Más de 1.400 nicaragüenses varados en países e islas de la región siguen sin poder volver a Nicaragua

La pandemia del COVID-19 los dejó sin medios de vida en el extranjero. Quieren volver a casa, pero el pasaporte que confirma su nacionalidad no es suficiente. El régimen de Daniel Ortega en Nicaragua ha establecido requisitos prohibitivos, por lo que ahora viven de la caridad o a la intemperie en países vecinos de Centroamérica y del Caribe.

Ese es el drama de unos 1.442 nicaragüenses varados en cuatro países de Centroamérica, dos islas del Caribe, y al menos dos embarcaciones en altamar, quienes llevan meses pidiendo a Ortega que les permita regresar con sus familias, las que dejaron atrás antes de la pandemia por razones económicas o por la crisis sociopolítica.

La situación la sufrían en silencio al menos 1.871 nicaragüenses, hasta que en junio pasado un grupo de 93 trabajadores de la estadounidense Carnival Cruise Lines, varados en el crucero Carnival Glory, en el mar Caribe, enviaron un video, en el que aparecían sosteniendo un enorme cartel con la frase “Somos nicas, déjenos entrar”, dirigida a Ortega.

Aunque ya se sabía de un grupo de 92 nicaragüense procedentes de El Salvador que había quedado varado en la frontera de Nicaragua con Honduras desde inicios de abril, el cartel desencadenó las denuncias de casos similares en Barbados, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Islas Caimán, Honduras, y Panamá.

INTEMPERIE Y CARIDAD

Reportes de nicaragüenses durmiendo a la intemperie o viviendo de la buena voluntad de personas que se apiadaban de ellos empezaron a aparecer en videos compartidos en redes sociales.

Incluso los trabajadores de los cruceros internacionales, que no son migrantes sino que pasan embarcados varios meses ahorrando el dinero ganado para sostener a sus familias, afirmaron que se habían quedado sin sus ahorros, tras pagar hospedaje y alimentos en algunas islas del Caribe.

Si bien el régimen orteguista, que no ha cerrado las fronteras por la pandemia, finalmente dejó pasar a 44 miembros del grupo que procedía de El Salvador, mantuvo su posición de no permitir el ingreso de nicaragüenses, hasta que unos 1.180 de estos se plantaron en la terminal de Albrook, Panamá, decididos a regresar con sus familias.

Pero incluso tras llegar a un acuerdo con las autoridades de Panamá y Costa Rica para dejar entrar a los nicaragüenses de Albrook de 100 en 100 cada ocho horas, Ortega luego se echó para atrás, y estableció que debían ingresar cada 14 días, hasta que finalmente accedió a que ingresaran los martes y viernes, según la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH).

“Hay ausencia total de autoridad del Estado en el abordaje de este problema. Hay una omisión delictiva. La CPDH lamenta la actitud negligente e indolente de nuestras autoridades”, dijo el abogado de la organización, Pablo Cuevas.

REPATRIACIÓN “ORDENADA”

Rosario Murillo ha explicado que su régimen no ha negado el ingreso de los nicaragüenses, sino que ha establecido un proceso de repatriación “ordenado”.

Aunque el régimen no ha informado de nuevos requisitos para que sus nacionales ingresen al país, las autoridades han mencionado en diferentes ocasiones que cada nicaragüense que quiera volver debe presentar una prueba de COVID-19 negativa, costear su traslado a Nicaragua, el pago de gastos operativos, alimentación, transporte hasta sus viviendas, y garantizar una cuarentena de 14 días.

Hasta ahora unos 436 nicaragüenses han logrado llegar a sus casas, pero los que permanecen en Barbados, Islas Caimán o en altamar, así como algunos de los que están en Honduras y Costa Rica, sostienen que el régimen de Ortega les niega la entrada o les retrasa la fecha de los vuelos, sin dar explicación.

Los de Panamá se han mostrado inquietos desde que fueron trasladados a dos albergues en Chiriquí, donde agradecen el trato y la comida que reciben de los panameños, pero se quejan de hacinamiento, y de la lentitud con que las autoridades de Nicaragua admiten su ingreso.

Los de Guatemala no están mejor. Según la organización no gubernamental Cristosal, dedicada a promover los derechos humanos en ese país, más de 40 nicaragüenses llevan varios días en la frontera con Honduras, viviendo “a la intemperie, con alimentos limitados, sin acceso a baños y otras condiciones indispensables”.

Según Cristosal, todo lo que necesitan los nicaragüenses varados es “una carta del Gobierno de Nicaragua en la que se comprometa a dejar que sus ciudadanos entren a su territorio”.

*Con información de EFE

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