A siete años del estallido social de abril de 2018 en Nicaragua, la Red de Mujeres Pinoleras organizó el domingo 20 de abril, una feria cultural en San José, Costa Rica, como un acto de conmemoración y resistencia desde el exilio.
El evento reunió a decenas de personas de la comunidad nicaragüense migrante, así como a costarricenses solidarios, en una jornada marcada por la memoria histórica, el arte popular y el trabajo colectivo.

La actividad se desarrolló en un espacio abierto y seguro, en el que confluyeron expresiones culturales y emprendimientos liderados por mujeres nicaragüenses.
El programa incluyó presentaciones de danza folklórica a cargo del grupo “Raíces de mi Tierra”, que abrió la jornada con bailes tradicionales del Pacífico, del Norte y de la Costa Atlántica de Nicaragua. Con trajes coloridos y coreografías vibrantes, los bailes reafirmaron la riqueza cultural del país, en contraste con los discursos oficiales que insisten en una versión única de nación.

Más adelante, el público pudo disfrutar de presentaciones musicales de los artistas nicaragüenses Garcin, Olguita Acuña y Gabriel Beteta. Las letras de sus canciones abordaron temas como la migración, el desarraigo, la persecución política y la esperanza, conectando de forma directa con las emociones de quienes han sido forzados a salir del país.

La música, como muchas veces en el exilio, funcionó como herramienta de denuncia y afecto colectivo.
Uno de los momentos más llamativos fue la presentación de una obra de títeres del colectivo Rebrote, con un guion que aludió a la represión estatal y al impacto de la violencia política sobre las infancias. La puesta en escena provocó reflexiones sobre los silencios forzados que deja el exilio y la importancia de contar nuestras propias historias desde distintas formas de expresión.
La feria también ofreció un espacio de economía solidaria, con stands de venta de comida típica nicaragüense, chileros, cosmética natural, textiles, libros y bebidas artesanales de fresquito de miel.

Además de las expresiones artísticas, la feria incluyó un espacio de micrófono abierto. En ese espacio, la socióloga y feminista María Teresa Blandón compartió una reflexión desde el pensamiento crítico feminista sobre la importancia de transformar las estructuras de poder autoritarias, no solo en Nicaragua, sino también en los espacios donde se reorganiza la vida en el exilio.
Blandón hizo énfasis en que las luchas por la democracia no pueden desligarse de las luchas por la equidad de género y la justicia social.

Durante el mismo espacio, el politólogo y teólogo Javier Torrez compartió uno de sus poemas más recientes, en el que evocó la nostalgia, la rabia contenida y la fuerza colectiva que sostiene al exilio. Sus versos resonaron con fuerza entre las personas asistentes, muchas de las cuales también han vivido en carne propia el desarraigo y la persecución.
Asimismo, el escritor y periodista Arquímedes González estuvo presente ofreciendo su más reciente libro, una obra que recoge relatos sobre la represión, el exilio y la memoria, desde una perspectiva profundamente humana. González, quien ha documentado durante años los abusos del régimen Ortega-Murillo, destacó la importancia de escribir y leer como ejercicios de resistencia cultural y política.

La actividad se extendió por varias horas en un ambiente cargado de afecto, memoria y conciencia política. Para muchas personas asistentes, la feria fue también un espacio de contención emocional.
Desde la danza, la palabra, la gastronomía y la cerveza de miel artesanal para el calor, el exilio nicaragüense en Costa Rica continúa generando espacios de encuentro y denuncia.
La feria organizada por la Red de Mujeres Pinoleras no fue solo una actividad cultural: fue un acto de dignidad colectiva frente al autoritarismo, una forma de seguir resistiendo con lo que se tiene a mano, y de mantener viva la memoria de abril.
