Nicaragua: ¿guerra o paz?

*Por Pío Martínez | Tomado de Revista Abril

<<Nicaragua es un país en guerra, con una población que sufre bajo la bota de fuerzas armadas, al servicio de una familia, que se comportan como un invasor extranjero en un país ocupado.

Nos acusan, a los Nicaragüenses Libres, de estar llamando a nuestro pueblo a la guerra. Pero lo que hacemos es ser honestos con el pueblo y sonar las campanas, alertando a que ya hay una guerra, que la dictadura ha desatado contra el pueblo nicaragüense. Se trata de una horrible pesadilla: Nicaragua es un país en guerra, con una población que sufre bajo la bota de fuerzas armadas al servicio de una familia. Esas fuerzas armadas se comportan, frente a sus propios ciudadanos, con crueldad y violencia desmedida, como si se tratase del ejército de un invasor extranjero en un país ocupado. 

En Nicaragua, una vez más, gracias al sistema de poder que pare dictaduras, una familia se ha adueñado de manera ilegítima del poder y se empeña obstinadamente en no dejarlo ir. La historia se repite en una versión que supera el horror de toda otra dictadura del pasado: nunca en la historia post-Independencia hubo un régimen más cruel e inhumano que el de los Ortega Murillo. 

Los Somoza tenían a la Guardia Nacional, los Ortega Murillo tienen a su servicio un abanico enorme de organizaciones de las que las más visibles son una agrupación paramilitar de criminales a sueldo bajo un disfraz partidario, una Policía que abandonó sus funciones para dedicarse nada más a la represión y la persecución de los ciudadanos, y un Ejército al que su criminal jefatura le quitó el carácter nacional para ponerlo al servicio de sus propios corruptos intereses, los de la familia que detenta el poder y de sus socios del “Gran Capital”. El objetivo de estas fuerzas que hacen la guerra a Nicaragua entera es conservar el poder de los Ortega-Murillo, quienes están dispuestos a retenerlo a como dé lugar, incluso, si es necesario, destruyendo a la sociedad toda y arrasando el país hasta sus cimientos.

Eso es precisamente lo que están haciendo: destruyendo la sociedad, destruyendo el país. La dictadura es como ese hombre violento que dice a su mujer “o sos mía o no sos de nadie” y está decidido a matarla, o desfigurarla horriblemente, para que no “sea” de ningún otro. Así, la dictadura ha decidido que Nicaragua será chayo-orteguista o no será más.

La guerra de la dictadura contra el pueblo es a muerte, y es horriblemente desigual, pues uno de los bandos está armado hasta los dientes, mientras que del otro lado hay una población desarmada, un pueblo que ansía democracia y la libertad que esta trae consigo; pero, desigual y todo, es una guerra, y mientras más pronto más personas cobren conciencia de eso, menos largo y menos doloroso será el camino a la liberación.

Que la guerra sea desigual y que la dictadura tenga un ejército cruel y bien armado no significa que estamos destinados a perder, no significa que estemos condenados; mucho menos que no se pueda ganar y que la dictadura ya ganó, como quieren algunos hacernos creer. Esta guerra podemos ganarla, y vamos a ganarla. Nosotros somos más, y el tiempo, la razón y la historia están de nuestro lado, los Ortega-Murillo solo tiene las armas, y toda la historia de la humanidad, incluyendo nuestra propia historia, enseña que las armas al final terminan apuntando a los que las usan ilegítimamente contra su propio pueblo.

La dictadura pretende convencernos de que son muy fuertes porque tienen las armas, pero en eso que pretenden presentarnos como su fortaleza, radica precisamente su debilidad: ningún gobierno se mantiene por siempre en el poder únicamente por la fuerza de las armas; no es posible, nunca lo ha sido; siempre llega un momento en que la población acaba con un régimen odiado. Un régimen solo puede mantenerse en el poder si es legítimo, si es aceptado como tal por la mayoría de la población. En Nicaragua solo una ínfima minoría apoya al chayorteguismo, la inmensa mayoría lo declaró ilegítimo [una vez más], dejando vacíos los centros de votación en las falsas elecciones de noviembre de 2021.  

La ilegitimidad del régimen, y la violencia brutal con la que atacan a nuestro pueblo, hacen que sea legítima toda forma de defensa, toda forma de lucha. Los Nicaragüenses Libres reconocen el derecho del pueblo a defenderse por todos los medios a su alcance. Nadie puede negar a un pueblo ese derecho.

No sabemos de qué formas de defensa hará uso nuestra gente, no sabemos el rumbo que tomará esta guerra que ahora se encuentra en un impasse, lo que sabemos con certeza es que no somos los nicaragüenses democráticos, el pueblo que solo quiere vivir en paz y libertad, los que escogemos la violencia. No se puede culpar a la víctima, el pueblo nicaragüense, de la violencia y de la situación de guerra que la dictadura nos ha impuesto. El pueblo nicaragüense no quiere la guerra, pero no queremos la paz de los sepulcros, queremos la libertad que es nuestro derecho. Y para ser libres no podemos cerrar los ojos a los hechos. 

La respuesta de los nicaragüenses frente al ataque violento, militar y paramilitar de la dictadura, no aceptar la derrota y la sumisión eterna del pueblo, como ahora quieren hacer algunos, que persisten en hacerlo a través de “diálogo y elecciones”, guiados nada más que por sus mezquinos intereses. Sabemos que diálogo con la dictadura significa nada más que alargar su vida. Significa alargar el terror indefinidamente. 

Los Nicaragüenses Libres llamamos al pueblo a organizarnos para responder combativamente a la agresión militar y paramilitar de la dictadura; organizarnos para pasar a la ofensiva y derrocar por todos los medios a nuestro alcance y todos los medios necesarios al régimen genocida. Debemos prepararnos organizando un movimiento combativo, políticamente cohesionado, que vaya sin excusas ni desvíos hacia el derrocamiento de la pareja genocida o cualquier régimen antidemocrático que la suceda. En este proceso haremos uso de todos los medios a nuestro alcance, como es nuestro derecho. A los Nicaragüenses Libres lo que más nos interesa es que, independientemente de los medios que se empleen, que sea el pueblo organizado el protagonista, que sea la agenda democrática la que triunfe, y que no haya un engaño más. Por eso es nuestro énfasis en la organización política del pueblo, que es lo fundamentaly no cuántos rifles hay y quién los tiene en este momento. Necesitamos ser el pueblo que salva al pueblo, y eso solo se puede hacer si nos organizamos, y si abrimos los ojos al hecho de que no hay salida fácil ni barata de este infierno en el que los Ortega Murillo y sus socios nos han metido. Mienten miserablemente aquellos que quieren hacer creer al pueblo que se puede salir de la dictadura de manera fácil, sin dolor y sin muertes, con pactos y componendas. La dictadura no se irá por las buenas, pero caerá, caerá, ante la fuerza organizada del pueblo nicaragüense. 

No hay de otra. Si no emprendemos el camino, tendremos dictadura, esclavitud y miseria permanente. El premio de esta lucha, la compensación por todos nuestros sacrificios, será ponernos sobre la ruta que lleva a la democracia, la libertad, y la prosperidad.

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