La decisión de emigrar: si el país no cambia, cambia de país

*Raúl Valdivia

El siglo XX fue el siglo de las migraciones, y esa tendencia se sigue manifestando a casi de un cuarto de siglo en el nuevo milenio.

Se emigra legal, o ilegalmente. También se emigra por motivos laborales como por razones de reunificación familiar.

Mi amigo de casi 40 años, cuando comentábamos de mi emigración, desde Nicaragua a Estados Unidos hace más de 27 años me dijo ‘lo importante es que te sentís tranquilo con la decisión que tomaste’.

Yo emigré de manera ilegal a Estados Unidos, después de haberlo intentado hacer de manera legal, y transitoria, en vez de permanente. Y si, razón tiene mi amigo que ‘me siento tranquilo con la decisión que tomé a finales de 1993’.

Cuando se emigra, quienquiera que lo haga, pero especialmente si se emigra de manera legal, es el país que recibe y quien recibe, quien pone las reglas, no el país desde donde se emigra ni la(s) persona(s) que emigran.

Cuando uno emigra de manera ilegal es uno el que le impone al país donde llega las condiciones, o bueno, pretende imponérselas, obligando de facto al país a donde uno llega, que lo acepten.

No hay excepciones a las reglas de arriba.

Por eso los países receptores de inmigrantes ponen cuotas para aceptar inmigrantes porque tienen que medir sus posibilidades.  Los países emisores de inmigrantes deciden si aceptan o no. Igual quien emigra. El que emigra tiene que decidir si acepta las condiciones y términos en que emigra.

Con la nueva administración en USA, con Joe Biden, se han abierto muchas expectativas en el tema migratorio, especialmente que las promesas de campaña se traduzcan en una reforma migratoria que abra el camino de la legalilzación a millones de personas que por largos años han vivido en este país sin un estatus legal, priorizando a aquellos que como los beneficiarios del TPS, y del DREAM ACT, tiene un récord demostrado de buen comportamiento y de positiva contribución a la sociedad.

Algo que Biden hizo desde el día uno, el 20 de enero del 2021, o a lo sumo, al segundo día, fue ordenar que del lenguaje administrativo a nivel federal dejara de usarse la palabra ‘alien’ (extranjero), y en su lugar se comenzase a usar la palabra ‘non-citizen’ (no ciudadano). A primera vista parecería un simple cambio semántico, pero no lo es. Desde siempre el uso de la palabra ‘alien’ ha sido con sentido peyorativo, y tras la misma y de manera poco sútil se ha ocultado una conducta discriminatoria propia de una cultura ‘nativista’ en donde solamente aquellos nacidos en el país, y de cierta raza, han sido considerados ciudadanos, en detrimento del conjunto de la sociedad, excluyendo a un porcentaje creciente que son parte del capital humano con que cuenta Estados Unidos, y por cierto, en ocasiones mejor representan lo bueno que este país puede ofrecer.

De manera general el proceso de migrar, se da en dos partes, la primera llamada en inglés ‘eligibility’ se origina en quien presenta la aplicación a favor de otro (un pariente, o de una empresa para un potencial empleado). Se trata de determinar si quien solicita el beneficio cumple con lo que la Ley establece para hacer ese tipo de peticiones.

La segunda parte depende del beneficiario de la solicitud, sea pariente o empleado. Tiene que demostrar que no es ‘inadmisible’, esto es, que no hay razones que lo descalifiquen para el beneficio que le ha sido aprobado.

Pasados los filtros de ‘eligibility’ y ‘admisibility’ no quiere decir que el beneficiario de una solicitud aprobada esté obligado a seguir exactamente lo que se había propuesto previo a emigrar. Si se trata de un pariente, no necesariamente el beneficiario tiene que quedarse con el peticionario (o patrocinador). Igual si el peticionario es una empresa. Las visas de trabajo pueden ser ‘transferibles’ y alguien llegó comprometido con una empresa pero luego, por razones válidas, decide moverse a otra empresa.

Hablo de casos particulares en donde el pariente que llega, no necesariamente tiene que quedarte a vivir con el pariente que lo trajo. Una vez que se llega al país al que se emigra, en un período prudencial se puede mover a otro lado, al lugar y con la familia que se decida. Ella igual. El Peticionario cumplió, pero el Beneficiario tiene opciones. No se puede forzar a nadie a hacer algo que no quieran hacer. Es contra la Ley. Y no es ético.

El tema de las migraciones como sinónimo de exilio amerita un análisis separado, y hay mucho material publicado, pero de manera general se baja en el concepto de La oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados  que es el ‘guardián’ de la Convención de 1951 y de su Protocolo de 1967. Según establece la Convención, los Estados tienen la obligación de colaborar con ACNUR para garantizar que los derechos de las personas refugiadas se respeten y protejan. Solo apunto para invitar a una conversación la definición de Refugiado: “Un refugiado es aquel que “debido a fundados temores de ser perseguido por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de su país; o que careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores no quiera regresar a él”.

En el país desde donde emigré tan reciente como en 2018, 100 000 nicaragüenses caen en esa categoría, Refugiados, y por siempre, llevan tres años esperando que el mundo se apiade de su calvario.

La decisión de emigrar es individual, y corresponde tomarla al que lo hace, no al que lo solicita. Solos los ríos no se regresan, y a veces, hasta los ríos.

*Economista nicaragüense. Exprofesor de la UCA. Residente en California desde finales de 1993.

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