Las trampas de las encuestas en las elecciones en Nicaragua: entre verdad e interpretación

*Por Expediente Público

Actualmente hay pocas encuestas realizándose en Nicaragua y las que se están haciendo no están circulando, aseguró a Expediente Público Víctor Borges, presidente de la firma investigación social Borges y Asociados.

“Los clientes que han contratado encuestas político-electoral están retirados por el contexto, es riesgoso. A diferencia de 1990 hay poca o nula participación internacional, en 1990 hubo una presencia más visible, hoy no, y el riesgo es mayor”, expresó.

“Seguimos haciendo encuestas, pero los que tradicionalmente buscaban ver dónde iban las elecciones están desanimados, ’ya para qué’, enfoque en investigar otros temas, no necesariamente político-electorales”, indicó Borges.

El empresario costarricense explicó que hay encuestas de tipo electoral o político y otras destinadas al sector privado, estas segundas son las que se están realizando.

A pesar de eso, Borges y Asociados ha consultado al público nicaragüense cuestiones político-electorales donde sobresale que “la población tiende a no responder o a beneficiar de manera importante al régimen o gobierno actual”.

Las simpatías partidarias tampoco se mueven: “no ha habido un cambio importante desde la elección de Enrique Bolaños cuando la oposición tenían un porcentaje mayor al Frente Sandinista. Hoy lo que tenemos es al FSLN con 40% de simpatía y más o menos 50 o 55 por ciento que se identifica como independiente”, dijo el experto.

“Algo importante es la cantidad de personas que califican de forma positiva la gestión del régimen, que tiene trece años de trabajar en una red de proyectos sociales, que le han ido ayudando a repartir (bienes y recursos). Este modelo no solo lo vemos en Nicaragua, también en Honduras, Costa Rica, Ecuador, Argentina, el modelo de políticas clientelistas, no es un modelo ideológico, es pragmático”, interpreta Borges.

A pesar de eso, es posible que el arresto de los líderes opositores a partir de julio de 2021 pueda haber cambiado la opinión de muchas personas, pero Borges desconoce en qué medida.

Los increíbles datos de M&R

El estudio de M&R más reciente, publicado en agosto, y focalizado en las regiones del Caribe indica que el gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) goza del 60.2% de preferencias, a poco más de dos meses de las elecciones nacionales del 7 de noviembre, pero en este punto se debe recordar que las principales plataformas electorales de la oposición fueron desmontadas y que hay decenas de líderes políticos presos y enjuiciados.

M&R Asociados informó que 67.8% de sus encuestados valoraba positivamente la conducción del país del presidente Daniel Ortega, en una encuesta nacional presentada el 25 de mayo de 2021.

Otras dos encuestas que monitorean el clima electoral provienen de la firma CID Gallup. En febrero afirmaba que el 62% de votantes no tiene simpatía partidaria, aunque el gobernante Frente Sandinista mantenía  un apoyo del 25%, las facciones de la oposición Unidad Nacional Azul y Blanco (4%); Ciudadanos por la Libertad (CxL) 3% y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) apenas 2%. 

Para el 30% de los encuestados, el presidente Daniel Ortega tenía las mayores posibilidades de ganar las elecciones y en segundo lugar ubicaba a Cristiana Chamorro con  13%, seguida de otros líderes de la oposición. 

Otra encuesta de la misma firma, filtrada tres meses después, a finales de mayo, mantenía el promedio para Ortega en 30%, Cristiana Chamorro subía 21%, un 20% no respondió, mientras otras personalidades como Medardo Mairena 7%, Arturo Cruz 6%, Juan Sebastián Chamorro 5%, Félix Maradiaga 4%, Miguel Mora 3%, Rosario Murillo 3%, quedaban rezagados en la carrera.

Actualmente todos estos opositores están presos.

Historial de las encuestadoras

Las notables diferencias entre los resultados de las encuestas, el ambiente político y el debilitamiento de los derechos humanos y las garantías constitucionales en Nicaragua hacen dudar de estas metodologías para medir el estado o las tendencias de la opinión pública, sobre todo cuando la base electoral de Ortega aparece intacta o más amplia.

En Nicaragua las encuestas de opinión han tenido fracasos para proyectar resultados desde las elecciones de 1990 por lo que se acuñó el término “efecto güegüense”, inspirado en un personaje teatral que indica que los encuestados mienten por temor o para ocultar del control de las autoridades sus verdaderas opiniones.

En 1990, con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en el poder marcó no solo una amplia ventaja a respecto la Unión Nacional Opositora (UNO) en las encuestadoras nacionales como ECO e Itztani-Inop, también a prominentes medios internacionales como The Washington Post, Univisión y ABC News que otorgaban una ventaja de 16 y 18 puntos a los revolucionarios, según archivos de la revista Envío. 

La UNO ganó las elecciones presidenciales con 54% de votos, contra 40%, una ventaja amplia de 14 puntos porcentuales. En 1996 dos encuestas a un mes de las elecciones otorgaban ventaja a Arnoldo Alemán, la costarricense Borges y Asociados con 46% contra 39%, mientras que CID Gallup miraba casi un empate de 41% contra 38%.

Por su parte, la encuesta nacional realizada por CINCO, 36% a favor del FSLN y 33% con el candidato liberal, con un alto porcentaje de indecisos, alrededor de 16%. Alemán ganó esa elección con 51% de votos, mientras  Ortega obtuvo un porcentaje en su margen histórico de 37.8%, perdió por 13 puntos. 

La siguiente elección, igualmente polarizada, entre Enrique Bolaños y Daniel Ortega, vio un incremento en el techo de los sandinistas  hasta 42%, pero los liberales lograron también sumar todos los votos antisandinistas para un histórico 56%, una ventaja de 14 puntos. Las encuestas por el contrario auguraban un empate técnico. 

En 2006, se vislumbró un voto dividido en la última encuesta patrocinada por la Cámara de Comercio, la Universidad Centroamericana, El Nuevo Diario y Canal 10, se indicaba la reelección de Ortega con 37% de votos, con una división entre los liberales José Rizo (20%) y el renovador sandinista Edmundo Jarquín (17%). Finalmente, Ortega ganó con el 38%, pero Montealegre obtuvo el 29% contra 26% de Rizo, mientras Jarquín solo tuvo 6%. 

El voto duro sandinista: Ortega y el 38%

El FSLN, que en toda su historia solo ha tenido un candidato presidencial, Daniel Ortega, hasta 2006 había tenido una base social consolidada, a tal punto que se definía con el 38% porque era más o menos el rango de votos que logró en las elecciones nacionales de 1990, 1996, 2001 Y 2006.

Sin embargo, independente a las debilidades del sistema electoral, desde 2011 este margen incrementó notablemente no solo en las jornadas de votación, sino, en las encuestas de opinión.

Raúl Obregón, presidente de la firma M&R Consultores, en entrevista con Expediente Público defendió los resultados de sus estudios y argumentó que “el FSLN y su gobierno hasta marzo de 2018 venía marcando una aprobación entre el 60 y 65 por ciento, eso venía desde el 2011”.

Obregón consideró que a raíz de las protestas en 2018 y “la confusión, porque lo que hubo fue una confusión y un caos, la población en una parte importantísima se desconcertó, no sabía lo que estaba pasando. Las informaciones eran contradictorias, en la primera encuesta que hicimos, estaban los tranques y todas las barbaridades, a finales de abril y mayo, la aprobación de Ortega cayó a 32 puntos, es la más baja que ha tenido entre 2010 y el día de hoy, pero igual la oposición cayó”.

Sandinismo recuperó “base dura”

Borges sostiene que en Nicaragua hay un partido que tiene a todos los poderes del Estado a su favor y los usa para comprar un segmento de la opinión pública. “Una parte de la población se mueve con ellos y la otra mitad está totalmente desapegada, porque la situación económica del país es grave desde hacer muchos años, esta gente está más ocupada en solventar el día a día que la política”, aseguró.


Borges señala modelos como el de Cuba o Venezuela donde a pesar de las diferentes crisis que atraviesan o atravesaron existe una base social de los partidos gobernantes, porque juegan con el hambre de la gente, “cuando alguien tiene hambre y llega alguien y ofrece una solución cortoplacista, es eso o nada, no es algo nuevo, está entrando incluso en Europa”.

“Este sistema está diseñado con programas sociales con fondos del Estado y conducidos de manera tal que le permite al partido oficialista tener una base de beneficiarios que son coaccionados en el proceso electoral, es votar por mi o dejar de recibir ese beneficio, y ese beneficio a veces implica dejar de comer o dejar de enviar a los hijos a la escuela”, prosiguió el entrevistado.

Borges señaló que esto “racionalmente es incomprensible, pero hay que ir a los sentidos reptilianos, al hambre, la necesidad. El partido hace cálculos de con qué base se sostiene”.

“Algunos analistas piensan que el oficialismo no hubiera necesitado esta vorágine de violencia y persecución, no lo hubiera necesitado, hubiera legitimado su poder con un proceso electoral abierto y observado, pero algo pasó a lo interno, quizá hubo un deja vu de 1990”, manifestó.

La normalidad de M&R

Obregón por su parte apostó más a la normalización de la vida cotidiana, asegurando que la premisa que Nicaragua está viviendo tensión es falsa, “los que estamos en Nicaragua estamos haciendo nuestra vida de lo más normal. El nicaragüense común y corriente que somos el 90 y pico por ciento, estamos dedicados al trabajo, estudio, enfrentar la pandemia y los problemas cotidianos”.

“La encuesta es un mecanismo de retroalimentación para hacer saber lo que están pensando, porque la gente ya perdió la confianza en los medios, que se van de un lado o del otro y ya no informan, por el contrario, en lugar de informar difaman, medios así que están en Costa Rica están pidiendo sanción para nosotros (M&R), tal vez por eso nos están llamando (Expediente Público)”, criticó Obregón.

“La gran preocupación de los nicaragüenses desde finales de la década de los noventa, cuando la gente perdió la esperanza de lo que le habían vendido (los gobiernos libero-conservadores), el gran problema es lo económico”, indicó.

“A medida que se iban privatizando los servicios, los precios de productos de consumo, la energía eléctrica, luego los cortes de energía diario, de seis a ocho horas, ni lo político ni seguridad ciudadana aparecían (como prioridades), ya en la década del 2000 se agudizaron los problemas económicos, de la microeconomía, el empleo y los precios fueron a 70 y 80% de los problemas (considerados principales), para 2003 entre siete y ocho de cada diez nicaragüenses decía que se iba del país si tenía la oportunidad”, apreció.

“En 2007 cuando llegó el gobierno del presidente Ortega se mantuvieron y agudizaron los problemas porque vino una campaña muy fuerte donde se decía que iba a volver la inflación, el servicio militar, la guerra, que eso era propio de los sandinistas, después el 2010 poco a poco comenzó a disminuir, los problemas en 2015 comenzaron a bajar, la intencionalidad de la gente en salir llegó a 24%, pero en 2018 se volvieron a disparar esos problemas, de ahí vino lo político, pero nunca rebasaron los problemas sociales”, sostuvo Obregón.

Borges también indica que el manejo de la pandemia no ha afectado a Ortega, las redes territoriales sandinistas trabajan no solo para repartir, sino, presionar a la gente, para que se acuerden de los beneficios del gobierno: “¿qué pesa más, lo que estás dando, lo que nadie antes te ofreció? Otros no dicen nada porque se arriesgan a que le quiten lo recibido. El porcentaje de gente que recibe algo del gobierno es uno de cada cinco, el 20% de la población, de estos, la mitad había recibido una visita de un funcionario del gobierno en los últimos 30 días”.

División de opositores favorece a Ortega

Sin embargo, la percepción de los ciudadanos por el arresto de líderes políticos, empresariales y sociales, así como de precandidatos presidenciales no es motivo de las encuestas de M&R.

“No hemos querido meternos en eso, nosotros preguntamos por los problemas el país, qué es lo que más preocupa, hay quienes salen con ese tema, pero no es significativo”, indicó Obregón.

“La verdad no se siente absolutamente nada hasta hoy, puede ser que alguna que otra persona podría tener alguna preocupación por el tema, pero no es algo que se perciba, que hay angustia porque hay gente detenida, hay de ambos lados, hay gente que dice que es suficiente que nos dejen en paz, otros que no están de acuerdo, pero no es un problema que está afectando la vida cotidiana de los nicaragüenses”, dijo.

En 2006 Ortega ganó cuando la oposición se dividió, si ambos se hubieran puesto de acuerdo, hubieran ganado. “Este año entre todos los partidos de oposición no han sumado más del 10%. “Eso es un reflejo del resfrío que tienen los nicaragüenses, sobre todo los independientes, los que no simpatizan con un partido político o los políticos o la política en general”, recordó Borges.

Además, tanto la clase política oficialista como la opositora han hecho poco o nada por esas personas que se dicen independientes. “Una parte de la población está en operación arroz o frijoles, aunque lo que ha pasado en los últimos meses pudo haber cambiado a la opinión pública, aunque no podría decir en qué medida”, agrega.

La dispersión del voto trae mayor dificulta al elector de escoger al candidato, “eso ayuda a que el partido de gobierno que tiene acceso a estos programas clientelistas tenga una base robusta para sostenerse”.

La oposición tampoco logró capitalizar la efervescencia de 2018, ni siquiera lograron ponerse de acuerdo cuando tuvieron la oportunidad y debieron empezar a trabajar mucho antes, “las razones que no les permitieron ponerse de acuerdo son varias, pero en el fondo, lo más importante, es que no llegaron al consenso en torno a quien empezar a trabajar, si esto hubiera empezado hace algunos años, el escenario ahora probablemente sería otro”, sostuvo Borges.

“Los partidos más formales como el Liberal Constitucionalista (PLC) siguen en discordias, a la gente no le gusta eso, no le gusta el conflicto o ver ambición de poder, esas luchas de poder entre la oposición no representan un beneficio a la gente”, afirma.

¿Controla el régimen a las encuestadoras?

Carlos Denton, cofundador de CID Gallup, aseguró a Expediente Público que en Nicaragua “hicimos este año un estudio que no tenía tema político, el tema era otro, en parte social, sobre violencia doméstica, pero cada vez que ponía personal en los barrios o donde fuera, en media hora aparecía la policía, pedía cédulas, le tomaban fotos a la cédula, querían saber de qué se trataba porque era prohibido hacer encuestas de opinión público”.

“Después de terminar el entrevistador, de inmediato llegaba la policía a preguntar de qué se trató la encuesta. Solo en algún lugar los retuvieron por un tiempo al personal, pero se pudo trabajar porque la encuesta no tenía un componente político. Ellos lo dejaron la claro que en el momento político… es lo que le puedo decir, no se puede hacer (una encuesta electoral)”.

CID Gallup prepara la próxima encuesta en Nicaragua vía celulares. “Nosotros tenemos acceso a todos los números de teléfono de Nicaragua, no le voy a decir cómo lo tenemos, pero lo tenemos, se llamará aleatoriamente”, reveló Denton.

“En septiembre vamos a hacer una encuesta, pero no presencial, no vamos a poner personal en el campo, descubrimos es que al llamar a un celular aleatoriamente, una persona que recibe una llamada puede apartarse, es una acción privada, mientras que, en la puerta primero ves quién es, estoy convencido que uno pudiera hacer una encuesta, más o menos, es por celulares”, aseguró.

La cofundadora de la firma, Olda Acuña, explicó que están usando las llamadas a celular desde hace dos años, pero en ciertos estudios, primero por la epidemia y después por seguridad, en algunos lugares es peligroso, incluso en Costa Rica van con seguridad vestida de civil.

Por otro lado, la penetración telefónica en estos países es alta, mayor de 85%, a veces mayor de  90%.

En Nicaragua han tenido más problemas que por las maras en Honduras, porque la policía ha querido quitar las tablets, en Masaya hubo una situación con las autoridades, “pero por lo general la policía nos apoya en todos los países”, afirmó.

Por su parte, Obregón niega que existan restricciones para toda actividad pública en Nicaragua. “Yo vivo aquí, no conozco eso. Hacíamos encuestas cuando estábamos en guerra, cuando había cañonazos, la gente nos contestaba. El nicaragüense es muy espontáneo y expresivo, el gran problema, es que la gente quiere que el encuestador tome nota de todo lo que dice, hacemos una pregunta, que tiene una respuesta graduada o dicotómica, pero ellos te quieren hacer una narrativa de todo lo que piensan”.

“Solo el uno por ciento no se deja entrevistar, (opositores)esa es la gente que está influenciada por ese tipo de mensaje que responde con groserías o agresiva”, dijo Obregón.

¿Quién paga por las encuestas?

Algunas encuestas pueden costar entre 30,000 y 40,000 dólares, aunque en el caso de las llamadas  “ómnibus” las empresas pagan una tarifa por pregunta.

“Hemos trabajado para todos los políticos de este país, los que han estado en algún momento en la picota, 30 a 40 empresas de todo tipo, somos la empresa (encuestadora) con la cartera más grande, somos los únicos nicaragüenses que hacen este trabajo en Nicaragua, los demás vienen de Costa Rica y algún otro de Guatemala, somos de aquí, tenemos dominio del territorio, hasta la embajada de Estados Unidos nos ha contratado, y el principal argumento es el grado de conocimiento del territorio nacional que nadie lo tiene”, precisó Obregón.

“Nuestras encuestas ómnibus tiene varios clientes, algunas hasta 15, cada uno pone una cuota, a veces disminuyen o suben, eso nos da capacidad de tomar decisiones con los datos, ponemos información pública, convocamos a los medios, damos conferencias de prensa, hay otra información que no se da a conocer porque es privada, hemos tenido clientes al Consejo Superior de la Empresa Privada, la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social, el IREX, por eso nadie nos ataca a no ser algún periodista por ahí”, sostuvo.

Expediente Público consultó al director de M&R si el Gobierno de Nicaragua financia las encuestas, a lo cual respondió que todos los gobiernos han sido sus clientes, como todos los periódicos que tuvo el país centroamericano, así como las empresas de canales de televisión.

Expediente Público le consultó si tenían temor de publicar datos que no fueran favorables al Gobierno, a esto respondió Obregón: “Hay quienes no les gusta oír cosas que no les conviene que les hacen disonancia, en este caso, no hay ningún problema, al contrario, está saliendo en las redes una foto mía con un texto en mi pecho que dicen ‘sanción’, en lugar (del Gobierno), debería tener miedo a esa gente que dicen que están en Costa Rica, pero aquí no, hay mucho respeto”.

En el caso de CID Gallup, Denton explicó que “comenzamos como una empresa pequeña hace muchos años, ahora estamos en once países con oficinas, somos colaboradores globales de las Naciones Unidas, nos suscribe el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial, el Departamento de Estado, Canadá, la Organización de Estados Americanos”.


¿Cómo trabajan los encuestadores?

Borges considera que el personal de Nicaragua está bien entrenado y calificado con más de 20 años de trabajo.

Si una encuesta sigue los procedimientos técnicos y metodológicos, los instrumentos estadísticos para el diseño de muestras, la encuesta debe presentar la percepción de manera cercana, pero las encuestas no bastan para eso, solo son instrumentos para medir tendencias.

Borges explica que uno de los criterios más importantes de la encuesta es que refleje el perfil demográfico en cuando a género y edades, niveles de ingresos, distribución y cobertura geográfica proporcional.

El otro aspecto es el diseño del cuestionario, el sesgo o proceso de selección o decisión, pero en el caso de la investigación debe ponerse cuidado; la escogencia de la muestra, una cantidad de población que determine las tendencias, porque no se puede censar a todos o como llaman los encuestadores, el universo poblacional.

Además, el informe final tampoco debería tener sesgo a pesar de ser la interpretación. “Yo hago un diagnóstico de la campaña y la opinión pública, si no lo hago y me dejo influenciar por lo que quieren, estoy engañando, la intensión es entender dónde está uno”, aseveró Borges.

Obregón sostiene que las encuestas son un mecanismo de retroalimentación, hay personas que rotundamente rechazan los resultados, pero el mensaje sería no maten al mensajero, porque el objetivo no se trata de creer o no, sino, de tomar los datos y generar criterios para tomar decisiones.

“Cuando las encuestas cumplen el rigor científico, los resultados generalmente tienden a cierto nivel de asertividad, no son cien por ciento exactos, porque no es una ciencia exacta, pero si marca una tendencia de cómo andan las cosas”, dijo Obregón.

“Tenemos como M&R consultores, 34 años de hacer encuestas, específicamente en Nicaragua comenzamos en 1988”, especificó.

Del 6 al 10: la técnica de M&R consultores

Obregón asegura que sus entrevistas son aleatorias, lo que les da seguridad que están bien hechas sus encuestas.

En la décima encuesta nacional en el marco del proceso electoral, el primer paso es usar el software SPSS con una base de datos con todos los centros de votación, luego hacen la selección de puntos muestrales donde van a trabajar.

En cada uno de los 200 puntos hacen diez entrevistas, alrededor de cada centro de votación, seleccionan tres o cuatro manzanas y realizan dos o tres entrevistas en cada una, sortean un número para identificar la casa donde buscan al entrevistado.

Siguiendo con el proceso, piden entrevistas a la persona mayor de 16 años que cumplió años reciente. Hacen dos mil entrevistas, entre diez y doce entrevistas por puntos muestrales por cada centro de votación.

“Las preguntas van en una escala Licker, no son respuestas de sí o no, sino, graduadas; por ejemplo, en una escala de seis a diez, por ejemplo, crisis política extrema, cómo califica la situación de Nicaragua”, explica.

Obregón también explicó que para no caer en señalamientos “usamos el método de hacer una dicotomía, por ejemplo, hay gente que dice que Nicaragua está en una crisis política de grandes dimensiones, otros dicen que Nicaragua está viviendo en paz y tranquilidad, en cuál se apunta”.

La visión de CID Gallup

Olda Acuña, cofundadora de CID Gallup, indicó a Expediente Público que hay una metodología definida, una muestra geográfica y por personas, que toma en cuenta a todo el país y después de personas representativas de la población, por grupo de edades, que es lo que la población tiene en el país, no es lo que se ocurre, sino, lo que dicen los censos.

Mapean el país para visitar diferentes grupos, se dividen en segmentos de 10 u 11 personas para que haya dispersión y no se concentren en un lugar, pero las ciudades tienen más entrevistas porque ahí hay más población. Se entrevista a una persona por hogar de forma aleatoria, cuando llegan preguntan por el último cumpleañero.

Hasta 50 personas están encuestando en cada estudio. “La gente habla, particularmente la gente mayor, le gusta dar su opinión, se pregunta de todo, hemos hecho estudio de todos. Garantizan anonimato y confidencialidad, no entregan lista de personas consultadas”, sostuvo la encuestadora.

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