Por Douglas R. Lee | 13 de agosto 2025
El Informe Anual sobre Prácticas de Derechos Humanos 2024 del Departamento de Estado de Estados Unidos no es un documento decorativo. Es una radiografía forense de un país donde la represión no es un accidente, sino una política de Estado.
Según el reporte, “graves violaciones de derechos humanos incluyeron ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias, tortura y tratos crueles, inhumanos o degradantes” (U.S. Department of State, 2024). Estos no son incidentes aislados: son patrones sistemáticos, organizados y sostenidos por el aparato estatal.
Un Estado diseñado para la represión
El informe detalla cómo el poder político y el aparato coercitivo se han fusionado. “La Policía Nacional y fuerzas parapoliciales actuaron con impunidad, cometiendo abusos graves sin investigaciones significativas ni enjuiciamientos” (U.S. Department of State, 2024).
No se trata de excesos operativos, sino de un modelo funcional, donde la ley se convierte en instrumento de persecución y el castigo se aplica sin mediación judicial.
Derechos civiles: papel mojado
Libertad de expresión, prensa, reunión y asociación… todas bajo asedio. “El gobierno continuó cerrando medios independientes, confiscando sus bienes y hostigando a periodistas, lo que llevó a muchos a exiliarse” (U.S. Department of State, 2024).
Además, “las libertades de reunión pacífica y de asociación fueron severamente restringidas mediante la cancelación arbitraria de más de 3,500 organizaciones no gubernamentales”.
Es la demolición calculada de la sociedad civil independiente.
Exilio y destierro como política de Estado
Uno de los apartados más contundentes expone el uso del despojo de nacionalidad como castigo político: “Las autoridades revocaron la ciudadanía de opositores, periodistas y defensores de derechos humanos, confiscando sus bienes y prohibiéndoles regresar al país” (U.S. Department of State, 2024).
Es un mecanismo de aniquilación civil: borrar jurídicamente a una persona para eliminar su voz del espacio público.
Economía como instrumento de control
El reporte también refleja cómo el régimen manipula la economía como arma política. En las secciones de Corruption and Lack of Transparency in Government y Worker Rights, se documenta que “el acceso a contratos, licencias y divisas fue controlado de manera discrecional, favoreciendo a aliados políticos y castigando a críticos”.
En este esquema, la pobreza y la precariedad no son errores de gestión: son palancas deliberadas de dependencia.
Por qué este reporte importa
El Departamento de Estado subraya que estos abusos “pueden constituir crímenes internacionales y servir de base para acciones diplomáticas, sanciones y mecanismos de justicia” (U.S. Department of State, 2024).
Este no es solo un registro histórico: es material probatorio que puede usarse en cortes internacionales, procesos de sanciones selectivas y estrategias de presión multilateral.
Reflexión final
Este informe no es un simple balance anual: es un expediente de acusación internacional. La narrativa que ofrece no deja espacio para el matiz diplomático: Nicaragua es hoy un laboratorio de autoritarismo que ya exporta su modelo. Quien lo lea con atención entenderá que la represión documentada no se limita a un territorio; es un aviso sobre las formas modernas de consolidar el poder absoluto.
La memoria documentada es la antesala de la justicia. Este inventario no se olvida, y tarde o temprano, tendrá que ser respondido en un tribunal.
Anexo: Violaciones documentadas por el Departamento de Estado (Nicaragua, 2024)
1. Ejecuciones extrajudiciales y violencia letal
El informe registra que “graves violaciones de derechos humanos incluyeron ejecuciones extrajudiciales”, cometidas por fuerzas de seguridad estatales y parapoliciales. (Executive Summary)
2. Desapariciones forzadas
Se documentan “desapariciones forzadas, a menudo sin notificación a familiares ni debido proceso”, en las que agentes del Estado retuvieron y ocultaron a personas de forma ilegal. (Executive Summary)
3. Tortura y tratos crueles
El reporte señala “tortura y tratos crueles, inhumanos o degradantes por parte de autoridades de seguridad”, tanto físicos como psicológicos, especialmente contra personas detenidas por motivos políticos. (Executive Summary / Torture and Other Cruel, Inhuman, or Degrading Treatment or Punishment)
4. Detenciones arbitrarias
Se constata “arrestos y detenciones arbitrarias de opositores políticos, periodistas y miembros de la sociedad civil”, ejecutados sin orden judicial ni fundamento legal. (Arbitrary Arrest or Detention)
5. Impunidad policial
El documento indica que “la Policía Nacional y fuerzas parapoliciales actuaron con impunidad… sin investigaciones significativas ni enjuiciamientos”. (Executive Summary / Role of the Police and Security Apparatus)
6. Represión a la libertad de prensa
El informe destaca que “el gobierno continuó cerrando medios independientes, confiscando sus bienes y hostigando a periodistas, lo que llevó a muchos a exiliarse”. (Freedom of Expression, Including for Members of the Press and Other Media)
7. Restricción a la sociedad civil
Se afirma que “las libertades de reunión pacífica y de asociación fueron severamente restringidas mediante la cancelación arbitraria de más de 3,500 organizaciones no gubernamentales”. (Freedom of Association and the Right of Peaceful Assembly)
8. Despojo de nacionalidad y destierro
Uno de los apartados más graves documenta que “las autoridades revocaron la ciudadanía de opositores, periodistas y defensores de derechos humanos, confiscando sus bienes y prohibiéndoles regresar al país”. (Denial of Fair Public Trial / Arbitrary or Unlawful Interference with Privacy, Family, Home, or Correspondence)
9. Represión económica
En las secciones de corrupción y derechos laborales, el Departamento de Estado detalla que “el acceso a contratos, licencias y divisas fue controlado de manera discrecional, favoreciendo a aliados políticos y castigando a críticos”. (Corruption and Lack of Transparency in Government / Worker Rights)
10. Persecución laboral
Se denuncia que “trabajadores críticos del gobierno reportaron ser despedidos o negados en empleos estatales como represalia por sus opiniones políticas”. (Worker Rights)

*Ing. Douglas R. Lee Galo, ciudadano nicaragüense, nacido en Masaya. Residente en Estados Unidos. Estudió en Chicago, Illinois.
