El anuncio de la co-dictadora Rosario Murillo sobre la llegada de Daniel Augusto, su nieto número 31, no pasó desapercibido. Lo que comenzó como una felicitación por el nacimiento del hijo de Camila Ortega Murillo terminó convirtiéndose en una larga enumeración pública de 31 nietos y nueve bisnietos, transmitida desde los medios de la propaganda del régimen.
Para la opositora y activista Haydée Castillo, el anuncio sobre el nieto número 31 revela algo más profundo que una celebración familiar: evidencia una lógica de poder centrada en una sola familia y proyectada desde el Estado.
“Es un régimen con prácticas dinásticas y pretensiones monárquicas, que comunica asuntos familiares como si se tratara de acontecimientos de Estado”, afirmó Castillo en una declaración enviada a La Mesa Redonda.
Según la opositora, la dictadura Ortega-Murillo ha construido una imagen donde la familia aparece ligada al aparato estatal, reproduciendo símbolos asociados a continuidad hereditaria del poder.
“Una dictadura de corte dinástico que busca proyectar una imagen de realeza política ante la población. Un poder autoritario que ha confundido las instituciones del Estado con el patrimonio familiar”, sostuvo.
Castillo agregó que el modelo político impulsado por Ortega y Murillo funciona bajo una estructura personalista que normaliza comportamientos propios de monarquías hereditarias.
“Es un régimen personalista que reproduce símbolos y comportamientos propios de las monarquías hereditarias. Una estructura de poder familiar que pretende normalizar una lógica sucesoria y cuasi monárquica”, señaló.

A juicio de la activista, la difusión oficial del nacimiento y la extensa enumeración pública de nietos y bisnietos no constituye un acto casual.
“Es un régimen que instrumentaliza la propaganda estatal para presentar acontecimientos privados de la familia gobernante como asuntos de interés nacional”, afirmó.
Asimismo, considera que el mensaje resulta especialmente sensible en una Nicaragua donde cientos de miles de personas han migrado, decenas permanecen encarceladas por razones políticas y numerosas familias fueron fracturadas tras la represión iniciada en 2018.
“Si hay alguien que no tiene la autoridad moral para hablar de unidad familiar y de amor por los nietos es la pareja dictatorial de Nicaragua. Ellos son responsables de que más 800,000 nicaragüenses alrededor del mundo se hayan visto obligados a dejar a sus familias producto de la persecución y represión política”, cuestionó Castillo.
Las declaraciones ocurren después que Murillo dedicara varios minutos de su intervención diaria a enumerar nietos y bisnietos, describiendo a la familia como una “gran bendición” y vinculando el nacimiento con valores de servicio y amor hacia Nicaragua.
El mensaje fue leído por sectores críticos como otra muestra de cómo la familia Ortega-Murillo continúa ocupando un lugar central dentro del discurso oficial.
Durante años, hijos del matrimonio han mantenido influencia en áreas vinculadas a medios oficialistas, promoción internacional, producción audiovisual, representación diplomática y otros espacios estratégicos.
“No estamos viendo solamente a una abuela celebrando”
La opositora Yaritzha Mairena coincide en que el anuncio no puede interpretarse únicamente como una noticia familiar.
“No estamos hablando solamente de una abuela celebrando el nacimiento de un nieto. Estamos viendo cómo un hecho privado es convertido en un mensaje de Estado, transmitido a través de un aparato oficial”, sostuvo.
Para Mairena, la exaltación pública de la descendencia Ortega-Murillo ocurre dentro de una lógica donde familia, religión y poder político aparecen constantemente mezclados.

Explicó además que el cuestionamiento no debe dirigirse hacia los menores de edad pertenecientes a la familia gobernante.
“Los niños no son responsables de la situación política de Nicaragua. La crítica no debe dirigirse hacia los nietos o bisnietos. El problema es el uso político de la familia y la manera en que el Estado ha sido convertido en una extensión de un clan familiar”, señaló.
Mairena sostiene que Murillo construye reiteradamente una narrativa que presenta al sandinismo como un proyecto casi hereditario.
Recordó incluso referencias recientes de Daniel Ortega y Rosario Murillo a vínculos históricos o familiares con figuras del sandinismo, reforzando una idea de continuidad simbólica.
Así, el nacimiento del nieto número 31 abrió nuevamente una discusión más profunda que la celebración de un nuevo integrante familiar: el papel que juega la familia Ortega-Murillo dentro de una estructura política señalada por concentrar poder alrededor de un solo clan.
