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¿Se abre una verdadera ruta de paz en Gaza o solo un alto al fuego temporal?

La madrugada de este viernes, el gobierno de Israel aprobó el acuerdo inicial de paz con Hamas, que contempla la liberación de rehenes israelíes, un alto al fuego y la retirada parcial del ejército de Gaza.

El plan, auspiciado por Estados Unidos y su presidente Donald Trump, fue calificado por el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu como “un paso histórico hacia la estabilidad regional”.

Durante el programa La Mesa Redonda, el analista costarricense Vladimir de la Cruz valoró el anuncio como un “gesto de buena voluntad, pero no una paz real”, señalando que los elementos estructurales del conflicto “siguen intactos”: la falta de reconocimiento del Estado palestino y el control militar israelí sobre el territorio ocupado.

Un alto al fuego sin soberanía palestina

Según los términos del acuerdo, Hamas liberará a 20 rehenes vivos en una primera fase, mientras que Israel pondrá en libertad a 250 prisioneros condenados a cadena perpetua y 1,700 detenidos palestinos. A cambio, 400 camiones con ayuda humanitaria podrán ingresar diariamente a Gaza bajo supervisión internacional.

Sin embargo, De la Cruz advirtió que el pacto “no garantiza una paz duradera”, pues “ni Estados Unidos ni Israel pueden hablar en nombre del pueblo palestino”.

 El politólogo señaló que el acuerdo “es manejado desde fuera, sin que participen las verdaderas autoridades palestinas, lo que convierte esta tregua en una suspensión momentánea del conflicto, no en su solución definitiva”.

“Un burro amarrado contra un tigre suelto”

El experto costarricense criticó también el desequilibrio militar entre ambas partes:

No se puede exigir a Hamas que se desarme mientras Israel sigue armado hasta los dientes. Es como poner a pelear a un burro amarrado contra un tigre suelto”, dijo De la Cruz.

Para el académico, la clave de una paz verdadera pasa por el reconocimiento mutuo de dos Estados: Israel y Palestina, y por el fin de las ocupaciones iniciadas desde 1967.

Mientras tanto, la comunidad internacional observa con cautela la implementación de un acuerdo que podría significar, en el mejor de los casos, un respiro temporal en una guerra prolongada y profundamente desigual.