Urnas Abiertas: “Los partidos colaboracionistas lucran con el deterioro democrático y las violaciones de DDHH en Nicaragua”

El observatorio Urnas Abiertas dijo este lunes que a dos meses de la farsa electoral municipal en Nicaragua “ningún partido político es opositor”, pues a su juicio “si lo fuesen, estuvieran despojados de su personalidad jurídica o tendrían encarcelados a sus dirigentes y candidatos”.

En un editorial titulado ‘Colaboracionistas: los aliados más fieles de la democracia orteguista’, Urnas Abiertas acusó a los partidos que participarán en las votaciones del próximo 6 de noviembre de “lucrarse con el deterioro democrático y las violaciones de Derechos Humanos en Nicaragua”.

Tal parece que la afinidad entre la corrupción y el autoritarismo es más alta que cualquier valor ideológico. Es el momento para afianzar las bases sobre las cuales se construirá la tan añorada nueva forma de hacer política, a pesar de la democracia orteguista y de sus fieles aliados: los colaboracionistas”, dijo el observatorio en sus redes sociales.

“Más de 450 millones de córdobas recibirán todos los partidos el próximo año por su participación en un proceso electoral municipal sin condiciones ni garantías democráticas. El colaboracionismo, los pactos y las alianzas por debajo de la mesa, entre funcionarios y representantes de partidos opositores con el régimen orteguista, han destruido los cimientos del sistema de democracia liberal que se intentó construir durante el período de transición”, reza el editorial.

Urnas Abiertas criticó que hasta la fecha “los partidos colaboracionistas no han reclamado por el atraso que hubo en la convocatoria y la publicación del calendario electoral, tampoco por la disminución de procesos para corregir el padrón y la cartografía electoral”.

Parecen ser indiferentes a la reducción de los tiempos para conformar estructuras departamentales y municipales, se conforman con la anulación del 4% mínimo de votos adquiridos para acceder al reembolso por la campaña electoral y dejan en evidencia que su vocación tiene de todo menos de democrática”, señala.

EL CASO DEL PLC

La mayoría de los partidos políticos que dicen ser opositores han demostrado ser funcionales al régimen nicaragüense. Quizás la historia de colaboracionismo más fiel y longeva es la que ha mantenido el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), pero con el tiempo el oficialismo ha ampliado y perfeccionado su sistema de pactos, re pactos y prebendas para que otros agentes de la política institucional sean parte de la destrucción del sistema político y electoral del país a cambio de beneficios mínimos e insignificantes”, dijo el observatorio.

Añadió que el pacto concertado en 1998 entre líderes de partidos históricamente rivales, Ortega y Alemán, “marcó el inicio de una historia de negociaciones, alianzas por intereses y corrupción”.

“Así, la tradición caudillista fue desempolvada a la luz de una reforma constitucional, la repartición de instituciones y reformas en la ley electoral que adaptaron el sistema a las necesidades del sandinismo: el caudillo liberal se aseguró un lugar en la Asamblea Nacional, mientras que el sandinista tuvo asegurada una victoria presidencial con la disminución del mínimo de votos del 45% al 35%. Ese triunfo que antes del nefasto acuerdo no vislumbraba otro camino que la derrota”, anotó.

El observatorio remarcó que “quizás el cambio de bancada que han hecho diputados liberales hacia el FSLN -para garantizarse un asiento dentro de la Asamblea, un salario y beneficios- pueda considerarse otra arista del mismo problema, uno de los casos más paradigmáticos es Wilfredo Navarro. Tal parece que la afinidad entre la corrupción y el autoritarismo es más alta que cualquier valor ideológico”.

El politólogo y director de la organización internacional Transparencia Electoral, Leandro Querido, señala: “En Nicaragua se ha ido construyendo una oposición a la medida del oficialismo para seguir con un proceso de concentración de poder y los partidos zancudos sirven para ese propósito”. Y en efecto –añade–, “en Nicaragua ningún partido político es opositor, si lo fuesen estuvieran despojados de su personalidad jurídica o tendrían encarcelados a sus dirigentes y candidatos”.

El observatorio reiteró que “sin temor a equivocarnos decimos que en este momento no tenemos el proceso electoral que Nicaragua se merece. Ni las boletas tendrán a las y los candidatos que el pueblo quiere, ni las urnas serán testigos de la voluntad popular”.

Pero, este es el momento para afianzar las bases sobre las cuales se construirá la tan añorada nueva forma de hacer política, a pesar de la democracia orteguista y de sus fieles aliados: los colaboracionistas”, finaliza el editorial.

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