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¿Estamos controlando la obesidad?

Leonel Argüello Yrigoyen, médico epidemiólogo

Hace algunas décadas, la desnutrición infantil era uno de los principales problemas de salud pública. Aunque sigue presente en muchos países, hoy enfrenta un nuevo desafío: el aumento de la obesidad infantil y adulta. Según la OMS, la obesidad es una de las mayores amenazas para la salud del siglo XXI.

El sobrepeso y la obesidad aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes tipo 2, apnea del sueño, enfermedad del hígado graso, problemas articulares, depresión y más de 13 tipos de cáncer, además de reducir la calidad y la esperanza de vida.

La obesidad es una enfermedad compleja y multifactorial. No depende únicamente de la voluntad de las personas. Influyen la genética, el sedentarismo, el consumo de alimentos ultraprocesados, la pobreza, la urbanización, el estrés, la falta de sueño, la publicidad de alimentos poco saludables y el acceso limitado a opciones nutritivas.

Algunos países han logrado estabilizar o reducir parcialmente la obesidad, especialmente en niños, mediante políticas públicas sostenidas.

México implementó impuestos a las bebidas azucaradas y a los alimentos ultraprocesados, además de un etiquetado frontal con sellos de advertencia como «Exceso de azúcar» o «Exceso de calorías». También restringió la venta de comida chatarra en las escuelas y promovió campañas de educación nutricional. Estas medidas redujeron el consumo de refrescos y motivaron a muchas empresas a reformular sus productos.

Chile adoptó un sistema de etiquetado frontal similar, limitó la publicidad dirigida a niños y prohibió la venta de alimentos poco saludables en los centros educativos. Diversos estudios muestran una disminución de la compra de bebidas azucaradas y mejoras en la composición de muchos productos.

Japón mantiene una de las tasas de obesidad más bajas del mundo gracias a la educación alimentaria desde la infancia, a almuerzos escolares balanceados, a una dieta tradicional con porciones moderadas, al uso frecuente del transporte público y de la caminata, además de controles médicos preventivos.

Finlandia demostró, con el Proyecto Karelia del Norte, que las intervenciones comunitarias pueden reducir significativamente las enfermedades cardiovasculares. Sus estrategias incluyeron la alimentación escolar saludable, la reducción de sal y grasas en los alimentos, la promoción del ejercicio y la creación de ciudades diseñadas para caminar y usar la bicicleta.

Singapur ha controlado relativamente bien la obesidad urbana mediante campañas permanentes de actividad física, etiquetado nutricional, promoción de alimentos saludables y espacios públicos que favorecen el ejercicio.

¿Qué tienen en común estos países? La evidencia muestra que los mejores resultados se obtienen cuando varias estrategias se aplican simultáneamente: educación nutricional desde la infancia, etiquetado claro de los alimentos, impuestos a las bebidas azucaradas y a los ultraprocesados, restricción de la publicidad dirigida a niños, escuelas con alimentación saludable y con actividad física, ciudades que facilitan caminar, andar en bicicleta y hacer ejercicio, atención preventiva y orientación nutricional, ninguna de estas medidas, por sí sola, resuelve el problema. Además, existen importantes limitantes, como el poder de la industria alimentaria, la pobreza, el sedentarismo, el estrés, la falta de sueño y la facilidad de acceso a alimentos de baja calidad nutricional.

Por ello, muy pocos países han logrado reducir de manera significativa la obesidad en adultos. Lo más frecuente ha sido estabilizar su crecimiento, disminuir el consumo de azúcar y obtener mejores resultados en la población infantil.

La lección principal es clara: la obesidad debe tratarse como una enfermedad crónica y no como una simple falta de disciplina. La prevención desde la infancia, acompañada de políticas públicas sostenidas y de entornos que favorezcan hábitos saludables, ofrece las mayores posibilidades de éxito. Cambiar los hábitos de toda una población requiere el compromiso conjunto de los gobiernos, las escuelas, la industria, los profesionales de la salud y de cada ciudadano.