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Manuel Orozco alerta: “El costo político de la inacción hoy es la pérdida absoluta del futuro de Nicaragua”

SAN JOSÉ, COSTA RICA. En una profunda y analítica entrevista concedida al programa La Mesa Redonda el doctor Manuel Orozco, director del Programa de Migración, Remesas y Desarrollo del Diálogo Interamericano, lanzó una severa advertencia sobre el rumbo actual de Nicaragua y la urgente necesidad de reactivar la resistencia cívica mediante un método estratégico y ordenado.

En el programa, Orozco expuso y amplió las tesis de su más reciente artículo de opinión, situando la crisis nicaragüense no como un hecho aislado, sino como el microcosmos de un enredo global caracterizado por la proliferación de autoritarismos, la crisis moral y lo que los sociólogos denominan «tiempos líquidos», donde la velocidad de los acontecimientos y la superficialidad de las redes sociales terminan por paralizar a los ciudadanos.

El microcosmos nicaragüense: Adaptación y orfandad política

Para el politólogo, el régimen dinástico en Nicaragua ha logrado infundir un estado de congelamiento social donde impera la delación y la represión, provocando que el ciudadano promedio intente evadir la realidad bajo la premisa de «yo no hablo de política». Orozco matizó la figura del poder actual al definir a Rosario Murillo no como una líder legítima, sino como una «gerente» que administra el control económico y la captura del Estado.

Ante este panorama, el nicaragüense atraviesa una severa crisis de conciencia. Al no encontrar referentes claros ni espacios seguros, la sociedad se debate entre la negación, la aceptación resignada o la mera adaptación a las injusticias materiales y políticas cotidianas.

Redefinir las «Fuerzas Cívicas»

Uno de los puntos medulares abordados en La Mesa Redonda fue la necesidad de redefinir conceptualmente a los actores del cambio. Orozco aclaró que las «fuerzas cívicas» no deben reducirse únicamente a los liderazgos autoconvocados o a estructuras políticas tradicionales, sino a cualquier persona o sector —dentro o fuera del país— que reconozca la actual «orfandad política» de la nación y posea la voluntad real de aportar al cambio.

El analista insistió en que el objetivo no es alcanzar una «unidad de fachada» o un consenso unánime de pensamiento, lo cual ha demostrado ser inviable en el pasado, sino convocar a los sectores clave —incluyendo al empresariado, el clero, los profesionales, la activa diáspora e incluso a los disidentes de los círculos de poder— a un diálogo maduro y frontal.

Un diálogo estratégico basado en la confianza mutua

La propuesta concreta de Orozco radica en estructurar un espacio de mediación que permita identificar tres elementos esenciales agrupados de la siguiente manera: Puntos de referencia y objetivos comunes esto es; metas mínimas compartidas para salir de la dictadura. Ante las diferencias irreconciliables Orozco propone reconocer con honestidad en qué no se está de acuerdo para evitar rupturas posteriores y como tercer punto alcanzar treguas posibles que permitan acuerdos operativos para actuar de forma conjunta y coordinada como un bloque crítico.

«El propósito del diálogo consiste en crear confianza mutua. La confianza une y, al mismo tiempo, empodera para superar el miedo a movilizarse», se destacó en el programa. Asimismo, Orozco subrayó que para construir esta hoja de ruta es indispensable contar con información confiable y datos certeros que contrarresten la «anarquía informativa» y los discursos falsos que solo generan mayor confusión e inacción.

El peligro inminente de la inercia

Hacia el cierre del programa, la conclusión editorial compartida por Orozco apuntó a erradicar las falsas expectativas de que la crisis nicaragüense se resolverá por inercia, por el desgaste natural del régimen o exclusivamente por una intervención de la geopolítica internacional.

El principal reto actual es convencer a los liderazgos y a los ciudadanos «más dispuestos» a dar el paso hacia la presión estratégica. Aunque el riesgo político de actuar bajo un entorno dictatorial es innegable y sumamente alto, Orozco fue categórico al concluir que las consecuencias de mantenerse inmóviles son drásticamente mayores: «El costo político de la inacción y del silencio es, definitivamente, la pérdida absoluta del futuro de la nación».

Para ver la entrevista completa