Mayores adversidades internacionales

*Por Edmundo Jarquín

Aumentan las adversidades internacionales a la dictadura de Ortega. Solamente así puede llamarse a la reciente resolución del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas condenándolo, esta misma semana, desde Ginebra.

Resoluciones semejantes han sido adoptadas anteriormente, desde la masacre de abril en 2018, sin ninguna trascendencia, en términos prácticos, juzgarán algunos. Y, en verdad, lo anterior es cierto a medias, no totalmente, porque no se valoran suficientemente las consecuencias del aislamiento político internacional.

Pero en el caso de esta resolución hay una diferencia significativa: la posición de los gobiernos de Argentina y México que respaldaron la resolución, mientras Cuba, Venezuela y Bolivia votaron en contra. Argentina y México, en resoluciones semejantes, antes se habían abstenido.

Existe el resurgimiento de la “ola rosa”, como se ha llamado al reciente triunfo de gobiernos progresistas en Argentina, México, Bolivia y, se anticipa, Ecuador. Forma parte de esa tendencia la habilitación política de Lula, en Brasil. Esta semana el Presidente de Bolivia, Luis Arce, visitó México, y se habló en las noticias de la construcción de un eje progresista de gobiernos. Que de ese “eje progresista”, gobiernos como Argentina y México voten a favor de una condena al gobierno de Ortega en Nicaragua, profundiza el aislamiento político del mismo. Y el Presidente Arce se habrá enterado de la noticia, y las razones que tuvo México para respaldar la resolución del Consejo, en Ginebra.

Inmediatamente después de la Guerra Fría, entre capitalismo y comunismo, hace 20 años, se constituyó el Foro de São Paulo, como expresión de los partidos progresistas o de izquierda en América Latina. Ese Foro tenía mucha influencia de Cuba, y la participación del FSLN era plena. Hace dos años se constituyó, con importantes variantes, el Grupo de Puebla, muy patrocinado por Morena, el partido mexicano del gobernante López Obrador, y el peronismo del Presidente Fernández, en cuya toma de posesión se volvieron a reunir. Entre esas variantes, ni Cuba ni el FSLN participan del Grupo de Puebla.

El otro tema tiene que ver con la trascendencia de resoluciones como las comentadas al principio. Con todo y las limitaciones coercitivas o compulsivas del derecho internacional, que no tiene policía o fuerzas del orden que obliguen al cumplimiento de sus decisiones, el simple aislamiento político internacional que acompaña a sus resoluciones, tiene consecuencias prácticas. Difícilmente se adoptarían sanciones bilaterales o multilaterales, al margen de esas resoluciones.

Pero esa resolución también tiene otra implicancia en términos de la situación interna de Nicaragua. En 2018 estallaron los agravios que el régimen de Ortega había acumulado en contra de diversos sectores. Desde entonces, esos agravios se han profundizado, y solamente así se explica la estabilidad represiva que vivimos, y que solamente es muro de contención de otro estallido de protestas.

Hay quienes alegan que Ortega es, en últimas e independientemente de consideraciones morales, factor de estabilidad. ¿Es esta, acaso, la estabilidad que Ortega ofrece hacia el futuro, a base de represión? ¿Volverá la confianza inversionista, con policías y retenes, para contener las protestas? ¿Con el actual Estado de Sitio? ¿Volverán los préstamos de las instituciones financieras internacionales, más allá de la pandemia y los huracanes, si se mantiene la violación de derechos humanos, y se impiden elecciones libres, como señala esa resolución del Consejo de Derechos Humanos de la ONU?

Esa es la pregunta de fondo que debemos hacernos, si del futuro se trata.

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