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Ezequiel Molina | Agosto 20, 2025 

“Todos los niños dicen, no necesitamos otro héroe,

no necesitamos saber el camino a casa,

todo lo que queremos es vida más allá de la cúpula del trueno”

(Lírica parcial de la canción de Tina Turner, 1985)

Hasta 1979 la educación formal no glorificó héroes, pero una vez que la fallida revolución arrebató el poder al dictador Somoza, se instauró un modelo educativo copado de héroes y mártires, y al calor de la guerra civil que asoló al país por una década, convertirse en uno de ellos, héroe o mártir, era todo un honor, o al menos esa era la idea que nos vendieron los jefes de la revolución, quienes como héroes de alta graduación ya no debían exponer sus vidas y más bien debían gozar de toda clase de privilegios, como paga por su sacrificio en aras de una libertad que nunca llegó y una prometida prosperidad que se convirtió en pobreza y sacrificio para la mayoría de la población. El premio más alto de la revolución era la muerte.

Teóricos críticos de la educación, cuestionan claramente una educación formal que construya narrativas cargadas de héroes, visiones idealizadas del pasado y mitos nacionales; Paulo Freire, conocido pedagogo brasileño, autor de la Pedagogía del oprimido, propone una educación que cuestione el poder, fomente el pensamiento crítico y elimine narrativas históricas impuestas; Pierre Bourdieu, sociólogo francés, critica como el conocimiento oficial glorifica y legitima a ciertos personajes históricos; Henry Giroux, uno de los fundadores teóricos de la pedagogía crítica en Estados Unidos, enfoca su planteamiento contra los programas educativos que promueven el nacionalismo acrítico y la figura del “héroe” como modelo único.

Partiendo de los planteamientos de los estudiosos mencionados, podemos afirmar que la actual dictadura sandinista se dirige hacia un modelo educativo fundamentalista que traspasa cualquier modelo teórico, y afirmamos esto porque el modelo hacia el cual se dirigen los dictadores no sólo impone una visión única del conocimiento desvinculada de ideologías políticas, culturales o religiosas determinadas. Es más bien la imposición de una narrativa histórica en donde los únicos “héroes” son la pareja dictatorial, implantando un dogmatismo curricular que los glorifica como iluminados, es un modelo que demoniza el cambio, ignorando los avances científicos y la evolución social, también es un modelo que adoctrina para formar ciudadanos obedientes a lo que la pareja dictatorial determine, y por último, entroniza un modelo que rechaza el pluralismo, condenando cualquier pensamiento o enfoque crítico, excluyendo las perspectivas alternativas, provenientes del movimiento social, los grupos étnicos o de cualquier voz disidente.

Necesitamos cambiar y no cometer los errores del pasado, debemos dejar atrás el miedo al cambio y deshacernos de la cúpula del trueno, que desde El Carmen quiere imponer su destrucción.