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Purgas en el poder: el “boomerang” interno que expone la fragilidad del régimen Ortega-Murillo

Las purgas dentro de la estructura de poder en Nicaragua no son hechos aislados ni decisiones improvisadas. Son, según la analista Elvira Cuadra, parte de una estrategia premeditada para reconfigurar completamente el control político en torno a la familia Ortega-Murillo.

Sin embargo, este proceso, lejos de consolidar el poder, estaría generando un efecto contrario: más descontento interno y una creciente fragilidad del régimen.

Cuadra, directora del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM), advierte que estas “razias políticas” se han intensificado en los últimos meses como parte del proceso de sucesión dinástica que busca trasladar el poder desde Daniel Ortega hacia Rosario Murillo y su círculo más cercano.

Estas purgas no son voluntariosas, son premeditadas. Tienen como propósito reconfigurar completamente la estructura de poder alrededor de la familia Ortega-Murillo”, explicó.

Una reconfiguración forzada del poder

El análisis señala que este proceso responde a una lógica típica de regímenes autoritarios: sustituir cuadros no por criterios institucionales o meritocráticos, sino mediante desplazamientos abruptos, castigos ejemplarizantes y lealtades absolutas.

Desde 2023, las purgas se han hecho visibles con cambios en el Poder Judicial y se han extendido a otras instituciones clave. Figuras históricas del sandinismo y operadores del aparato estatal han sido destituidos, encarcelados o sometidos a arresto domiciliario.

Entre los casos más notorios se encuentran nombres vinculados al control económico del régimen, lo que, según Cuadra, revela un objetivo claro: asegurar el dominio de áreas estratégicas bajo una nueva configuración de poder alineada con Murillo.

Las personas que estaban en el círculo de poder no todas son de confianza de quienes están asumiendo la batuta. Por eso las están cambiando, muchas veces de forma dura y pública”, sostuvo.

El poder concentrado en Rosario Murillo

Para la analista, el proceso de purgas está directamente ligado a la consolidación de Rosario Murillo como figura central del poder en Nicaragua.

Aunque formalmente el régimen se presenta bajo estructuras partidarias, Cuadra asegura que en la práctica se trata de un proyecto político familiar, donde las decisiones estratégicas y operativas pasan por Murillo.

Hay una vocación de poder totalitaria. Es ella quien maneja los hilos del aparato estatal y quien marca la pauta incluso a otros integrantes de la familia”, afirmó.

Ese control, añadió, se extiende desde las decisiones de alto nivel hasta aspectos cotidianos del funcionamiento estatal, reflejando un modelo altamente centralizado y vertical.

El “boomerang” de las purgas

Uno de los puntos más críticos del análisis es el efecto que estas purgas están generando dentro del propio aparato estatal.

Aunque inicialmente provocan temor entre funcionarios y cuadros políticos, Cuadra advierte que ese miedo se transforma en descontento, enojo e insatisfacción acumulada.

En un primer momento generan temor, pero también profundizan el malestar. La gente se da cuenta de que ni siquiera la lealtad absoluta garantiza su seguridad”, explicó.

Ese fenómeno, señala, convierte las purgas en un “boomerang político”: una herramienta diseñada para consolidar el poder que, en la práctica, erosiona la cohesión interna del régimen.

Testimonios recogidos por el Centro de Estudios indican que el descontento es particularmente fuerte en estructuras locales, como alcaldías e instituciones públicas en los territorios.

Inevitablemente va a surgir algún nivel de insubordinación. La gente no puede vivir permanentemente bajo ese tipo de presión”, advirtió.

Un régimen bajo presión interna y externa

El contexto internacional también juega un papel clave en este escenario. Cuadra señala que los cambios geopolíticos recientes, junto con una mayor presión de Estados Unidos, han modificado las condiciones en las que opera el régimen nicaragüense.

A esto se suma el impacto de eventos regionales y la reconfiguración del poder en países aliados, lo que aumenta la incertidumbre sobre la estabilidad del proyecto político de Ortega y Murillo.

Sin embargo, advierte que el régimen también podría buscar negociar para mantenerse en el poder, replicando dinámicas observadas en otros países de la región.

Oposición fragmentada, pero con consensos

En paralelo, la oposición continúa intentando articular una ruta de transición democrática. Aunque persisten divisiones, Cuadra identifica consensos de fondo que se han mantenido desde 2018: justicia, democracia y restitución de derechos.

El cambio en Nicaragua será a través de la acción cívica. Eso no ha variado”, afirmó.

No obstante, reconoce que el principal desafío sigue siendo la construcción de una unidad efectiva entre actores diversos, con diferencias ideológicas y trayectorias distintas.

Un escenario abierto

A ocho años de la rebelión cívica de abril de 2018, el país se encuentra en un momento que Cuadra describe como crítico.

El proceso de sucesión dinástica, las purgas internas, el descontento acumulado y la presión internacional configuran un escenario incierto, en el que el régimen enfrenta tensiones tanto internas como externas.

Es un momento de inflexión: puede significar la continuidad del proyecto autoritario o abrir una oportunidad para una transición democrática”, concluyó.

En ese contexto, las purgas, lejos de ser una muestra de fortaleza, podrían estar evidenciando las grietas de un sistema que enfrenta cada vez más presiones desde dentro.