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El Nuevo Herald: EEUU suspende programas de ayuda a la oposición en Cuba, Nicaragua y Venezuela

Recientemente, el Departamento de Estado de Estados Unidos tomó la decisión de suspender una serie de programas que brindaban apoyo a los activistas de la oposición, los presos políticos y los grupos religiosos en Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Esta medida ha generado inquietud y especulaciones sobre un posible giro en la política exterior estadounidense, que hasta ahora había mantenido un enfoque consistente en promover la democracia en países bajo regímenes autoritarios.

Según el medio estadounidense El Nuevo Herald, los recortes afectaron principalmente al Instituto Republicano Internacional (IRI), una organización vinculada al Partido Republicano, que manejaba 95 programas financiados por el Departamento de Estado y la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional (Usaid).

De estos, solo tres programas permanecen en pie, todos relacionados con Venezuela, los cuales quedaron en pausa en cumplimiento con una orden ejecutiva de Donald Trump que congela la ayuda exterior por 90 días.

Los programas fueron descontinuados tras una revisión del Departamento de Estado que concluyó que estos proyectos ya no eran considerados “de interés nacional” para Estados Unidos.

Los recortes afectan especialmente a las actividades de promoción de la democracia en América Latina. Al menos 18 programas que el IRI había estado apoyando en la región, especialmente en Cuba, Nicaragua y Venezuela, han quedado suspendidos o congelados.

En algunos casos, los grupos locales que dependían de esta ayuda ahora enfrentan la incertidumbre y el peligro de represalias por parte de los regimenes autoritarios.

El impacto no se limita al IRI, ya que el Instituto Nacional Demócrata, la contraparte del IRI vinculada al Partido Demócrata, ha sufrido una situación similar. Se estima que alrededor de 100 programas han sido cancelados, con un único proyecto sobreviviente en Venezuela.

Además, la Fundación Nacional para la Democracia (NED), que depende de fondos aprobados por el Congreso, también enfrenta dificultades, ya que no ha podido acceder a los recursos necesarios para continuar con sus iniciativas en la región.

Durante una audiencia en el Senado, el senador republicano Rick Scott expresó su preocupación por la falta de justificación para el gasto en programas de ayuda exterior, citando como ejemplo la falta de avances democráticos en Cuba y Venezuela a pesar de los esfuerzos previos.

Esta postura resalta la creciente división dentro de la política estadounidense sobre cómo abordar la crisis en América Latina.

Además, en una llamada con los empleados del IRI, su presidente, Daniel Twining, advirtió que estos recortes solo beneficiarían a los dictadores en Cuba, Nicaragua y Venezuela, y ponían en peligro años de trabajo en la región.

La representante estadounidense María Elvira Salazar expresó su preocupación sobre la necesidad de que cualquier inversión en ayuda exterior se alinee con los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos.

Cada dólar gastado tiene que responder a estas tres cosas: ¿hace que Estados Unidos sea más seguro, más fuerte y más próspero? He sido clara al respecto y le he pedido a la Administración Trump que restablezca rápidamente los programas para Cuba, Nicaragua y Venezuela que se alineen con nuestros intereses de seguridad nacional. Una América Latina libre y democrática significa unos Estados Unidos de América libres y democráticos”, dijo Salazar al medio estadounidense.

Sin embargo, su colega demócrata Debbie Wasserman Schultz criticó fuertemente a los republicanos por permitir que se destruyeran décadas de trabajo en la promoción de la democracia en estos países.

¿Un cambio en la estrategia de política exterior?

La suspensión de estos programas ha generado incertidumbre sobre el futuro de la política estadounidense hacia América Latina. Mientras que algunos funcionarios republicanos insisten en que seguirán apoyando la promoción de la democracia, especialmente en Venezuela, otros temen que el repentino cambio de enfoque pueda dejar a los opositores más expuestos y debilitar la capacidad de Estados Unidos para contrarrestar la influencia de actores externos como China en la región.

Este giro en la política exterior, que parece estar centrado en la reducción del gasto en ayuda exterior, plantea preguntas sobre la postura futura de Estados Unidos hacia gobiernos autoritarios y su compromiso con los valores democráticos en la región.