Por Julio Ricardo Hernández
Este 28 de septiembre, Don Julio Hernández estaría llegando a sus 100 años de edad.
No solo por el sentimiento que me evoca esta fecha, por ser él mi padre, sino también por los recuerdos que me traen las diversas etapas de su vida, que junto a mi madre y diversos grupos de profesores, poetas e intelectuales nicaragüenses de esa época, hicieron escuela en el desarrollo de lo que fue la educación media de los años 1950s a fines de los 1970s en nuestro país.
Don Julio nació en San Jorge, Rivas, en el hogar de un artesano productor de capotes, o impermeables rústicos de manta cruda cubierta con leche de hule de chicozapote, traída a lomo de mulas de las montañas de Cárdenas y del norte de Costa Rica. Don Juan Hernández, mi abuelo, originario de la isla de Ometepe, un señor alto de fuertes rasgos indígenas, formó ese hogar con Felicia Solórzano Dinarte, una señora rubia, hija de una de las familias tradicionales de San Jorge. Sus hijos se educaron en Instituto Nacional de Rivas, fundado alrededor de 1910, rebautizado como Instituto Rosendo López. De esos años, Don Julio guardaba especial memoria de su profesor emérito, el maestro de maestros Don Eloy Canales Rodríguez.
Su carrera Magisterial
Don Julio se formó como maestro en la Escuela Normal Central de Varones, de Jinotepe, rebautizada en 1943 como Normal de Varones Franklin Delano Roosevelt, que después de 1979, pasó a llamarse Normal Ricardo Morales Avilés. Entre sus primeros pasos como docente, recuerdo las menciones que nos hacía de sus años como profesor del Instituto Nacional Central Ramírez Goyena, del que llegó a ser Inspector, bajo la dirección del insigne profesor chontaleño Guillermo Rotschuh Tablada, en 1953.
En esos primeros años de la década de 1950, Don Julio conoció a una joven maestra, formada en la Escuela Normal de Señoritas, a cargo de la muy reconocida Profesora Josefa Toledo de Aguerri, pedagoga, promotora del voto femenino, y pionera de las organizaciones feministas en Nicaragua. En agosto de 1952 se casó con esa joven maestra, Elba Álvarez Benavides, con quien mantuvo un matrimonio de 55 años, del que nacimos mi hermano menor, Martín, y yo.
Sus estudios en el CREFAL, Michoacán
A mediados de esa década de 1950, Don Julio fue enviado, junto con otros profesores nicaragüenses de educación media a un curso en el Centro Regional de Educación Fundamental para América Latina (CREFAL) en Pátzacuaro, Michoacán, enfocado en educación y desarrollo comunitario indígena, con énfasis en trabajo de campo con comunidades purépechas o tarascas de Michoacán. CREFAL fue un centro especializado de la OEA, fundado en los tempranos 1950s con el decidido apoyo del Gobierno Mexicano y en particular del expresidente Lázaro Cárdenas. Este curso en CREFAL, y la experiencia en Michoacán marcaron profundamente la formación de mi padre como docente y como cientista social, que absorbió mucho del indigenismo de la revolución mexicana, y mostró su admiración y respeto por el “nacionalismo revolucionario” de los gobiernos que se derivaron de esa revolución en el México de los 1950s a 1970s. Creo que esa admiración influyó para bautizar con el nombre de Cuauhtémoc, como segundo nombre de su segundo hijo, mi hermano Martín. Igual creo que influyó cuando me propuso y me insistió de que al bachillerarme yo estudiara antropología en México, como mejor opción a estudiar sociología en el Chile de Allende, tal como yo originalmente quería y mi madre temía. El Proyecto Piloto y los años de Waspam.
Al regreso de su entrenamiento en CREFAL, Don Julio y otro grupo de profesores nicaragüenses fueron integrados al Proyecto Piloto de Educación Fundamental del Rio Coco, que ejecutaba el Ministerio de Educación a partir de 1955, con asistencia de la UNESCO, y enviados a Waspam, en lo que entonces era la Comarca de Gracias a Dios. El objetivo era incorporar a comunidades mískitu y sumu (mayagna), antes marginadas de los servicios públicos de salud y educación, al sistema educativo nacional, formar maestros locales para impulsar la educación bilingüe-bicultural y llevar la presencia del Estado a estas comunidades de los ríos Coco y Cruta, lejanas y ajenas a lo que era Nicaragua como nación..
Este proyecto piloto mantuvo a Don Julio en Waspam, alejado por dos o tres años del hogar recién fundado, con algunos viajes suyos a Managua, o nuestros (de mi madre y míos) a Waspam. Fue una experiencia en la que se formaron duraderas amistades con compañeros del Proyecto, sus familias y la nuestra. Recuerdo la especial cercanía que se creó con el Profesor y Poeta José Santos Rivera Siles, que plasmó sus memorias de esos años en la Moskitia en un poemario “El Rio y su Sombra”, 1959. También con el profesor Fernando García y su esposa Ruth, así como el Profesor Pedro Cruz, y su esposa Judith, profesora salvadoreña que conoció y se casó con Don Pedro en el mismo curso de CREFAL que compartieron con mi padre. Especiales recuerdos mantuvo mi padre por Max Miñano García, un señor peruano que actuó como Asesor Técnico de UNESCO para este Proyecto, y presentó un informe final del mismo en 1960.
Los años de la Escuela de Ciencias de la Educación
En julio de 1960 el rector de la UNAN, Dr Mariano Fiallos Gil, fundó la Escuela de Ciencias de la Educación, bajo la dirección del Dr Násere Habed López. Don Julio estuvo entre los principales promotores y formadores de esta Escuela, junto con otros intelectuales de la Managua de entonces, como el mismo Dr Násere Habed, Dr Pedro J Quintanilla Jarquín, Prof Fidel Coloma, Dr Ligdano Chávez, Dr Santiago Hernández Ruiz, Prof. Guillermo Rotschuh, Prof Francisco López Collado, Prof Maria Berrios, Prof Andrés Ruiz Palacios, Prof Alejandro Covarrubias, Prof Orlando Cuadra Downing, entre otros.
Los primeros años de la década de 1960 fueron de intensos estudios, en su mayoría nocturnos, que mis padres combinaron con su trabajo diurno, para sacar sus licenciaturas como profesores de educación secundaria en Ciencias Sociales, mi padre, y en Letras, mi madre. Recuerdo, con un poco de tristeza, que fueron años en que sus dos hijos quedamos a cargo de empleadas, siendo mi hermano Martín apenas un bebé.
Los años de la Escuela de Ciencias de la Educación también fueron años en que se formaron duraderas amistades, tanto con colegas de mi padre, como de mi madre. Se me vienen a la memoria los profesores César Grijalva, y su esposa Otilia, Tulio Tablada, Elba Sandoval, Panchito Guzmán Pasos, Eva Conrado, Guillermo Rosales y su esposa Adelina, Tomás Urroz, César Escobar, David McFields, Nelly de Habed, Violeta Barreto, y el sacerdote español Bruno Martínez, de las Escuelas Pías. Todos ellos fueron pioneros de la profesionalización y especialización de la docencia en la educación media en la Nicaragua de los años 1960s.Su carrera como empleado en la administración pública
Paralelo a sus años en la Escuela de Ciencia de la Educación, Don Julio comenzó a diversificarse a otras ramas del servicio civil, como empleado del Instituto Nicaragüense de la Vivienda (INVI), en los primeros años 1960s, primeramente bajo la dirección de Don Pilar Altamirano, y posteriormente de Fausto Zelaya. Siendo empleado del INVI fue enviado como becario al Centro Interamericano de Vivienda y Planeamiento (CINVA, patrocinado por la OEA y el Gobierno de Colombia), al XII curso regular de adiestramiento en vivienda. Toda nuestra pequeña familia se trasladó ese año a Bogotá, 1964. Amistades que quedaron muy marcadas en el recuerdo de esos años fueron Doña Lolita Forero, nuestra casera, y compañeros de curso de Don Julio, como Leovigildo Gómez Pratt (Rep Dominicana) y Marie Solange de Ronceray (Haiti).
Después de trabajar para el INVI, Don Julio pasó a trabajar en el Instituto Nicaraguense de Comercio Exterior e Interior (INCEI), especialmente en un proyecto de construcción de Centros Agricola Cantonales, o pequeños graneros para el acopio de granos básicos en casi todas las regiones del país.
Después del INCEI, Don Julio tuvo un breve paso por el Banco Nacional de Nicaragua, pero ya en la segunda mitad de la década 1970 la inestabilidad y crisis del país anunciaban un inminente cambio de gobierno. El cambio se dio en 1979, después de una violenta crisis final del gobierno anterior. Don Julio continuó un corto periodo en el Banco Nacional, y luego, por primera vez en su vida pasó a trabajar en una empresa privada, en la empresa avícola Tip Top, propiedad entonces de la familia Rosales, por un período igualmente corto, ya preparándose para el retiro.
Los Muchachos y las Muchachas
A pesar de que los últimos 20 años de su vida laboral Don Julio trabajó en la Administración Pública, fuera del magisterio, sus principales amistades y la mayor parte de sus relaciones sociales continuaron siendo con sus colegas profesores. Doña Elba siempre fue maestra, se mantuvo en el magisterio hasta el final de su vida laboral. Esto hizo que en sus años de retiro Don Julio consolidara sus círculos de amigos profesores. El y Doña Elba participaron muy activamente en un grupo que entre todos denominaron “Los Muchachos y las Muchachas”, maestros ya en retiro, de más de 60 años de edad, que se reunían para celebrar cumpleaños, días del Maestro, Purísimas y otras fiestas de Navidad. Esto los conformó en una especie de Gran Familia, gratificante en los últimos años de la vida de muchos de ellos. Con gratitud destaco en especial las amistades más cercanas a Don Julio y Doña Elba, como la de Don Raúl y Doña Azucena Quintanilla, Don Genaro y Doña Pepita Sánchez, Don José Santos Rivera y Doña Ilú Montealegre, Don Rodolfo y Doña Esperancita Centeno Herdocia, Don Guillermo y Doña Adelina Rosales, el Dr. Francisco Largaestada y su esposa Olguita, Doña Asunción Cuadra, Doña Cony Pérez, Mariíta Romero, Digna Zamora, Ottoniel Arguello y Señora, Berta Emilia Orozco, Marina López, Violeta, Rosa Amelia Ruíz y el profesor Aníbal, Silvia Villagra, Paul Tiffer e Isolda Rodríguez, Profesor Agustín Acevedo y Señora, Haydee Canales de Blanco, Auralila y Elba Salazar. Gran parte de sus últimos años los dedicó también Don Julio a cultivar lazos fraternales entre sus hermanos del Club de Leones Managua-Xolotlán. Fue en algún momento Gobernador de este Club, y se dio tiempo a lo largo de casi un cuarto de siglo a promover acciones benéficas hacia personas de escasos recursos en las áreas de acción de este Club.
Especialmente vienen a mi memoria amistades cercanas que acompañaron a Don Julio en estas tareas leonísticas y en las reuniones y ágapes que convocaban, como las amistades de Napoleón Lanzas, Elpidio Tijerino, Alejandro Arguello Peters, Guillermina de Aranda, Sandra Carranza, Antonio López Vílchez, el Ing. Delgado y Señora Graciela vda. de Delgado.
Todos estos amigos hicieron menos duros los últimos años de Don Julio, que, estoy seguro, se fue conservándoles cariño gratitud.
Julio Ricardo Hernández | Antropólogo y economista
San José de Costa Rica, 28 de septiembre, 2025
