La represión sistemática contra la libertad académica en América Latina fue el eje central del webinar “Academias, ideologías y libertad académica”, organizado por el Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM), junto con Aula Abierta, el Grupo de Análisis Político y Gobierno Abierto (GAPAC) y el Observatorio de Libertad Académica (OLA).
En el evento participaron académicos de Nicaragua, Cuba, Venezuela, México y Canadá, quienes alertaron sobre las crecientes restricciones a la autonomía universitaria y al pensamiento crítico en contextos autoritarios y democráticos.
Desde Nicaragua, Elvira Cuadra, directora de CETCAM, advirtió que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha cancelado la personería jurídica de más de 37 universidades, muchas de las cuales fueron luego confiscadas y colocadas bajo control estatal.
Estas acciones afectaron a más de 40,000 estudiantes y a una parte significativa del personal docente.
Además, Cuadra denunció el cierre de todos los centros independientes de investigación y análisis, especialmente aquellos enfocados en derechos humanos, ciudadanía y democracia.
En Cuba, la situación es similar. La profesora Anamely Ramos, expulsada arbitrariamente de la Universidad de las Artes, explicó que la vigilancia sobre docentes es parte de un aparato de control estatal.
“El monitoreo comienza con lo que un profesor dice en el aula. Agentes de la inteligencia cubana están atentos a que no se les escape una situación”, detalló.
Desde Venezuela, Aula Abierta denunció el desmantelamiento económico del sistema universitario.
“Las universidades tienen presupuestos que incluso son menores al 1 % de lo que necesitan anualmente”, señaló su representante, quien agregó que los salarios docentes no alcanzan ni para cubrir la canasta básica, lo que constituye una forma deliberada de precarización.
En México, el académico Raudel Ávila describió un fenómeno distinto pero igualmente problemático: “La academia no está capturada, está seducida por el régimen. Eso le impide ejercer sus facultades críticas”, dijo en referencia al gobierno actual.
Isaac Nahon, desde Canadá, advirtió que incluso en democracias consolidadas se percibe un clima de restricción: “Por razones ideológicas, políticas o de otro tipo, busca limitar los temas sobre los que se puede hablar, cómo se puede hablar e incluso quién debería o no participar en un evento académico”.
Propuestas para defender la libertad académica
Ante este panorama, los participantes coincidieron en la urgencia de articular estrategias comunes.
Ramos propuso constituir una red de apoyo mutuo y trazar un mapa de los patrones represivos en la región.
Cuadra, por su parte, propuso cuatro líneas de acción: sostener la producción de conocimiento crítico, crear espacios alternativos para la investigación, fomentar redes académicas y asegurar el financiamiento de la labor intelectual.
“La lucha por la libertad académica trasciende ideologías”, concluyó Cuadra, “porque al defenderla, también defendemos los derechos humanos y la democracia en nuestra región”.
