Respuesta a nota de apología de la desunión

*Mirna Moncada F. | Especialista en planificación estratégica e integrante del Movimiento Pico Rojo

Como ciudadana nicaragüense, entiendo que la AC y/o sus miembros, tienen todo el derecho de justificar su incomprensible posicionamiento ante el inminente proceso electoral, si es que logran las condiciones acordadas nacional e internacionalmente. 

Sin embargo, defender la desunión desde una posición de dueños de la razón y la verdad, influidos o inspirados en el Cristianismo, es deplorable y triste, no por menosprecio a dicha religión, cuyas invaluables enseñanzas, son con demasiada frecuencia omitidas o distorsionadas.

La manipulación religiosa es harto conocida y vivida en Nicaragua, sobre todo hoy, en que invocar el Cristianismo es casi una moda, particularmente en la clase política (El mejor ejemplo de esto son los Ortega Murillo).

Es un craso error y despropósito, convertir la lucha actual, en una de naturaleza religiosa o ideológica, que jamás han llevado a país alguno, a la concordia y a la paz. ¡Todo lo contrario!

Estas argumentaciones solo sirven para confundir y retrasar las decisiones estratégicas que Nicaragua necesita ahora mismo, ante la encrucijada que enfrentamos.

Coincido con muchas personas y sobre todo con el espíritu genuino, de abril de 2018, cuando el grito y objetivo era: LIBERARNOS DE LA DICTADURA.

Lograr ese propósito exige un actuar sinérgico que permita  aumentar las posibilidades de ganar el poder en las posibles elecciones. No es cierto que para ganar no es necesario contar con una sola plataforma, basándose en la experiencia del 90 cuando la papeleta electoral tenía múltiples candidatos.

En ese entonces el FSLN estaba debilitado militar y económicamente, y sobre todo no existía el cártel internacional que promueve y financia las narcodictaduras, apoyadas por el poderosos eje: Moscú- La Habana – Caracas, que con sus miles de millones desestabiliza y compra.  

No podemos enfrentar a este monstruo de manera fragmentada. Son ampliamente conocidas las experiencias nacionales y latinoamericanas recientes. De manera que la UNIDAD ES UN IMPERATIVO ÉTICO Y ESTRATÉGICO.

Por supuesto que de manera eventual o simultanea – si posible-, habrá que alcanzar consensos básicos sobre principios y líneas generales de acción, que serían las bases para un eventual Plan de Nación que deberá formularse en el nuevo gobierno.

En este momento, la encrucijada está trazada y es urgente tomar decisiones: o se toma el camino de la UNIDAD o se opta por el de la DESUNIÓN. Todos/as podemos intuir el final de cada camino.

La selección que hay que hacer, se basa en dos alternativas:

a) La UNIDAD, para aumentar las posibilidades de cambiar el país.

 b) La DESUNIÓN, con altos riesgos de mantener el perverso status quo.

Este test, NO admite peroratas ni apologías.

Si bien los grupos de la AC y afines, son LIBRES de seleccionar la opción que quieran, ambas opciones están profundamente ligadas al futuro de Nicaragua, así que el grado de libertad para escoger una u otra, no se puede desligar de las consecuencias que ambas traerían al país y a su población.

Desde ahora, la falta de unidad, está teniendo efectos funestos de confusión y desincentivación de la participación en las elecciones, lo que resulta en regocijo y conveniencia de Ortega. Dividir, confundir y desmotivar la participación ciudadana, ha sido su estrategia más eficaz y rentable, como lo muestra la historia de los últimos 40 años.

Del otro lado, los millones de ciudadanos fuera de la AC, somos también LIBRES de abogar por la opción que conlleva el menor riesgo de continuidad de la tiranía y esta es la de la UNIDAD, que por demás, es la que nos conviene a las mayorías, avasalladas por la dictadura más cruel y perversa de nuestra historia.

Ante este panorama, la AC debería de considerar en primer lugar, que el país es de todos y todas, y no solo de dos pequeños grupos que por su poder económico y político autoarrogados, han manipulado el destino de nuestro país. 

Este solo hecho debería motivar a la AC a una profunda reflexión para solidarizarse con la mayoría de nicaragüenses que queremos cambiar este anquilosado esquema de hacer política y negocios.

Su alegado cristianismo, les debería mover a pensar en Nicaragua y salirse por una vez, de sus propios intereses, pensando más allá de sus arcas rebosantes, a costas de millones de empobrecidos y hambreados, por la codicia implícita del actual sistema político social. La AC por tanto, está en la obligación moral de reflexionar y optar por Nicaragua.

El resto de nicaragüenses, dentro y fuera del país, estamos también ante la obligación ética de trabajar sin descanso para construir un frente común en favor de la UNIDAD y mantenernos fieles al Grito de Abril.

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