El abogado opositor advierte que la dictadura sandinista elimina a sus propios cuadros para asegurar la sucesión familiar y mantener la lealtad absoluta.
En una entrevista exclusiva con La Mesa Redonda, el abogado opositor y analista político Eliseo Núñez desmenuzó las estrategias internas del régimen Ortega-Murillo, describiendo una “purga sistemática de aliados convertidos en amenazas”, ejecutada bajo el principio de “prueba y error.
“El régimen ha aplicado la misma lógica con sus opositores y ahora con sus propios partidarios: probar hasta dónde puede llegar sin provocar resistencia. Así fue como comenzaron con alcaldes, siguieron con magistrados y ahora avanzan hacia generales y excomandantes”, explicó Núñez durante la entrevista.
Purga interna y sucesión familiar
Núñez subrayó que las actuales detenciones y destituciones dentro del sandinismo no son simples ajustes administrativos, sino una limpieza política orientada a garantizar la sucesión familiar de Rosario Murillo y sus hijos.
“Hoy ya no hay ideología de por medio. El mensaje es claro: todo el que estorbe a la familia Ortega-Murillo será eliminado, política o físicamente”, afirmó.
Según el jurista, el control del poder se sostiene sobre un sistema clientelar de familias que se benefician del Estado: “La familia del jefe de policía, del jefe del ejército, de los ministros… todas viven del erario público. Es una pirámide de privilegios que esquilma al pueblo de Nicaragua”.
El falso milagro económico
Durante la entrevista, Núñez desmintió el supuesto “milagro económico” del orteguismo. Citando cifras oficiales, señaló que el crecimiento promedio del PIB bajo Ortega apenas ha superado el de los gobiernos liberales de los 90 y 2000:
“No hay ningún milagro. Ortega siguió aplicando políticas neoliberales rígidas que solo generan un crecimiento vegetativo, incapaz de sacar de la pobreza a la población”, dijo.
Los nuevos leales: hambre de privilegios
El analista explicó que, una vez enriquecidos, los antiguos cuadros del FSLN se vuelven peligrosos para la dictadura por su autonomía económica.
Por ello, el régimen los reemplaza por “jóvenes hambrientos de privilegios” dispuestos a todo con tal de ascender en la estructura del poder.
“Cuando alguien acumula dinero, busca protegerlo. Eso genera autonomía política. Rosario Murillo elimina a cualquiera que deje de depender de ella”, señaló Núñez, advirtiendo que figuras como Gustavo Porras, Fidel Moreno y Julio César Avilés “corren el mismo riesgo”.
Una oportunidad estratégica para la oposición
Eliseo Núñez insistió en que las fisuras internas del régimen podrían ser aprovechadas por la oposición democrática si logra construir una narrativa común y una plataforma de confianza:
“Si no generamos un puente político para los purgados, el orteguismo se reconfigurará sin Ortega. Hay que ofrecerles una salida y una vida política después del régimen, o se atrincherarán detrás de él”, advirtió.
Asimismo, defendió la necesidad de una justicia transicional, no de venganza:
“Esto no significa impunidad. Quien haya cometido crímenes deberá responder, pero primero hay que acabar con la raíz del mal: Ortega y su familia”.
El riesgo de repetir la historia
El entrevistado alertó que si la transición se produce sin una estrategia clara, Nicaragua podría terminar con un “orteguismo sin Ortega”, al estilo de lo ocurrido en Zimbabwe o Egipto:
“Podemos tener un cambio de gobierno, pero no de sistema. Sin conexión con los actores que detentan el poder real, solo cambiarán los nombres, no las estructuras”.
La conversación entre Sergio Marín Cornavaca y Eliseo Núñez revela una radiografía del poder dentro del orteguismo, donde la lealtad se compra con miedo y la impunidad se ofrece como salvavidas político.
El mensaje final del abogado opositor fue contundente:
“Si la alternativa es sacar a Ortega a balazos, yo no me apunto. No se trata de cambiar de tirano, sino de romper el ciclo de violencia que ha marcado nuestra historia”.
