El régimen Ortega-Murillo ordenó la instalación de otros diez “árboles de la vida”, las estructuras metálicas promovidas por la co-dictadora Rosario Murillo como símbolo de su poder, con motivo de la conmemoración en enero de los 19 años que ella y su esposo, Daniel Ortega, cumplen en el poder.
Murillo anunció que las nuevas estructuras serán encendidas el próximo 10 de enero y estarán ubicadas en distintos puntos del país.
En Managua se colocarán en El Crucero, la entrada del Estadio Dignidad, la Loma de Tiscapa —donde se instalarán dos—, la Pista Héroes de la Insurrección en el retorno hacia el mercado Israel Lewites y en el Museo Héroes de la Cuesta El Plomo.
También se instalarán en Matagalpa, Ciudad Darío, Masaya, Niquinohomo y Diriamba, en Carazo.
“Vamos a estar encendiendo, en la celebración de los 19 años del Pueblo Presidente, diez Árboles de la Vida”, afirmó Murillo, quien describió la medida como parte de lo que denominó la “segunda etapa de la Revolución”.
Las estructuras, conocidas popularmente como “arbolatas” o “chayopalos”, miden entre 15 y 20 metros de altura y están fabricadas con acero, hierro y cemento.
Su instalación representa un gasto significativo para el erario público. Según investigaciones periodísticas estas estructuras tienen un costo aproximado de 25.000 dólares cada una, lo que implica un gasto de alrededor de cinco millones de dólares.

Con los diez nuevos árboles anunciados, el desembolso podría incrementarse en al menos 250.000 dólares adicionales.
Datos recopilados indican que entre junio y diciembre de 2024 el régimen instaló 97 “árboles de la vida” en 25 municipios del país, con un costo estimado de 1.9 millones de dólares, sin incluir el gasto mensual de electricidad, que ronda los 200.000 dólares.
Sin embargo, estos montos no aparecen registrados en el presupuesto de la Empresa Nacional de Transmisión Eléctrica (Enatrel), entidad encargada de su instalación a nivel nacional.
En 2017, el costo individual de cada “chayopalo” se estimaba en unos 20.000 dólares, sin contabilizar electricidad, mantenimiento ni seguridad. En la actualidad, el precio de cada estructura puede oscilar entre 25.000 y 40.000 dólares, dependiendo de su tamaño, mientras que su peso varía entre 9 y 12 toneladas.
Durante la rebelión cívica de 2018, los “chayopalos” se convirtieron en blanco de la protesta popular, al ser vistos como un símbolo del régimen Ortega-Murillo. El primero de estos armatostes fue derribado el 20 de abril de ese año y, en los días siguientes, al menos otros 22 fueron destruidos en distintos puntos del país.
Pese a ese antecedente y a las críticas por el uso de recursos públicos en medio de una profunda crisis económica y social, el régimen continúa expandiendo la instalación de estas estructuras como parte de su narrativa simbólica y política en el espacio público nicaragüense.
