Oscar René Vargas: “No hay diferencias entre la dictadura de Somoza y la de Daniel Ortega en Nicaragua”

*Tomada del CLARÍN

Cuando el entonces guerrillero Daniel Ortega dormía la siesta en una casa de seguridad de Managua, en Nicaragua, junto a su fusil ametralladora, la manzana fue rodeada por la patrulla somocista. Lo rescataron el sociólogo, economista y ex guerrillero sandinista Oscar René Vargas junto a su hermano y le salvaron la vida. Hoy Vargas, co fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional que derrocó a Anastasio Somoza y ex compañero de armas de Ortega, está exiliado en Costa Rica, perseguido por el régimen de cuya revolución fue un gran protagonista y hoy pide su captura.

Vargas es sociólogo, opositor a la nueva autocracia matrimonial de Daniel Ortega y Rosario Murillo, que piensa que caerá ante una rebelión de parte del ejército y la policía que hoy apoyan su régimen de terror, en medio de una feroz crisis social, política y económica, con el uno por ciento de la población vacunada en la pandemia.

Desde Costa Rica, Vargas conversó por teléfono con Clarín para analizar el futuro de su país, la posibilidad de las elecciones y el futuro del matrimonio presidencial, en medio de esta detención masiva de opositores, políticos y periodistas, que nadie sabe dónde están detenidos y las familias o sus abogados defensores no tienen acceso a ellos hasta ahora.

-¿Qué pretende el presidente Daniel Ortega con esta estrategia en Nicaragua de detener a todos los candidatos presidenciales, opositores y periodistas?

-Yo creo que es una cosa bastante clara para mí, puede ser primero descabezar el movimiento social. Es decir, decapitar al liderazgo y buscar cómo permanecer en el poder el mayor tiempo posible al neutralizar la movilización social. Ese es su objetivo, mantenerse en el poder lo más que se pueda. En esa lógica, su estrategia es el poder o la muerte. ¿Qué quiero decir con esto? Como no se ve fuera del poder, entonces es el poder a cualquier costo, o la muerte, porque sabe que perdiendo el poder es su muerte política o enfrentar la justicia en el país. Por eso es que su lógica no entra en la posibilidad de contemplar una pérdida del poder.

-Usted lo conoce desde hace muchos años. Le salvó la vida cuando directamente la Guardia Somocista iba a liquidarlo. ¿Por qué cambiaron Daniel Ortega y Rosario Murillo?

-El hecho de salvarle la vida fue el 4 de noviembre de 1967, en el cual arriesgué mi propia vida por sacarlo de una situación difícil. La Guardia somocista estaba rodeando la casa donde él se encontraba. Han pasado muchísimos años para ver como una persona se transforma. Pero eso es por la falta de una preparación política. A mi criterio, la falta de principios, que lo hace evolucionar hacia el querer mantenerse en el poder a cualquier costo. Ese es su objetivo, no hay otro. En los años 80, el poder estaba más difuso de su parte y no podía imponer su propia voluntad, mientras que ahora él es su voluntad y la voluntad de la señora Murillo. Como no se ven fuera del poder, sobre todo después de abril, donde las diferentes organizaciones de derechos humanos los califican como que ellos cometieron crímenes de lesa humanidad, pues no están dispuestos a correr ningún riesgo ya que pueden ser perseguidos posteriormente al perder el poder. Por eso es que la lógica de ellos es el poder o la muerte.

-¿Y cuál es la diferencia para Usted entre esta dictadura y la dictadura de Somoza?

-Yo personalmente no la veo. Quiero recordar que yo viví también el exilio durante la época de la dictadura de Somoza. La característica principal de estas dos dictaduras es que mientras existe una cierta paz social, la represión es una represión muy selectiva, ocasional. Pero cuando la crisis social se incrementa, la represión es indiscriminada. Y tanto ha sido así en el régimen de Somoza como en el régimen de Ortega – Murillo. En ese aspecto no ha habido ninguna diferencia. Ahora, desde el punto de vista también de la corrupción, en el tiempo de Somoza, como en el tiempo de Ortega Murillo, ha sido brutal. Me refiero sin principios. Permite que sectores ligados al régimen, tanto somocista como al régimen orteguista, se hayan enriquecido de manera inexplicable al amparo del gobierno. Y ese enriquecimiento inexplicable le ha permitido, tanto a la dictadura somocista como a la dictadura orteguista, crear un cerco. Un círculo íntimo del poder que está también ligado a gente del ejército y de la policía. Por eso es que también el Ejército y la Policía apoyan a Ortega sin discusión. Ortega se ha transformado también en dependiente del sector militar, es decir de miembros del Ejército, la policía y los paramilitares.

-¿Hasta cuándo va a tener el apoyo del Ejército, de la Policía, de los militares, de los sicarios? Como siempre sucede en las dictaduras, esas alianzas, incluida con los empresarios, se quiebran en algún momento, especialmente por la presión internacional.

-Aquí hay una combinación de elementos que pueden provocar ese quiebre interno. Lo que yo llamo la implosión del régimen. Es decir, hay una implosión interna. Hay un quiebre de las relaciones que han establecido. ¿Por qué es posible se quiebre? Primero, porque el régimen no ha podido resolver ninguna de las cinco crisis que vive Nicaragua. La crisis económica continúa, la crisis social se profundiza, la crisis política también, la crisis sanitaria del coronavirus. Solamente el 1 o 2 por ciento de la población de Nicaragua ha sido vacunada. Y la crisis internacional, pues se ha exacerbado con esta ola represiva que Ortega ha desatado. Estas cinco crisis tienden a afectar tanto a la nueva clase, es decir los orteguistas que se enriquecieron alrededor de de Ortega, al sector de militar, porque el sector militar también busca cómo preservar la institución para sobrevivir, aunque caiga el régimen. Y también hay que recordar que el sector militar, el Ejército en Nicaragua, también recibe presiones del Ejército de los Estados Unidos, precisamente el comando radicado en Miami. Ese ha sido uno de los elementos que puede crear mayor fisura en el interior del ejército. La ley recién aprobada de Renacer, que se aprobó el lunes pasado, tiende a golpear al Ejército con el tema de las inversiones que tiene en la Bolsa de Nueva York. Es decir, que están tocando elementos que pueden hacer de que sectores del Ejército, no necesariamente la cúpula militar, planteen que sea necesario una salida diferente al régimen Ortega – Murillo.

-¿Hay una posibilidad de que estas elecciones presidenciales de noviembre vayan a ser canceladas como él pretende o que ese eventual estado de sitio, estas detenciones masivas, lo fuercen a Ortega a una salida probablemente negociada, que él pensaba para más adelante y en las que pretendía ganar?

-Personalmente no creo que Ortega, en su mente, esté dispuesto a postergar las elecciones. Lo que a Ortega le puede pasar es que la presión internacional sea tal, que Ortega se vea en la necesidad de hacer una negociación previa a las elecciones. Y entonces, dependiendo si hay esa negociación previa, se pueden postergar las elecciones. Pero en la lógica de Ortega, él quiere hacer las elecciones para que, después de las elecciones fraudulentas, que él va a hacer, con la oposición decapitada, entonces él podrá negociar posteriormente. De manera de decir: «bueno, yo ya estoy electo, negociemos. Partamos en la negociación de que ustedes aceptan mi elección y yo estoy dispuesto a negociar algunos aspectos que ustedes planteen”. Esa es la estrategia de Ortega. Ortega quiere llegar a enero del 2022 para negociar. La pregunta es si la presión internacional y su aislamiento internacional, la descomposición social y la efervescencia social de hoy le va a permitir poder llegar hasta después de la elección.

-¿Sirve la presión internacional, teniendo como antecedente, por ejemplo, el caso venezolano, donde es muy fuerte, pero el régimen sigue ahí. ¿Usted teme que esta presión no alcance?

-La presión internacional por sí sola no tiene un efecto real en la política interna. Esta presión internacional tiene que ser acompañada por una presión interna, ya sea un movimiento social, ya sea la crisis de los poderes fácticos. Ortega lo que está tratando de evitar es que esa crisis, esa presión internacional, se traduzca a una presión interna. ¿Cómo? Tomando prisionero a todo un sector de la clase política, de los empresarios, candidatos presidenciables, para evitar que esa expresión internacional tenga una correspondencia interna. Entonces él quiere decapitar esa posibilidad.

-¿Hay alguna posibilidad de que parte del Ejército, de la policía o de la propia base de Ortega, que son pobres algunos por otra parte, que tienen vínculos con la gente más carenciada de Nicaragua, se rebelen?

-Las cinco crisis que he señalado han reducido su base social. Se calcula ahora, de acuerdo a una encuesta, que tiene una base social menor del 20 por ciento, cuando antes de 2018 alcanzaba el 38 / 45 por ciento. Es decir, ha perdido base social. Pero esto también es lo que ha pasado. El empobrecimiento del país y el empobrecimiento de los sectores sociales, incluyendo a la clase media, también debilita al régimen, en el sentido de que no tiene ninguna propuesta y ninguna posibilidad de sacar adelante al país. Entonces esto puede tener el efecto de que sectores del Ejército y la policía, más que todo del Ejército, calculo yo, pueda tomar distancia del régimen Ortega – Murillo.

-En el mes de abril del año pasado, cuando hubo una enorme represión, quedó en evidencia que el régimen no tenía una policía y un ejército suficientemente organizado. ¿Usted considera que llegaron los cubanos a ayudar a Daniel Ortega? ¿Y qué rol tuvieron?

-De acuerdo a los informes de los ex miembros del Ejército y personas que desertaron del Ejército en esa fecha, ellos consideran que primero gente propia del Ejército de Nicaragua fueron los que participaron y los que coordinaron la acción. Y también señalan de que había personas extranjeras, aunque no lograron o nunca dijeron con seguridad, de qué nacionalidad eran. Entonces eso no se descarta. La hipótesis es que hubo una combinación de gente extranjera, más personas del ejército, que lograron organizar los paramilitares para hacer la represión generalizada y criminal que hicieron. Hubieron más de 350 muertos contabilizados por los organismos internacionales. Pero se calcula que más de 500, más de 2.000 heridos. Gente desaparecida que no se conoce. ¿Por qué? Porque se habla de que han habido cien mil personas que emigraron a Costa Rica. Pero no se sabe si entre esa gente no hay un registro, que todos llegaron y que posiblemente hayan sido capturados y desaparecidos. Es decir, que la represión fue tal que es difícil hacer un balance con precisión, sin una investigación que tuviera el beneplácito o el apoyo de las instituciones gubernamentales.

-¿Cómo es el vínculo de Daniel Ortega con Cuba y especialmente con México también y Venezuela?

-Con Cuba hay una alianza, entre Cuba Venezuela y Nicaragua. Ese es un triángulo, que ha establecido una alianza para coordinar su política, tanto interna como internacional. Yo creo que el caso de México es un caso aparte. Si vemos los últimos acontecimientos en México, hay mucha presión de diferentes sectores para que el gobierno del señor López Obrador tome distancia del gobierno de Ortega – Murillo. Eso es lo que está sucediendo cuando el gobierno de López Obrador llama a consulta a su embajador. También el día de ayer, la comisión especial o preparatoria del Senado mexicano aprobó una resolución en la que condenaban la represión en Nicaragua. Esta resolución pasará al plenario y posiblemente sea aprobada. Eso no lo dudo. ¿Por qué?, Porque en los diferentes medios más importante de México, en los editoriales y los artículos de opinión, han sido muy fuertes condenando a la represión de Ortega – Murillo. Entonces el caso mexicano va a tener una vara de criterio, hay que entenderlo de una manera diferente. Lo mismo está pasando en Argentina.

-¿Qué opinan ustedes de esta actitud del gobierno argentino? Que apoya primero, les quita el apoyo después. Es una situación un poco confusa la posición argentina.

-Porque yo creo que el problema ha sido que también en Argentina, los medios de comunicación han dado reportajes mostrando la verdadera dimensión de la represión. Eso hace que el régimen, que el gobierno argentino del señor Fernández, tenga menos posibilidades de mantener esa posición de «neutralidad». Entonces su siguiente paso fue llamar a consulta a su embajador. Lo mismo sucedió con el caso mexicano. Es decir, la toma de conciencia de que la represión es indiscriminada, que viola los derechos humanos, que viola los derechos políticos y que la dictadura se transforma en una dictadura «bananera» y que no tiene nada que ver con un gobierno entre «de izquierda o progresista», evidentemente que limita las posibilidades de ambos gobiernos de México y Argentina, de seguir manteniendo una neutralidad ante esta ola represiva que se conoce en Nicaragua.

-Hay otro fenómeno que es el del exilio de los líderes, de los intelectuales, de los periodistas, de alguna manera para salvar su vida. Pero Dora Téllez, que está detenida, dijo que la estrategia de Ortega es que la oposición se auto exilie y si no lo hace, la encarcela para perpetuarse en el poder. ¿Usted coincide con esta prestación?

-Yo creo que sí. Es parte de su estrategia. Pero el problema es que el exilio también permite hacer lobby en los diferentes gobiernos latinoamericanos o europeos. Y ese es un elemento que yo creo que Dora no tomó en consideración. Mi temor es el siguiente: el día de ayer escuché el discurso de Daniel Ortega y él dijo que el país se estaba enfrentando a un nuevo golpe militar, un golpe de estado. Pero nadie tiene armas ni nada por el estilo. Pero lo que más me preocupó es que voceros del gobierno dijeron de que en el caso de que haya una intervención del Ejército, el Gobierno iba a asesinar a los que están presos. ¿Qué es lo que quiero crear con esto? Las personas que ha sido detenidas, inventando cualquier ley, lo que sea, están sirviendo para Ortega como rehenes por su «temor», ante cualquier intervención -cosa que veo poco probable-. Pero más que todo porque es una ficha de cambio en una posible negociación internacional.

-¿Qué se sabe del tratamiento a los opositores detenidos en las cárceles, hay alguna noticia? Porque en el diario El País salió publicado que están practicando en las cárceles el «submarino» contra los detenidos. Es decir, le meten la cabeza adentro del agua durante más de 20 minutos sucesivamente.

-El hecho es que no hay ningún conocimiento de lo que está pasando. Incluso los abogados no han tenido la posibilidad de hablar con sus defendidos. Ni tampoco los familiares han podido ver a su familia. Hay un desconocimiento total. Por ejemplo, no les dan posibilidades de que reciban la comida que llevan los familiares a sus detenidos.

Han pasado 20 días en algunos casos de que no se sabe dónde están y no se sabe en qué condiciones que están. Todo gobierno represivo como el de Ortega y Murillo, evidentemente utilizan la tortura para tratar de encontrar o saber algunas cosas que ellos andan averiguando y sobre todo que ellos piensan. Tienen una idea equivocada de que en Nicaragua, abril fue un golpe de Estado, cuando no reconocen que fue un levantamiento social espontáneo. Prueba de ello es que no había una dirección política coordinada. Pero ellos, para vender en el exterior a nivel internacional, de que se están defendiendo de un golpe de Estado, evidentemente que siguen en la lógica de decir de que las personas que tomaron prisioneras son parte de una conspiración que quieren dar un nuevo golpe de Estado.

-¿Ustedes van a exigir que vaya en comisiones de la ONU, de la OEA, de la Unión Europea, de Human Rights Watch, de Amnesty, para recabar pruebas, para para poder ver los detenidos, para poder tener acceso a las cárceles?

-No. Ortega está dejando entrar a nadie. Prueba de ello es que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha querido regresar a Nicaragua y no puede. La Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos tampoco. Tampoco los periodistas del Washington y del New York Times, que han buscado como entrar en Nicaragua para reportar lo que está pasando, no les permitieron entrar. Entonces Ortega está bloqueando todas las posibilidades de que se pueda dar testimonio de lo que está pasando en Nicaragua. La gran ventaja es que ha habido periodistas independientes, que mantienen al día lo que está pasando, y que son corresponsales de algunos medios de comunicación internacionales como «El País» o, en el caso de México, «La Jornada». También las entrevista que hacen los diferentes medios, como en Argentina o el Perú, es lo que permite tener una evaluación más directa de personas nicaragüenses, que podemos dar testimonio de lo que está pasando en el país y que podemos hacer el análisis de la situación que Nicaragua está viviendo.

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