A siete años del estallido social de abril de 2018, el dirigente opositor Héctor Mairena, miembro del Consejo Político de la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), afirmó que la insurrección cívica marcó un “antes y un después” en la historia de Nicaragua, y señaló como principal deuda de la oposición la falta de unidad frente a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
“Nada volvió a ser lo mismo después de abril del 2018 y de los meses subsiguientes, en ese momento el pueblo nicaragüense, todos los sectores de la ciudadanía nicaragüense se manifestaron en las calles demandando democracia, justicia y libertad; sin distintos de colores políticos, sin tener en cuenta las diferencias ideológicas, había ahí un grito común, demandas comunes”, expresó Mairena en una reciente entrevista con La Mesa Redonda.
Sin embargo, lamentó que esa cohesión inicial se haya diluido debido a la brutal represión estatal y a la dispersión de liderazgos forzada por el exilio y el encarcelamiento.
Actualmente, 52 personas se encuentran presas por motivos políticos, según indicó el dirigente, quien también denunció que el régimen mantiene una “puerta giratoria” en la cárcel, liberando y arrestando opositores de forma intermitente.
Mairena insistió en que la falta de unidad entre las fuerzas opositoras ha sido uno de los principales obstáculos en el camino hacia la democracia.
“Tenemos una deuda con el pueblo nicaragüense y tenemos una deuda con los asesinados, y sin ser retórico debo decir, tenemos una deuda con la historia ¿y cuál es la deuda principal? es que no hemos alcanzado la unidad de la oposición, es evidente”, señaló Mairena, para quien “lograr la unidad de las fuerzas opositoras va a acercar la hora de la conquista de la democracia”.
Atribuyó la falta de cohesión tanto a factores externos, como la represión y el sabotaje desde el oficialismo, como a errores internos de la propia oposición.
“Ha habido también sectarismo ideológico, nosotros hemos insistido a lo largo de estos 7 años en que el principal problema de Nicaragua es democracia versus dictadura. Y que más allá de las inevitables diferencias ideológicas que puedan existir entre diferentes fuerzas, ese problema hay que resolver”, subrayó.
Mairena señaló que “no es posible mantener ese sectarismo ideológico y que es necesario cohesionar a las fuerzas políticas en una unidad que no se puede idealizar”.
El dirigente también hizo un llamado a la comunidad internacional a intensificar las acciones diplomáticas, políticas y financieras contra el régimen, en línea con las recomendaciones del Grupo de Expertos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
“Necesitamos demandar todos en los distintos foros con un solo mensaje. Me refiero a la liberación de los presos políticos, que la dictadura de pruebas de vida de más de una decena de personas desaparecidas, necesitamos dar un solo mensaje a la comunidad internacional”, sostuvo.
Pese a los desafíos, Mairena se mostró optimista ante el surgimiento de una nueva generación de jóvenes nicaragüenses “con mayor claridad y conciencia democrática”, y reafirmó la necesidad de construir una alternativa política plural que pueda representar legítimamente al pueblo tanto dentro como fuera del país.
“La dictadura vive en un proceso de descomposición acelerado, está aislada nacionalmente, está aislada internacionalmente. Entonces hace falta que surja un sujeto político en el que nadie establezca hegemonías a priori para presentarlo como alternativa ante el pueblo nicaragüense que es quien al fin y al cabo lo legitima y ante la propia comunidad internacional como interlocutor”, declaró.
*Foto: La Prensa
