Reseña crítica a la impronta de la historia de Arturo Cruz

*Por Eduardo Estrada Montenegro | Primera entrega

Imaginé que la obra de Arturo Cruz, La impronta colonial, bajo el sugestivo subtítulo Tres siglos de historia, sería una obra nueva y voluminosa, pero es más bien un ensayo –el mismo autor lo dice– que debió formar parte de los primeros capítulos La República Conservadora, obra en la que exalta los valores conservadores de ese periodo histórico y que vuelve a retomar en este nuevo libro de bolsillo, escrito al ritmo del “proceso electoral” que se avecina.

Así que el señor Cruz aprovechó esta publicación y el peso de la historia para lanzar en forma simultánea su precandidatura presidencial, pero el libro pasó a segundo plano y la imagen política del ex académico ha sido objeto de críticas y memes, en tanto los 300 años de historia colonial se esfumaron.

Lo primero que se me vino a la mente cuando oí el sugestivo título del libro, es que el doctor Arturo Cruz se había quemado las pestañas –como lo hizo el insigne historiador, Alejandro Bolaños Geyer, para su obra monumental sobre Walker– en las bibliotecas de España, Estados Unidos y Guatemala, pero me llevé tremenda sorpresa cuando al revisar el índice, comprobé que la bibliografía citada es de fuentes secundarias.

Pero creí entonces que al menos tomaría en cuenta obras de nuestra histogriafía de mucha importancia, como Nicaragua: sus gentes y sus paisajes, de Efraín G. Squire, pero en especial del libro Raíces de la indígenas de la lucha anticolonialista, del político retirado y ex comandante sandinista, Jaime Wheelock Román, obra es la contraparte de las tesis presentadas en  La impronta colonial. También ignoró una obra sustancial en la historiografía centroamericana, como es La Patria del Criollo, entre otros autores.

Pero creo que el libro debe ser tomado en cuenta, así que primero resumiré, en forma de proposiciones, las conclusiones del libro, que a mi modo de ver es lo más importante para saber qué piensa el autor de la historia de nuestro país.:

El experimento republicano de las colonias liberadas fue frustrado por las actitudes funestas de la ambición política de sus líderes.

Las pugnas y animosidades de la colonia entre los criollos independentistas terminaron destruyendo los modelos legales.

Los marcos jurídicos fueron sustituidos por figuras militares o caudillistas.

En los gobiernos de los 30 años (1858-1893) hubo un paréntesis de relativa estabilidad política y Francisco Guzmán, fue figura clave de la estabilidad.

Los gobiernos de los 30 años se ajustaron a los marcos legales apropiados para los tiempos y cumplieron con ellos.

Estos mismos gobiernos facilitaron un desarrollo modesto, pero sostenido de la economía.

A partir de entonces -es decir, después de la interrupción del gobierno de los 30 años–, la historia de Nicaragua ha sido marcada por la autocracia de diferentes signos y los fantasmas del rey.

En suma, las crisis políticas del país han tratado de ser resueltas por los líderes autoritarios o, para usar la figura literaria del autor, “los remedos del rey”, pues los nicaragüenses no han encontrado un marco legal efectivo que les garantice vivir en convivencia pacífica.

Durante la presentación del libro, a la que el señor Cruz no llevó ningún presentador o crítico, aprovechó para darnos algunos mensajes éticos y de sus principios políticos como precandidato y, todo esto, bajo el peso de la historia que nos cuenta.

La ruptura de sucesiones presidenciales ordenadas, y la incapacidad de esa generación de nicaragüenses de la segunda mitad del Siglo XIX de transmitirles sus valores republicanos y democráticos a las nuevas generaciones, fue lo que nos llevó a vivir por 17 años bajo los mandos de la formidable autocracia militar de José Santos Zelaya, dijo.

Hasta el propio Frente Sandinista, un partido con cuadros formados sobre la base de un marco ideológico, con una estructura propia del centralismo democrático de la doctrina leninista, terminó sucumbiendo a la impronta colonial, explicó en su discurso, para enfatizar que la sucesión de mando ha sido el Talón de Aquiles durante la mayor parte de nuestra historia, dijo.

Yo aspiro a que los nicaragüenses seamos capaces de sentarnos en una mesa común, donde alcancen todos sin excluir a nadie. Y donde el pobre tenga el lugar central, dijo.

No puede haber gobernabilidad democrática, sin ciudadanos éticos, sin ciudadanos que se respeten, y que confíen entre sí, que reconozcan el rol que cada uno de nosotros tiene en la vida en comunidad, dijo.

Es novedoso que en Nicaragua un político aproveche la ocasión del lanzamiento de un libro escrito a toda máquina –pues los 300 años de historia no aparecen– y se nos presente como el iluminado, sin más argumento que una pobre metáfora, “los remedos del rey”, ante la falta de un marco teórico robusto, pues lo que dice en su obra ya ha sido dicho por los historiadores tradicionales.

Y lo peor de todas las referencias bibliográficas es que abunda en citas de la obra del escritor conservador, José Coronel Urtecho –el fascio de nuestra literatura–, para venir a contarnos una historia para tontos.

(Esperan la segunda parte de esta reseña para el fin de semana).

*El autor es escritor y desarrollador de aplicaciones educativas | https://gorkieduardo.com/

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