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“Ortega legaliza dictadura familiar en Nicaragua”, afirma CETCAM

El Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM) advirtió que Daniel Ortega y Rosario Murillo han legalizado una dictadura familiar en Nicaragua mediante una reforma constitucional impuesta, que concentra todo el poder en sus manos y prepara el camino para una sucesión dinástica.

En su más reciente boletín Perspectivas 181, CETCAM alerta que el régimen ha desmontado la institucionalidad democrática, eliminado la separación de poderes y consolidado un sistema autoritario que refuerza el control sobre la sociedad civil y perpetúa el poder en la familia Ortega Murillo.

En lo que analistas describen como la consolidación de una dictadura familiar sin precedentes en América Latina, el régimen de Daniel Ortega ha legalizado por completo su control absoluto sobre Nicaragua mediante una reforma constitucional impuesta desde la Asamblea Nacional.

La reforma constitucional, aprobada en enero de 2025, establece un nuevo modelo de “copresidencia” entre Ortega y Murillo, eliminando la separación de poderes y subordinando por completo al Legislativo, el Judicial, el Ejército y todas las instituciones del Estado a la voluntad del régimen.

Según el análisis de CETCAM, este cambio es el último paso de un plan trazado desde que Ortega regresó al poder en 2007.

La imposición de una nueva Constitución Política y las reformas subsiguientes a leyes fundamentales han configurado un andamiaje institucional que concentra el poder absoluto en la presidencia bicéfala, liquida la separación de poderes, convierte a todas las instituciones del Estado y los gobiernos locales y regionales en instrumentos de la voluntad de ambos dictadores”, señala el informe.

El documento subraya que este marco legal no sólo consolida la represión y el autoritarismo, sino que allana el camino para el traspaso del poder a Rosario Murillo en el corto plazo y, eventualmente, a sus hijos, lo que formaliza la creación de una dinastía política.

A pesar de la gravedad del nuevo orden institucional, el régimen mantiene la fachada democrática mediante elecciones periódicas, aunque completamente manipuladas.

Elecciones bajo control absoluto

Una de las reformas más significativas es la nueva Ley Electoral, diseñada para asegurar el dominio absoluto del FSLN y desmotivar la participación ciudadana.

Entre otras medidas, elimina el voto en el exterior, prohíbe la fiscalización independiente, restringe la creación de partidos políticos y permite el uso de bienes del Estado en propaganda oficialista.

Justicia sin independencia

El nuevo marco legal elimina la independencia del Poder Judicial. Los “copresidentes” controlan el presupuesto, los nombramientos y destituciones, y ya no es necesario ser abogado ni cumplir con méritos profesionales para ejercer cargos judiciales.

Todo el aparato judicial ha sido subordinado directamente al Ejecutivo, tras una purga de funcionarios no alineados con el régimen.

Militares subordinados y paramilitares en ascenso

La reforma también consolida el control sobre el Ejército. El jefe militar, general Julio César Avilés, ha sido reelegido por cuarta vez, y se han establecido figuras como la “Reserva Patriótica”, compuesta por exmilitares y civiles bajo disciplina militar, con la misión de reprimir cualquier expresión opositora.

El nuevo Código Militar consolida el control del régimen sobre el ejército e inaugura la subordinación a Murillo como copresidenta. Este cambio asegura que, ante la eventual falta de Ortega, Murillo se erija como única jefe del ejército, sustituyendo desde ahora la hegemonía que aquel ha tenido sobre el aparato militar”, apunta CETCAM.

Sin legitimidad ni estabilidad

A pesar de los esfuerzos por revestir de legalidad la dictadura, CETCAM advierte que el nuevo orden no tiene legitimidad ni garantiza estabilidad.

Las reformas imponen un modelo estatal absolutamente centralizado, que podría colapsar ante la sucesión generacional o cualquier fractura interna en el poder.

Esta seudo legalidad no tiene legitimidad, ni asegura la continuidad a la que aspiran los dictadores, tampoco le procuran estabilidad al sistema diseñado, de tal forma que difícilmente sobrevivirá el traspaso del poder a la nueva generación de los Ortega Murillo, si no es que el régimen entra en crisis antes”, concluye el informe.