Un incendiario en la mañana, un cruel bombero por la tarde – Lombardo Martinez Cabezas

Aquella plaza pública poblada por una multitud monumental se estremeció delirante, casi electrizada cuando desde la tarima el maestro de una ceremonia improvisada pronunció su nombre con las campanas que tocaban a rebato. Aquella tarde anémica del 19 de Julio 1979 los celajes del atardecer no presagiaron la turbolencia que el futuro nos reservaba.: la muerte del ilusionismo colectivo y la esperanza otra vez manchada de rojo. Con su nombre siempre flotando en el contexto las masas alborazadas recontruyeron su epopeya «libertaria»,-el asalto al Palacio Nacional- de 1978 y con furor apoteósico, todavía convaleciente de la resaca del somocismo, convirtieron su bautizo de fuego, en mito inefable, incontrolable que lo expuso a la ira y el temor del conciliabulo de los nueve comandantes que días mas tarde se autoproclamaría dirección nacional ordene con la aureola de la «infalibilidad» reduciendo a redentor de segundo grado a Eden Pastora Gómez quien no pudo resistir su frustración y amargura y aquel rostro sereno, impavido, impertérrito que el poder de los medios occidentales de paradigma mediático lo habían transfigurado en paradigma permanente. Nacido en el seno de una familia burguesa feudal de matriz conservadora de un municipio periférico dentro de una sociedad levítica Pastora buscó su promoción social asistiendo al colegio Centroamerica de los jesuitas que se ve obligado a abandonar por la muerte prematura del padre asesinado por encomienda del GN Camilo González por una cuestión limítrofe de tierras figura muy allegada a la familia somoza.

Con una visión patriarcal, gamonal casi cerril de la existencia Pastora convirtió su odio al régimen en reivindicación social sin cultivar ningún conocimiento sin percartarse que todo progreso es siempre precedido por un progreso mental. Su desdeño de la teoría lo hizo fácil presa de las tentaciones del poder y su permanente despliegue de valentía, osadía y temeridad que siempre demostró apenas si disfrazaba su extrema carencia de esencia de pensamiento.Para los que vivimos antes y aun transitamos el hoy constamos que este hombre con sus acciones poco impacto en la realidad de una nueva praxis social y por muchos aspectos se redujo simplemente a un mero ejercicio de iconografía con tintes de cultura del espectáculo como se puede deducir de su trayectoria «discola» que lo llevó alejarse por los años de los «guardianes de la pureza ideologica» y abrir su propio frente de guerra para luego volver contrito esta vez al redi del orteguismo. Una trayectoria que revela que el interés personal le oscurecio siempre todo impulso de contribuir a una mejor evolución de nuestra sociedad refugiándose en un vida lubrica con poses olímpicas y ya perlático y baldado por la edad se convirtió en un ser enajenado con una psicología de vasallo y los sentimientos humanitarios que una vez lo empujaron a arriesgar su vida con reivindicaciones de libertad y justicia social no fueron suficientes para enraizarlos en el terreno de las ideas y sin el sustento de las ideas los sentimientos cambian con la miel del poder.

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