Henry Briceño Portocarrero | 05 febrero 2025
Las redes sociales se inundan con la noticia sobre el retiro del cargo cercano que ocupaba en la cúpula de la dictadura Ortega-Murillo el sujeto Horacio Sebastián Rocha López. Más conocido como “EL ÁNGEL DE LA MUERTE”. Nombre que se ganó con el uniforme de policía pretoriano de Daniel Ortega y Rosario Murillo. A este individuo se le recordara como el personaje más despreciable en la triste historia de una policía que bien pudo servir al pueblo, pero decidió doblar la cerviz ante una criminal dictadura.
Entre tantas maldades de Rocha López se encuentra la coordinación brutal del secuestro, destierro y confiscación de los bienes de la familia Briceño en San Rafael del Sur, Nicaragua. Fue el veinticuatro de noviembre del dos mil veinticuatro cuando el Comisionado Horacio Sebastián Rocha López, desde su oficina en Managua, ordenó al criminal comisionado Lázaro Clemente Quintanilla Álvarez, jefe Distrito IX, junto a veinte guardias orteguistas más armados de fusiles Aka, la acción ilegal contra Henry Briceño y su familia entre ellos su esposa, hija adolescente y un niño de once años de edad.
El secuestro, destierro y confiscación de todos los bienes de la familia Briceño, Rocha López lo planificó con el jefe paramilitar, alcalde y secretario político orteguista en San Rafael del Sur, José Noel Cerda Méndez obedeciendo dictados de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Cuatro unidades móviles de la guardia orteguista partieron esa tarde de domingo rumbo a la frontera sur con la familia secuestrada a la cual abandonaron a su suerte, por la noche, en espesa montaña costarricense.
“EL ÁNGEL DE LA MUERTE” en ningún instante dejó de comunicarse, vía telefónica, con los secuestradores. *La voz de Horacio Rocha López, conocida desde la niñez por Henry Briceño, uno de los secuestrados, y el nombre del comisionado Rocha en pantalla de teléfonos de guardias orteguistas-secuestradores- nítidamente identificaron al personaje que estaba tras la barbarie.

Hoy, HORACIO SEBASTIAN ROCHA LOPEZ, quién ha enlodado la imagen de su padre, Julio Rocha Idiáquez, “el negro Julio” así llamado cariñosamente, amigo franco y sincero de mi familia, ha sido “enviado a su finca” en Diriamba en donde las miradas vecinales de simpatía de ayer hoy convertidas en indiferencia hacia un sujeto que pudo ser, pero no fue. Prefirió ser “EL ANGEL DE LA MUERTE” acompañado en vida por el desprecio de su pueblo que bien lo vio nacer y mal envejecer. Diriamba.
*Henry Briceño Portocarrero | Desterrado y Confiscado
San José, Costa Rica
