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La Cooperación Internacional, Torre de Babel y Esquema Piramidal

Ezequiel Molina | Febrero 12, 2025            

En el Cuarto Informe Estado de la Región (2010), el economista Néstor Avendaño muestra el peso de la Cooperación Internacional en Nicaragua para el período 1990-2009, abarcando un poco más allá del período del intento fallido de establecer un régimen democrático; la pesada deuda externa heredada de la “revolución sin cambios revolucionarios” (Torres-Rivas, 2011), ascendió a finales de 1988 a 8 mil millones de dólares, adosada con una base productiva diezmada, la herencia de una guerra civil y la aplicación de un recetario económico que asignó al Estado el papel de “facilitador” en una economía que debía supeditarse a las fuerzas del mercado. El llamado Consenso de Washington fracasó, los hechos lo demuestran. Según Avendaño, el monto total de la ayuda internacional en el período mencionado ascendió a 27 mil 326 millones de dólares, distribuidos así: 14 mil 313 millones de condonación de deuda externa, 6 mil 427 millones en donaciones externas, 4 mil 751 millones en préstamos externos concesionales y 1,745 millones en recursos facilitados por ONG.    

La ayuda internacional, a través de agencias oficiales, fundaciones, ONG´s y otras organizaciones, ha fluido desde la Segunda Guerra Mundial, primero a Europa con bastante suceso y después a otras regiones del mundo afectadas por la pobreza estructural, las secuelas del colonialismo y la incapacidad de los gobernantes de los países emergentes; en un modelo simple, dicha ayuda ha fluido desde los países desarrollados hacia los países pobres, siendo difícil determinar qué porcentaje poblacional pobre de la base piramidal que recibió dicha ayuda logró salir del círculo de pobreza, pero si podemos afirmar que algunos de los intermediarios encargados de recibir, administrar y distribuir esos recursos, y que estuvieron ubicados en el vértice piramidal, lograron una movilidad social ascendente y en algunos casos, sostenible.

Entre los factores subyacentes que limitan la capacidad de la Cooperación Internacional  para disminuir el subdesarrollo, pueden mencionarse, el predominio de un enfoque asistencialista, la imposición de los donantes de una agenda de desarrollo alineada con sus intereses, la corrupción institucional en los países receptores y la permisividad de los donantes, y la asignación de fondos a instituciones inoperantes por parte de las élites gobernantes en los países receptores, que les generen réditos políticos para su permanencia en el poder. Un balance actual de la Cooperación Internacional, podría definirse con una sola palabra: crisis. El cumplimiento de los objetivos para los que fue creada no han sido alcanzados, y las organizaciones encargadas de dirigirla, fallaron al establecer los mecanismos de coordinación que permitieran articular una agenda estratégica entre donantes y receptores, logrando a la vez derribar la Torre de Babel comunicativa erigida entre ambos actores.

El caso Nicaragua se ubica, puntos más, puntos menos, en la panorámica descrita, y es que el surgimiento vertiginoso de ONG´s después de la derrota del sandinismo a fines de la década de los ochenta, coincidió con la inauguración del neoliberalismo y la disminución del papel del Estado, trasladando algunas de sus responsabilidades a las denominadas organizaciones de la Sociedad Civil. Algunas de estas organizaciones se nutrieron de antiguos funcionarios estatales que fueron retirados de la función pública, o bien de las desmontadas organizaciones partidistas, incluyendo las fuerzas armadas sandinistas; son conocidos los casos de organizaciones que su primer patrimonio fue producto del “piñateo” de bienes del Estado, incluyendo bienes inmuebles, vehículos y equipos de oficina.

Durante los años del fracasado modelo democrático, estas organizaciones cumplieron su papel de acuerdo a las condicionalidades demandadas por los organismos donantes, abarcando diversas temáticas, desde la promoción de derechos humanos, pasando por la protección y gestión del medio ambiente, la participación ciudadana, la descentralización administrativa municipal, hasta cubrir temas como la profesionalización de la policía y la subordinación de las fuerzas armadas al poder civil. 

El regreso del sandinismo al poder en 2006 significó el desmantela miento del entramado de organizaciones civiles, mismas que durante años le fueron de gran utilidad para mantener, en muchos casos presencia en el territorio, pero sobre todo, conocimiento del descontento social frente a la corrupción gubernamental y la posibilidad real de retomar el poder. De poco o nada sirvió a estas organizaciones el servicio prestado al actual dictador, quien ha borrado del espectro nacional más de 5 mil organizaciones, sin importar el ámbito de acción de ellas, pero también hay que decir, basado en las actuales circunstancias, que fueron pocos los frutos tangibles resultado de la inversión de recursos provenientes del exterior.

Abortar la pretendida consolidación de una nueva dinastía es tarea central, y lograrlo será apenas el inicio de un largo y complejo camino, la misión reconstructiva del país será lastrada por una cuantiosa deuda externa, un precario tejido de cohesión social y una realidad externa de estrechas puertas para la cooperación y el desarrollo. Un plan de nación con la más amplia participación de las fuerzas socioeconómicas del país debe ser la apuesta a futuro, los políticos profesionales deben ser los primeros en dar un paso al frente. El pueblo sigue a la espera.