En un esfuerzo por preservar la memoria y reflexionar sobre los desafíos actuales del periodismo independiente en Nicaragua, Galería News, La Sala, Mujeres en la Redacción y el Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM) organizaron un conversatorio para platicar de manera profunda sobre el caso de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro (FVBCH) y su impacto en la prensa nicaragüense.
La acusación de lavado de activos contra la FVBCH, y posteriormente las citaciones a numerosos periodistas, no fue solo un golpe legal, sino una estrategia política evidente. Según Álvaro Navarro, director de Artículo 66, lo que ocurrió fue «la gran confesión que hizo el régimen de que era un caso político, que tenía esas pretensiones, pero sobre todo también la gran derrota». Este proceso, que tuvo lugar a finales de mayo e inicios de junio de 2021, llevó a que la mayoría de los periodistas nicaragüenses tuvieran que exiliarse. La maniobra fue descrita como «política abusiva» que pretendía «silenciar y someter a un país entero».
Durante el conversatorio, los participantes compartieron sus experiencias directas de esos días de incertidumbre y persecución. Yelsin Espinoza, periodista y cofundador de Nicaragua Actual, relató su regreso a Nicaragua en 2020 después de un exilio previo, lo que le permitió ser parte de estos eventos que «marcan la historia nicaragüense desde el foco de los periodistas y los comunicadores». Pese a los «golpes, patadas, insultos y ofensas» que recibieron, él calificó como un «privilegio haber estado ahí».


El periodismo nicaragüense demostró una fortaleza y una unidad sin precedentes en ese período. Las habituales rivalidades entre medios individuales por la primicia desaparecieron. «El periodismo nicaragüense en ese momento, en ese fragmento de la vida, entendió que era unido o destruido, así decimos. Y como el periodismo se unió, al periodismo nicaragüense no lo lograron destruir». La voz sincera de los periodistas citados se convirtió en la «única arma» para «desmontar» y «aniquilar por completo las intenciones de desacreditar al periodismo independiente».
Las escenas diarias en las afueras del Ministerio Público eran de constante hostigamiento. Espinoza recordó jornadas «ajetriadas, con hambre, asoleado», cargando equipos y enfrentando «vapuleadas» y «amenazas constantes» de la policía. Sin embargo, la resiliencia del periodista nicaragüense lo llevó a convertir «esas situaciones complejas en risa», burlándose de la «acción inválida, infructuosa, estéril de la policía sandinista». Esta capacidad de resistencia y desafío fue palpable.
El fotoperiodista Óscar Navarrete compartió su preparación mental ante la citación, comparándola con experiencias de alto riesgo en su vida profesional, como la guerra de los 80. Su convicción era clara: «delincuente son ellos, no soy yo. Si me llevan al banquillo es por hacer bien mi trabajo». Esta mentalidad fue crucial para enfrentar los interrogatorios agresivos y «rafagueos de preguntas», demostrando que los periodistas estaban allí para «defender ese derecho que tenía la ciudadanía de informarse», no como «agentes políticos».
A pesar del exilio forzado, la mayoría de los periodistas nicaragüenses no se han callado. La resiliencia y la «fortaleza espiritual» de la prensa nicaragüense han permitido que continúen su labor, exponiendo la realidad del régimen. Como se destacó en el conversatorio, este exilio ha sido, paradójicamente, una «gran derrota» para la dictadura, ya que los periodistas han seguido haciendo su trabajo y dejando al descubierto la naturaleza abusiva de las maniobras políticas.
Esta reflexión ofrecida a partir del corto documental “La verdad no se exilia, periodistas nicaragüenses frente a la persecución”, producido por Galería News, subraya la importancia de la memoria histórica del periodismo nicaragüense, no solo para recordar la persecución, sino para reconocer la indomable voluntad de informar que persiste, tanto dentro como fuera de las fronteras de Nicaragua.
