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Oscar René Vargas | 19 de enero de 2026.

La casualidad no es la ausencia de orden, sino la incapacidad humana para explicar las múltiples determinaciones que hay detrás de un acontecimiento o fenómeno.

En 2025, la riqueza de los banqueros de Nicaragua creció más rápido que en los últimos años anteriores. El poder económico, alianza del gran capital, la chayoburguesía y los banqueros han tomado el control político para impulsar agendas regresivas que benefician a un puñado de magnates.

El auge de las oligarquías (nueva y tradicional) impacta negativamente en la sociedad nicaragüense. Por ejemplo, la riqueza conjunta de los banqueros, que poseen miles de millones de dólares, creció más del 25% en el último año.

Con casi la mitad de la población en pobreza (menos de 2.3 dólares al día) y un tercio con hambre moderada o grave, el problema ya no se limita al poder de mercado de los magnates y sus empresas ni en la creciente desigualdad, sino en la toma del poder político que legitima las agendas regresivas para la mayoría de la población.

De acuerdo con las informaciones conocidas, los 15 magnates más acaudalados del país concentran más riqueza que la mitad más pobre de la población, es decir, más que 3.5 millones de personas. Más allá de la desigualdad, las oligarquías ahora promueven de manera más abierta políticas regresivas

Las personas más ricas del país han construido su poder político principalmente de tres formas: comprando apoyo, legitimando el poder del régimen y garantizándose un acceso a las instituciones que determinan las políticas públicas.

Mientras el país se enfila a otra década perdida en términos de reducción de la pobreza, como ha advertido la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), los millonarios avizoran una “década dorada”. En los últimos años, la riqueza conjunta de los banqueros magnates creció 16 veces más rápido que el PIB de 2.4% promedio que avanzó la economía. Es decir, se ha consolidado una élite cuya prosperidad avanza al margen y a costa del resto de la sociedad.

Este desequilibrio perpetúa élites que compran influencia política y reproducen la desigualdad por generaciones, condicionando decisiones públicas y limitando los recursos en beneficio de las mayorías empobrecidas.

La economía de los superricos está profundamente ligada a sectores desregulados o capturados, donde el poder económico se convierte en poder político, alimentando un ciclo de concentración que sostiene y reproduce la desigualdad.

En los últimos años, la riqueza sumada de los superricos ha aumentado en millones de dólares por día. En contraste, el salario mínimo promedio de un empleado es de 4 mil 666 dólares al año. Puesto de otra manera, un trabajador necesitaría 99 años para ganar lo que un millonario obtiene en un día.