que están muy claros que una cosa es la dictadura, y otra cosa es el pueblo de Nicaragua, saben que los pueblos van a prevalecer y que las dictaduras terminan.

Pero ante todo saben que, en un futuro cercano, Nicaragua marchará hacia la democracia, y habrá unas autoridades que tendrán una política exterior que sirva para lo que debe servir en un país como el nuestro, que es buscar el desarrollo de sus ciudadanos, fortalecer el pluralismo y la justicia social, fortalecer su relación con las democracias del mundo, y sacar a Nicaragua de lo que es hoy, el segundo país más atrasado económicamente de América, sólo después de Haití, y políticamente el más reprimido de toda América.

4 de octubre de 2022.

*Ex embajador de Nicaragua en Alemania y concurrente en Suiza, y secretario de relaciones internacionales del Partido Humanista Social Cristiano, PHSC, de Nicaragua.

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