¿Participar o no en las elecciones?

*Por Edmundo Jarquín | Tomado de La Prensa

“¿Participar, sí o sí, en las elecciones?”, en interrogación, y como planteó el editorial de La PRENSA, el martes, casi al inicio de Semana Santa. Depende, si hay o no “una observación electoral internacional independiente, fidedigna y acreditada”, como de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión Europea (UE), y no las que se inventó el orteguismo en 2016, en que no hubo observación de ninguno de los dos organismos.

El mes de mayo de 2021, como señaló la resolución de la Asamblea General de la OEA en octubre pasado, no fue marcado arbitrariamente, sino precisamente para que hubiese suficiente tiempo de organizar esa observación electoral independiente, fidedigna y acreditada, y para que el país tuviese suficiente tiempo —entre otras condiciones, levantar el Estado de Sitio actual y liberar a los presos políticos— para organizar las elecciones.

El parteaguas de la observación electoral internacional, como la establecida en los puntos anteriores debería ser el punto de inflexión, por varias razones, a la hora de la decisión si participar o no en las elecciones. Desde luego, nos referimos a la verdadera oposición, no a los colaboracionistas de la dictadura.

Las diversas razones, se resumen en una sola: si hay o no observación electoral internacional, es porque se han cumplido algunas de las razones básicas, fundamentales, para que se cumpla el “Restablecimiento de las instituciones democráticas y el respecto de los derechos humanos en Nicaragua mediante elecciones libres y justas”, como es el título de la resolución adoptada por la Asamblea General de la OEA.

En otras ocasiones hemos planteado que en los aspectos resolutivos de la decisión adoptada en la Asamblea General de la OEA, hay puntos abiertos, como “la modernización y reestructuración del Consejo Supremo Electoral para garantizar que funcione de forma totalmente independiente, transparente y responsable”. Ese es un punto abierto, porque caben diversas interpretaciones a partir de las preferencias políticas de cada quien, y particularmente en un ambiente político polarizado como el nuestro. En cambio, hay otros puntos cerrados, inequívocos, como el referido a la observación electoral internacional, que hemos referido textualmente, y no las barrabasadas que se invitaron en 2016, en la cual se excluyó a la verdadera oposición.

El editorial de LA PRENSA que he citado, arranca de un foro que se realizó hace dos semanas con la participación del expresidente tico, Luis Guillermo Solís, Ramón Jáuregui, quien presidió la delegación del Parlamento Europeo a inicios de 2019; Cynthia Arson, del Centro Wilson, y William Vigil, nicaragüense. En el mismo, diversas personalidades plantearon, entre ellas Jáuregui pero también otras, que la oposición debe unirse y participar.

Que la oposición deba unirse, la verdadera, resulta obvio, y desde estas páginas hemos sido fervientes partidarios de la misma. Que haya reformas electorales para tener unas elecciones creíblemente democráticas, dependerá del Gobierno y ahí radica la observación electoral internacional. La exclusión de la oposición en 2016 anticipó, en buena parte, abril de 2018.

Como dije en el último artículo que publiqué en este periódico, frente a la tentación de estabilidad que pueda representar Ortega, la pregunta que debemos hacernos hacia el futuro es la siguiente:

“¿Es esta, acaso, la estabilidad que Ortega ofrece hacia el futuro, a base de represión? ¿Volverá la confianza inversionista, con policías y retenes, para contener las protestas? ¿Con el actual Estado de Sitio?”.

Sin elecciones, básicamente libres, imposible. Y mucho dependerá de la observación electoral.

* El autor es abogado y economista. Fue candidato a la Presidencia de Nicaragua.

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