Sacerdotes nicaragüenses exiliados piden al pueblo de Nicaragua “no perder la esperanza y no caer en la desilusión”

Un grupo de sacerdotes nicaragüenses que viven el exilio forzado, pidieron al pueblo de Nicaragua a través de una carta pública a “no perder la esperanza y no caer en la desilusión” a causa de la crisis sociopolítica que vive el país y el encarcelamiento de más 200 presos de conciencia, incluyendo sacerdotes.

Nosotros sacerdotes nicaragüenses que vivimos en el exilio forzado, queremos dirigirnos al Pueblo Santo de Dios en Nicaragua y a los que viven en la diáspora, experimentando en carne propia el temor, soledad, incertidumbre, bajo la represión y el sometimiento injusto de un sistema cruel”, reza la misiva.

Como Pastores alzamos la voz, por los sin voz, por los más de 200 presos de conciencia, incluyendo a nuestros hermanos Sacerdotes, quienes lo único que hicieron fue soñar por una Patria donde se respetara: La libertad, la justicia, la Democracia, Derechos Humanos y un nuevo País en donde todos nos miráramos como hermanos”, agregan los sacerdotes exiliados que afirman que “Dios siempre puede más”.

Los religiosos se dirigieron a las familias de Monseñor Rolando Álvarez, a la de los reos y demás sacerdotes. “Sabemos que se han sentido solos, no lo están. Miles de personas desde dentro y fuera oramos por ustedes. Dios, aunque pareciera que no responde nuestra plegaria, está muy cerca de nosotros. Sabemos de su dolor y lágrimas, por el injusto encarcelamiento de sus familiares. Ese dolor es asociado al de la Virgen, que de manera incruenta también sentía el dolor, pero supo callar y esperar el tiempo perfecto de Dios”, apuntaron.

Sigan adelante y esperemos la respuesta de Dios a nuestras plegarias y anhelos de libertad de todos, porque son inocentes. Alabamos su gran testimonio de valentía y dignidad. Ellos son pecadores, como todos los somos, pero nunca han cometido delito para guardar prisión”, destacaron.

Los sacerdotes expresaron sus oraciones y solidaridad con los miles de nicaragüenses forzados a abandonar el país: migrantes, exiliados, desterrados, que lejos de su tierra experimentan la soledad, y el dolor de no poder estar con los suyos.

Finalmente esperan “el retorno de una sociedad: justa, pacífica, en que podamos recrearnos juntos como hermanos en una sola familia nicaragüense”.

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