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El crudo invierno que atraviesa nuestra democracia global

Félix Maradiaga | 15 abril 2025

La democracia global atraviesa un crudo invierno. El informe Freedom in the World 2025 de Freedom House revela 19 años consecutivos de retroceso democrático a nivel mundial. Las cifras son heladoras: ocho de cada 10 personas en el planeta viven bajo algún tipo de autocracia o semiautocracia. Apenas 20% de la humanidad habita países considerados “Libres” por Freedom House; el resto padece gobiernos “Parcialmente Libres” o “No Libres”. Detrás de ese 80% hay realidades duras: ciudadanos sometidos a dictaduras abiertas o a líderes electos que, una vez en el poder, socavan las instituciones para perpetuarse.

En mi Nicaragua natal, por ejemplo, unas elecciones vaciadas de contenido y la persecución a disidentes sepultaron en pocos años una democracia emergente. Y Nicaragua es solo una pieza más del mosaico autoritario global. El 2024 fue un año repleto de elecciones —66 países celebraron comicios nacionales— pero en 27 de ellos hubo violencia política significativa. Casi la mitad no fueron libres ni pacíficas. En 20 países candidatos sufrieron ataques, y en 14 se atacaron centros de votación. Vimos políticos asesinados en campaña, urnas incendiadas, protestas postelectorales reprimidas a tiros.

Ni siquiera quien solía dar lecciones de democracia se salva. Estados Unidos sufrió un declive en su propio puntaje: perdió 10 puntos en la última década. La polarización extrema, los ataques a la prensa desde el poder y hechos inéditos como el asalto al Capitolio en 2021 han pasado factura. Esa erosión “desde dentro” de la que fuera la democracia más influyente manda una señal inquietante: si la luz del faro estadounidense titila, el mundo lo nota. Los autoritarios celebran cada tropiezo, pues sirve para justificar sus abusos.

México ofrece un espejo cercano de esta encrucijada. Tras dos décadas de democracia electoral, Freedom House lo volvió a clasificar como “Parcialmente Libre” con apenas 59 puntos sobre 100. Hay alternancia política y elecciones competitivas, México sufre violencia desmesurada del crimen organizado, corrupción arraigada y abusos de derechos humanos cometidos tanto por actores estatales como por el narco. La impunidad campea, dejando estos crímenes sin castigo.

El panorama global está plagado de ejemplos inquietantes. La deriva autoritaria no distingue ideologías ni continentes. Vemos un auge del “autoritarismo digital”, con regímenes que controlan internet y redes socia les para silenciar la disidencia. Y abundan casos emblemáticos: autocracias descaradas como Venezuela o Rusia, y democracias desfiguradas como El Salvador, Turquía, Hungría o Túnez. Todos comparten la misma deriva siniestra: concentración de poder y supresión de libertades.

Precisamente porque la democracia vive su hora más oscura, es cuando más debemos luchar por ella. El informe de Freedom House recuerda que aún hay destellos de esperanza. En medio del declive global, algunos países mejoraron modestamente sus puntajes. Hubo comicios competitivos que sacaron a déspotas del poder, protestas que arrancaron concesiones a los poderosos, periodistas y activistas que —pese a todo — siguieron alzando la voz.

La democracia no puede morir bajo una mirada indiferente. Es hora de una resistencia democrática global, cívica y moral. Desde cada trinchera —un periódico independiente, un aula universitaria, una plaza pública o un parlamento— reivindiquemos los valores universales de libertad y dignidad humana. Aún estamos a tiempo de cambiar el rumbo de la historia, pero solo si enfrentamos juntos este largo invierno democrático y trabajamos incansablemente por una nueva primavera de la libertad.

*Artículo de opinión publicado originalmente en el diario El Universal de México