¿Y cuando las casas queden llenas de humo?

…y gritaba                    

y grita

que se rindieran…

Nunca contestó nadie

                                   Poeta Leonel Rugama

                                   Julio de 1969.

El final del aquelarre estará más próximo que lejano, pero la ofensa ilimitada a la benévola inocencia creyente de las virtudes del cambio, prometido por quienes hoy se ensañan con particular esfuerzo en reconstruir las que creímos enterradas historias, de generales y comandantes fatídicamente uniformados; aquellos que osan en destruir el túnel que nos deja ver la tenue luz de la esperanza, son los agoreros que mancillan con su mano ensangrentada, la palabra del poeta que les dio su legado, su palabra y su vida.

Esta es la tierra del bullicioso silencio, de la iluminada oscuridad, de la conspiración diáfana; es el preciso lugar del camuflaje ciudadano, que mimetiza el mensaje en el celular que es cómplice, que disfraza su rechazo agitando una bandera, que burla a sus opresores vitoreando falsedades; pero que en su casa, en la intimidad de la mesa de copas, en el círculo de amigos de infancia, desenfunda sus verdades, sin dudas y sin ambages, es cuando expone al tirano y a su lúgubre pitonisa sus verdades, articulando el análisis del fracaso económico prístinamente claro, del colapso social estructuradamente irreversible y de la entronizante debacle moral en la que nos conducen una banda de competentes criminales, expertos falaces y mitómanos patológicos.

Pero llegado el momento de responder al poeta, ¿qué diremos?, que las casas no están llenas de humo, están vacías de presencia, del emigrante forzado, del hijo que murió a manos de los criminales que ocultaron su conocido rostro, o del anciano que a diario corría gritando, “si la Patria es pequeña…”, del joven encarcelado por quemar un trapo rojinegro, mientras los que quemaron las inocentes vidas en el Carlos Marx, desfilan copiosos con sus brillantes grados, sus abultados cheques estatales y reconocimientos presidenciales.

¿Qué podemos decir poeta?, pues le diremos, que no pasaremos la vergüenza de ver más casas llenas de humo; las limpiaremos de tiranos, de brujas y malhechores, y las pintaremos del verde abundante de Bosawás, que hoy se desangra, y las inundaremos con las aguas cristalinas del San Juan, lejos del deseo faraónico de vender nuestro futuro, y no será necesario el grito, ¡Que se rinda tu madre!, porque podremos susurrar en el oído de la Patria: ¡el tirano se ha marchado!

Ezequiel Molina

Diciembre 13, 2022

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.