Por qué un Frente Amplio Unitario es necesario

*Por Oscar René Vargas

El objetivo del Frente Amplio Unitario

El escenario político ha cambiado significativamente desde abril de 2018, la dictadura ha ido destruyendo, paso a paso, el entramado civil. La estrategia autoritaria se radicalizó a partir de mayo de 2021 cuando conoció, por medio de sus propias encuestas, que la pérdida de su hegemonía era una realidad. Merma que fue comprobada cuando más del 70% de la población rechazó el fraude electoral de noviembre de 2021, absteniéndose.

Poco a poco se ha ido armando el Estado dictatorial, lo que significó la asfixia de todas las organizaciones independientes (canales de TV, ONG`s, organizaciones defensoras de los derechos humanos, persecución de periodistas independientes, iglesia católica, organizaciones sociales, intelectuales, etcétera). El régimen se ha ido consolidando en forma de una dictadura militar-policial.

Al día de hoy el balance de poder favorece al régimen Ortega-Murillo, por lo tanto la estrategia de la oposición debe de enfocarse en el cómo cambiar la actual correlación de fuerzas. Para lograrlo es necesario crear una Coalición o Frente Amplio Unitario que permita aglutinar al 73% por ciento de la población que estando en contra de la dictadura no se siente representada en ninguna organización de la actual oposición fragmentada.

El objetivo del Frente Amplio Unitario sería la conformación de un órgano de lucha por el poder, como órgano de coordinación y, en fin, como el órgano de contrapoder para derrotar a la dictadura militar-policial e impedir el orteguismo con o sin Ortega.

¿Por qué la Coalición o Frente Amplio Unitario es necesario para la lucha por el poder? Así como los sindicatos constituyen la forma elemental de lucha de los asalariados; la Coalición o el Frente Amplio Unitario en contra la dictadura es la expresión más elevada de las condiciones en que los distintos movimientos u organizaciones sociales entran en la lucha por el poder.

El Frente Amplio Unitario por sí mismo no tiene ninguna fuerza milagrosa, porque no es más que la representación de los diferentes sectores sociopolíticos, con todos sus lados fuertes y débiles. Precisamente por eso, y únicamente por eso, el Frente Amplio Unitario representa una posibilidad organizativa para los movimientos sociales y las diferentes tendencias políticas, con niveles de desarrollo diferentes, de unir sus esfuerzos en la lucha por derrotar a la dictadura.

En el plano político, todas las agrupaciones y todas las capas sociales de la población solamente podrán derrocar a la dictadura a condición de unificar sus esfuerzos con el fin de cambiar el régimen existente. Esto no quiere decir, sin embargo, que todas las fuerzas sociales comprendan cómo hay que hacerlo y, aún menos, que todos estén dispuestos, hoy mismo, a conformar una Coalición o un Frente Amplio Unitario.

La conciencia sociopolítica

La conciencia sociopolítica no madura según un plan rigurosamente elaborado y de una manera metódica; divergencias internas siguen existiendo al interior de la oposición, incluso en esta época en que los procesos políticos se realizan a saltos. La necesidad de una organización unitaria que comprenda a todos los sectores, adquiere una necesidad particular. Dar a esta necesidad una forma organizativa es el destino de la Coalición o Frente Amplio Unitario. Tal es su inmensa función.

En las actuales condiciones sociopolíticas, existe una necesidad de organización suprema de unidad. Quien no lo comprenda, no ha comprendido nada del significado de la rebelión de abril 2018. La única forma de superar los lados débiles, las divergencias internas y darle un impulso para superarlas, es la creación de un órgano político unitario.

Creer que el Frente Amplio Unitario puede “por sí mismo” dirigir la lucha por el poder sería sembrar un “fetichismo” muy grosero. Todo depende del programa político de “mínimo común denominador” al que se llegue por consenso. La creación de un Frente Amplio Unitario presupone el acuerdo de los diversos partidos, agrupaciones y organizaciones sociales, en un programa político con un contenido estratégico “mínimo común denominador” que tiene que ser discutido ampliamente.

La experiencia política del pasado

La experiencia política del pasado reciente, marzo del 2019, nos enseña que los compromisos por arriba, sin base de principios, sólo conducen a la confusión, a la derrota política o a los pactos de cúpulas. No se trata de un documento formal; se trata de elaborar un programa político, una estrategia que esté ligada a las necesidades más inmediatas de la población y que considere las experiencias de los movimientos sociales, las enseñanzas de las luchas y las expectativas de las diferentes capas sociales.

Hay que tomar en cuenta que la historia es dialéctica, es un constante ir y venir de flujos y reflujos, es una lucha de posiciones entre distintos proyectos políticos. La plataforma política mínima tiene que hallar una forma conveniente de compromiso que pueda acelerar la indispensable unidad en la diversidad y que, por otra parte, no estorbe en nada en la lucha por el cambio de régimen.

Las personas inteligentes pueden hacer tonterías y cometer errores, sobre todo personas que se inician en la política. Pero de ese derecho no conviene abusar. Si las tonterías políticas de un liderazgo determinado se repiten sistemáticamente en un período determinado, y, además, en el dominio de los problemas importantes; entonces, dejan de ser tonterías y se convierten en una cadena de errores políticos importantes que pueden conducir a la permanencia de la dictadura.

Da la impresión que muchos liderazgos de la amplia oposición se han quedado estacionados en el tiempo. Da la impresión que el liderazgo opositor ignora la capacidad de maniobra de la dictadura con los diferentes instrumentos del aparato de gobierno que tiene a su disposición. Las diferentes expresiones opositoras no han podido elaborar una estrategia adecuada para enfrentar y/o contrarrestar las acciones de la dictadura.

La política no se improvisa

En la lucha política real un slogan es útil, pero no sustituye a la preparación detallada de respuesta a los problemas económicos y sociales de la población. El slogan es una bandera. Es legítimo hacer política con una bandera. Pero con una bandera no se derrota a un gobierno apoyado en los paramilitares, hace falta una estrategia unitaria.

Hay que tener claro que la política es un arte. Uno de los rasgos de la política es que la experiencia nunca acumula capacidad de previsión y de análisis. Se corre siempre el riesgo de empezar cada día: solo queda la memoria. Esto viene a cuento por las negociaciones o los diálogos truncados. Es la misma historia de siempre, solo cambian los personajes. La ingenuidad de las fuerzas del cambio ha sido inmensa.

El régimen lo hundió todo

El régimen Ortega-Murillo lo hundió todo. Estamos viviendo un momento de profunda desigualdad económica, de desconfianza hacia todas las medidas del régimen y de incertidumbre sobre el futuro. Además, la población carece de suficientes ingresos para su alimentación. Miles de personas se levantan cada día sin saber si tendrán dinero para comer. La pobreza se ha incrementado sustancialmente.

El régimen apuesta, internamente, a la fatiga de los movimientos sociales y, externamente, a la descomposición social de los exiliados. En el país reina el hambre, la pobreza, el desempleo y las epidemias; en esas condiciones, los problemas políticos tienden a ser relegados al último plano.

El esfuerzo del régimen, que se apoya tanto en la represión como en el desempleo, que no hay que despreciar; ambos elementos han llegado a ser instrumentos importantes y eficaces en mano de la dictadura para fragmentar a los movimientos sociales y poner en marcha una salida política que les favorezca: una “salida al suave” a través de un “diálogo” entre desiguales.

Al interior de los diferentes sectores de los movimientos sociales, no existe a priori, una dirección política especializada en los problemas tácticos defensivos y ofensivos, ni en la construcción de un frente amplio unitario o especialista en paros generales. Hay que construirlo, formarlo. No se trata de construir lo que fue, sino construir lo que viene.

La aplicación justa de todos estos métodos de lucha no es posible más que si uno es capaz de apreciar sintéticamente la situación en su conjunto, si uno sabe analizar sus fuerzas motrices, determinar las etapas y los cambios de rumbo y basar, sobre este análisis, el sistema de acción que corresponde a la situación presente y que prepara la etapa siguiente. Todo ello implica elaborar una estrategia de corto, mediano y largo plazo que encuadre las acciones tácticas coyunturales.

Hace falta una plataforma programática

Hace falta una plataforma programática mínima común que permita la conformación de la Coalición o un Frente Amplio Unitario. No entendemos por esto un documento que reproduzca lugares comunes del catecismo político tradicional, sino respuestas claras y concretas a los problemas de la lucha sociopolítica que ha desgarrado a la sociedad nicaragüense durante los últimos años y que conservan todavía toda su importancia candente.

Una persona excesivamente narcisista, es una persona que tiene un gran sentido de su “autoimportancia”, piensan que no debe hacerse a un lado y permitir el surgimiento de nuevos liderazgos más jóvenes. Es una persona que tiene un “alter ego terrible” e impide el relevo generacional. No acepta la realidad y no entiende que hay que hacer relevo generacional, que no se puede quedar en el oscurantismo; sin embargo, quiere mantenerse ahí, quiere estancarse y que el tiempo se congele con él.

En Nicaragua, tiene que haber un relevo generacional, no podemos depender de las mismas figuras que están en la palestra política desde hace más de 40 años. La responsabilidad de quienes tenemos conciencia que estamos en un nuevo ciclo político es empezar a formar los nuevos líderes que deben asumir el reto de la Nicaragua del siglo XXI.

Por el bien del país se necesitan enfoques nuevos e ideas diferentes para resolver los viejos y nuevos problemas nacionales. Hay personas que ya han tenido la oportunidad de gobernar o de liderar. No descalifico a nadie por su edad, pero el país necesita una nueva visión y una nueva forma de enfrentar los problemas. El país necesita superar la cultura política de la improvisación, el país requiere una estrategia para derrotar a la dictadura.

Levantar las reivindicaciones más sentidas

El Frente Amplio Unitario tiene que diferenciarse radicalmente de la política tradicional formulando propuestas sociales alternativas y concretas que vayan encaminadas a buscar soluciones de los principales problemas de la sociedad: calidad educativa, desigualdad, salud, desempleo, corrupción, impunidad, medioambiente.

Es necesario levantar las reivindicaciones inmediatas más sentida de la población (encarecimiento de la canasta básica, de la electricidad, el deterioro de la educación, salud y del medio ambiente) proponer un programa que las distintas capas sociales se identifiquen con ello basado en la lucha por: trabajo, techo y tierra.

¿Cuál es el reto?

La elaboración de una estrategia de corto, mediano y largo plazo, esa es la única manera que se podrá aglutinar y consolidar un apoyo en la juventud, en el campesinado, en los ciudadanos autoconvocados, en los pobres, en los pensionados y en las diferentes capas sociales de la población. Aun así, sólo será en y desde la política donde se pueda tejer una estrategia que permita encontrar la salida del dictador. Que no será milagrosa ni por decreto, pero sí que tendrá que ser de grandes voluntades.

El reto es crear un liderazgo que apremie e impulse a todos los sectores sociales a considerar que existen más puntos que nos une de lo que nos separa, y hacerlos conscientes de que la fragmentación política, invalida toda posibilidad de un proyecto de contrapoder democrático progresista permitiendo la continuación del régimen Ortega-Murillo. Es decir, aceptar una realidad donde el reconocimiento de la diversidad es la llave del triunfo. Por lo tanto, el factor clave de la lucha es adoptar de la estrategia que permita de sumar, sumar, sumar a la mayoría de la población.

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