- La historiadora y exguerrillera analiza ante el medio vasco Radio Popular el deterioro político de Daniel Ortega, la inconstitucionalidad del ascenso de Rosario Murillo y las purgas como síntoma de debilidad.
- Téllez denuncia el uso de la estrategia de la “puerta giratoria” con los presos políticos y el montaje gubernamental de incautaciones de droga sin detenidos para engañar a la comunidad internacional.
BILBAO, ESPAÑA – En una profunda y reveladora entrevista concedida al periodista Koldo Campo para la emisora vasca Radio Popular – Herri Irratia, la destacada historiadora, exguerrillera y desterrada política nicaragüense, Dora María Téllez, desgranó de forma analítica la compleja realidad de Nicaragua, asegurando que el país se debate bajo una dictadura feroz que, detrás de su apariencia de control absoluto, esconde una profunda debilidad institucional y un miedo latente al colapso.
El declive de Ortega y la ilegalidad de Murillo
Durante su intervención, Téllez analizó las implicaciones del deterioro físico y mental del dictador Daniel Ortega, así como el acelerado ascenso de su esposa, Rosario Murillo, en la estructura formal del Estado mediante las reformas constitucionales. La opositora enfatizó el carácter dinástico e ilegítimo de este traspaso de funciones.
“El traspaso de poder total a Rosario Murillo va a acelerar el proceso de descomposición interna. Ella no tiene el ascendente que tenía Daniel Ortega y que el propio Ortega ya ha perdido. Esta reforma constitucional no la habilita como copresidenta legítima porque no fue electa por el pueblo… todo eso es pura ilegalidad”.
Añadió que la aparente rigidez del régimen se debe a que ya no posee herramientas de consenso político, sosteniéndose únicamente a través del uso de la fuerza coercitiva: “Es un régimen que se sostiene exclusivamente por las armas y el aislamiento, lo que incrementa su inestabilidad a mediano plazo”.
La estrategia de la “puerta giratoria” y las capturas internas
Téllez abordó con rigor la situación de los derechos humanos y la táctica represiva aplicada contra la sociedad civil y los propios funcionarios del Estado. Explicó que el encarcelamiento ya no se limita a los bloques opositores tradicionales, sino que se ha extendido hacia el interior de las propias filas del Frente Sandinista, motivado por la paranoia de la cúpula frente a posibles disidencias o traiciones.
“Antes el régimen solo iba a por nosotros [la oposición]. Ahora los funcionarios públicos están siendo capturados, vigilados y apresados. Es una táctica de terror interno que delata el pánico de Rosario Murillo a las traiciones en los cuadros medios”.
Al evaluar la situación de las personas presas políticas, la exministra de Salud denunció que la dictadura manipula los encarcelamientos como fichas de negociación internacional mediante un perverso mecanismo de flujo continuo:
“El régimen utiliza una estrategia de ‘puerta giratoria’ con los presos políticos. Esta táctica busca aliviar la presión internacional de manera superficial, deteniendo a nuevas personas para sustituir a las que se ve obligado a excarcelar, lo cual constituye una tortura permanente para toda la sociedad nicaragüense”.
Montajes frente al narcotráfico y aislamiento internacional
Uno de los puntos más agudos y novedosos de la entrevista fue la advertencia de Téllez sobre el papel del aparato estatal frente a flagelos internacionales como el crimen organizado y el narcotráfico en la región centroamericana. Según la historiadora, el régimen ejecuta fachadas para maquillar su complicidad y aislamiento exterior.
“El gobierno realiza recurrentes montajes de supuestas incautaciones de grandes cantidades de droga, pero curiosamente ocurren sin que haya un solo detenido. Es una maniobra burda hecha únicamente para complacer la mirada de los Estados Unidos y fingir una cooperación que en la práctica no existe”.
Justicia y memoria para una transición real
Finalmente, al proyectar el futuro de Nicaragua, Dora María Téllez descartó la viabilidad o el deseo de una salida armada, reiterando que la transición democrática debe cimentarse estrictamente en la justicia institucional, la memoria histórica y la rendición de cuentas, para evitar repetir los ciclos dictatoriales del pasado.
“Cualquier salida tiene que pasar por una justicia mínima. No puede haber una solución política sin justicia. La investigación de los crímenes de lesa humanidad hay que hacerla con toda claridad y deslindar responsabilidades; de lo contrario, los nicaragüenses no habremos aprendido nada de nuestra propia historia”.
La crisis social y económica como detonante
Finalmente, la líder política recordó que la vulnerabilidad de la dictadura no es solo política, sino que está respaldada por un descontento social generalizado debido a la asfixia económica que vive la población nicaragüense bajo el actual modelo dinástico.
“Todos nuestros problemas tienen que ver con la existencia de una familia convertida en una dictadura total que provoca desempleo, provoca salidas de empresas y mantiene elevado el costo de la vida, porque en Nicaragua el costo de la vida es altísimo”.
La entrevista concluyó con un llamado a las fuerzas de oposición y a los sectores democráticos a identificar y capitalizar este momento de «gran oportunidad» para forzar una transición hacia la democracia y la justicia, elementos indispensables para resolver la crisis de raíz.
