Walker y Ortega: supremacismo y entreguismo

Son dos presidentes, dos épocas, dos nacionalidades; pero hay algo que los une, les identifica y los convierte en los dos presidentes más indeseables en la historia de Nicaragua; ambos mesiánicos, uno desde el supremacismo blanco y el otro desde la superioridad mestiza; ambos bajo el designio divino de salvar a las ignorantes masas, necesitadas de un liderazgo, -su liderazgo providencial-, o de someterlas a sangre y fuego, según sea la necesidad.

Walker jugó con eficacia, al pirómano en Granada; Ortega incendió el país con la guerra civil y la «piñata», y atiza en el siglo XXI, el fascismo sandinismo y el entreguismo a chinos y rusos. Los daños de ambos, desde el plano más profundo en la intrincada sicología humana es incalificable; Walker, hace 166 años, nos quiso convertir en súbditos norteamericanos, Ortega, nos convierte hoy en esclavos emigrantes de la potencia del Norte; el presidente extranjero, se alió con los nacionales para perpetrar la barbarie de abortar la creación de un posible Estado Nacional; el actual, presidente nacional, es aliado de terroristas, narcotraficantes y falaces, para seguir ostentando una raída supremacía mestiza, antiétnica y dictatorial. Hay un empate técnico entre el más supremacista y el más entreguista, o quizás hemos pretentido establecer analogías en una asimetría histórica, geográfica y política.

Walker no puede ser entreguista de una soberanía nacional que no le pertenece, Ortega sí.

Ortega puede ser lamebotas de una potencia extranjera. Walker no.

Ezequiel Molina

Noviembre 19, 2022

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