¿QUIENES MATARON REALMENTE A PEDRO JOAQUIN CHAMORRO?

*Ignacio Briones (SEGUNDA PARTE)
Publicado originalmente el Martes 18 de Enero del 2000, en Bolsa de Noticias

Ignoro si fue cierto la existencia de tales reportajes así como tampoco que se empezarían a publicar el 10, pero sí recuerdo que una mañana, meses antes de su atroz muerte, Pedro me habló sobre «algo» que debía estar ocurriendo en el seno del cuerpo castrense.

Resultaba que en la calle habían menudeado referencias al descharche por parte de Somoza Debayle de un oficial contador de la Oficina de Abastos, llamado Gustavo Moncada. La referencia, un rumor a voces en la ciudad, refería que Moncada había falsificado la firma del General Róger Bermúdez y tratado de retirar una fuerte suma de dólares del Banco de América, de una cuenta que Bermúdez habría abierto cuando se desempeñaba como Jefe de Abastos.

Cuando surgieron y se propalaron estos rumores, Bermúdez se desempeñaba como director de la Secretaría de Información y Prensa de la Presidencia.

Del Banco lo habrían llamado y prestado el cheque con su firma falsificada y éste lo habría llevado a Somoza Debayle. Lleno de ira el dictador, referían los rumores, había arrancado las estrellas del uniforme de Moncada, le habría lanzado al suelo y pateado.

No obstante este hecho, al sábado siguiente del descharche de Moncada por parte de Somoza Debayle, «Novedades» publicó en su bisagra una amplia información gráfica de un banquete que los miembros del Estado Mayor le dieron a Moncada a manera de desagravio.

Con esa edición de «Novedades» en la mano, Pedro me dijo que el hecho podría ser indicativo de que Somoza Debayle había perdido el control del Estado Mayor del Ejército y que había que darle seguimiento al suceso. Estaba muy interesado en verificar el asunto para publicarlo, lo que requería obtener cuanto dato fuese necesario, ya que de ser ciertos los rumores, al constituirse en noticia significaría un auténtico «palo» periodístico y político.

Repito: Ignoro hasta hoy si era cierto o no que el 10 de enero «La Prensa» iniciaría la publicación de aquellos reportajes, así como si en realidad fueron escritos.

Tampoco se confirmó si se había verificado lo de la reunión en casa de los Sampson.

III

Los periodistas que combatíamos la dictadura somocistas, sabíamos por experiencia que los Somoza se abstenían de reprimir a nadie cuando ocurrían acontecimientos que provocaban indignación popular. «Hay que esperar que baje la marea», había dicho el viejo Tacho cuando la rebelión estudiantil de 1944. Y esta orientación era mantenida por sus hijos posesionados del poder después de la muerte de su padre en 1956.

Bajo este reconocimiento se había denunciado el crimen perpetrado por varios GN contra sus compañeros de armas en abril de 1954, así como el asesinato de los patriotas Edwin Castro Rodríguez, Cornelio Silva Argüello y Ausberto Narváez en 1960 y otros. No obstante, sabíamos también que en la primera ocasión que se les presentara a los Somoza nos pasarían la cuenta. Había ocurrido muchas veces antes del 10 de enero y actuábamos en consecuencia.

«El periodismo no se rinde!» proclamábamos constantemente en nuestro diario IMPACTO durante su existencia de tres años (1959-1962), que culminó con la destrucción de la imprenta en que lo editábamos por parte de sicarios de la dictadura y algunos oficiales de la propia Guardia. Por otra parte, no había temor alguno en nosotros a lo largo de casi cotidianos enfrentamientos que teníamos con la dictadura. En el caso del asesinato del colega Pedro, nuestra furia se acrecentó. Nuestra consigna, la de los periodistas antisomocistas, era simplemente la misma del General Augusto César Sandino: «Patria Libre o Morir».

IV

La noche del 10, mientras el cuerpo martirizado de Pedro Joaquín era velado en las instalaciones de «La Prensa (horas después de que el pueblo en masa había incendiado el local de «Plasmeféresis» y otros negocios ubicados en la carretera Norte), dos reporteros del diario a quienes se atribuía tener estrechas relaciones con varios miembros de la GN, llegaron al velorio diciendo que ya se habían descubierto a los autores intelectuales del crimen, señalando específicamente al doctor Cornelio H. Hueck, presidente del Congreso Nacional; el cubano Pedro Ramos, propietario de «Plasmaférisis, y al Presidente del Banco de la Vivienda, doctor Fausto Zelaya.

–¿Cómo lo supieron, preguntó a uno de ellos el Ingeniero Pedro Cuadra, familiar de los Chamorro.

–Nos lo acaban de decir en la propia Central de Policía, respondió.

— Tengan cuidado con esa noticia, sentenció Cuadra, agregando: Podría ser que quienes se la dieron están encubriendo a otros.

Esta advertencia no detuvo los señalamientos que posteriormente se haría de la supuesta participación de esas tres personas en el asesinato, supuesta participación que nunca llegaría a ser confirmada, ni por la Guardia ni por los periodistas, ni por los jueces que investigaron la causa.

Continúa…

Primera parte

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.