Los devastadores efectos que el coronavirus COVID-19 ha tenido en Italia son tal letales que superó a China –país donde se originó la enfermedad—en el número de muertos a causa de este virus, convirtiéndose actualmente en la nación más golpeada por la pandemia.

A pesar de que Italia tiene uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, alrededor del 8% de los infectados con COVID-19 está muriendo, este miércoles llegó a los 7.503 y 74.386 contagios.

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El pasado lunes 23 de marzo, Carlos Sáenz, secretario general del Ministerio de Salud (MINSA), aseguró que el sistema de salud en Nicaragua “está preparado” para afrontar la pandemia del COVID-19, agregando que “esperan no llegar al escenario tipo Italia”. Estas declaraciones contrastan con lo poco o nada que el régimen de Daniel Ortega ha hecho para evitar la propagación de la enfermedad, por lo que Nicaragua sí podría ser una segunda Italia.

A continuación, evidenciamos las causas de la tragedia italiana, las mismas –la mayoría peores– que está cometiendo el régimen orteguista en torno al COVID-19:

  • En Italia, muchos científicos sospechan que el número de contagiados es superior a lo que han detectado las autoridades sanitarias. En Nicaragua, ocurre lo mismo; médicos y analistas señalan que el régimen orteguista oculta el número de enfermos, pues Rosario Murillo asegura que solo hay dos casos confirmados y hasta la fecha no hay contagios locales.
  • En Italia, el gobierno de Guiseppe Conte tomó medidas drásticas para controlar la pandemia hasta el 9 de marzo cuando ya era demasiado tarde, puesto que había cientos de muertes y miles de contagios eran difíciles de rastrear. En Nicaragua, el régimen de Ortega no ha tomado ninguna medida para evitar la propagación del virus, simplemente afirma que está “vigilante” en las entradas del país, mismas por donde ingresaron los dos pacientes enfermos de coronavirus, burlando los controles sanitarios del MINSA.
  • En Italia, el distanciamiento social ocurrió de manera gradual. Primero cerraron las escuelas y luego se orientó el trabajo desde casa. En Nicaragua, Ortega o su mujer Rosario Murillo no han implementado la cuarentena, no han suspendido las clases, no han cerrado las fronteras y obligan bajo amenaza a los trabajadores del Estado a seguir laborando como si nada estuviera pasando.
  • En Italia, el sistema de salud pasa por una inmensa presión, y el personal médico enfrenta la pandemia sin preparación, pese a que se trata de uno de los mejores sistemas de salud del mundo. No hay suficientes médicos, ni espacio suficiente en las salas de cuidados intensivos, tampoco hay respiradores suficientes. En Nicaragua, el sistema de salud es deficiente. El MINSA indica que están “listos” 19 hospitales para atender a pacientes contagiados del virus, pero no menciona cuáles son argumentando que las personas podrían “congestionarlos”. No hay suficientes respiradores, no hay suficientes camas, los medicamentos están limitados o escasos.
  • En Italia, muchos médicos han denunciado que no cuentan con el material suficiente para protegerse y evitar así el contagio. Esto ha provocado que muchos doctores, enfermos, y personal médico en general terminaron contagiados. Los que están sanos tienen turnos más largos y extenuantes. En Nicaragua, los médicos han denunciado de forma anónima que el MINSA incluso les prohíbe el uso de mascarillas y guantes, según las autoridades para “no alarmar” o crear “histeria colectiva” en la población. Asimismo, le ordenan no dar filtrar información de los casos de COVID-19, de lo contrario son despedidos.

Después de Italia, los países más afectados por el coronavirus son España con 3.434 muertos y 47.610 casos, le sigue China –epicentro de la pandemia– con 3.281 muertos y 81.218 contagios. En Nicaragua solo se han confirmado dos casos, pero expertos afirman que existen más, que existe una propagación silenciosa; y que el MINSA por ser el único en realizar el diagnóstico, decide quién es positivo y quién no.

De hecho, desde antes que el virus fuera confirmado en Nicaragua, la primera orden que recibieron los médicos fue no compartir con los pacientes ningún tipo de información sobre la pandemia.

Además, el régimen orteguista convoca a marchas y obliga a los trabajadores estatales a participar de ellas.

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