Autor Camilo Hernández Saravia | Analista político nicaragüense
El régimen ORMU, y en especial la familia ORMU, entiende que la Administración Trump los golpeara letalmente como a Venezuela y Cuba en los próximos meses. Están huyendo hacia adelante, tardía y teniendo que enfrentar inevitablemente consecuencias negativas y sin opciones. Se atrincheran, y no les queda de otra, ya quemaron todos los puentes.
¿Cómo huyen?
El régimen sandinista busca instaurar un partido único similar a los partidos comunistas de China, Vietnam o Cuba, controlando todos los poderes del Estado y eliminando partidos políticos y por lo tanto las elecciones como mecanismo de competencia política y electoral por el poder. Pretenden establecer una especie de asamblea compuesta por sectores «representativos» (trabajadores, campesinos, profesionales, etc.), pero dominados por el partido único sandinista, funcionando solo como caja de resonancia. Esta idea ha sido discutida por figuras del FSLN (Fonseca Terán, Grigsby y otros) desde 2019, aunque Murillo la detuvo en favor de su propio enfoque ideológico.
Aunque se presiona a Cuba para que permita la participación política (partidiaria), ORMU buscan radicalmente restringirla, actuando en oposición a la Doctrina Monroe/Donroe y enfrentándose a figuras como Rubio, quien ha sido un crítico activo de gobiernos como los de Castro en Cuba y Maduro en Venezuela.
¿Un partido sandinista único, hegemónico ideológicamente, con economía de mercado caracterizada por el extractivismo económico, el crimen organizado, la pobreza y la informalidad, es posible, en Nicaragua?
No. Del todo. ¿Por qué?
En ciertos países con grandes poblaciones, los partidos comunistas lograron consolidar su poder tras prolongados procesos de lucha político-militar fundamentados en una hegemonía ideológica comunista. Estos partidos asumieron el control del Estado en su totalidad, en algunos casos con apoyo político y militar de Rusia y China. Los sandinistas, identificados con el marxismo-leninismo, tuvieron una oportunidad similar en 1979; sin embargo, no avanzaron hacia la instauración de dicho modelo ni promovieron explícita y formalmente su aceptación entre la población durante los años ochenta. En el contexto actual, tras una revolución fallida, varios gobiernos democráticos y dos décadas de elecciones cuestionadas pero realizadas, no se observa una movilización política-militar orientada por una vanguardia bajo una hegemonía ideológica clara.
Si se impone esa medida, podría provocar violencia interna o incluso un conflicto militar entre Honduras, El Salvador y Guatemala. Ya veremos porque, más adelante.
ORMU no busca una mera reforma constitucional para específicamente excluir partidos “vendepatria” de las elecciones. Los exiliados desnaturalizados ya no pueden competir ni crear partidos por falta de ciudadanía nica. Además, con las leyes represivas actuales pueden fácilmente (nunca les ha temblado la mano) bloquear y hasta juzgar y encarcelar a cualquier político, dentro o fuera del país, o anular cualquier partido político sin necesidad de reformas.
¿Por qué entonces no explicaron a las “masas” (en lenguaje comunista) su proyecto totalitario?
Porque no lo entenderían a quemarropa. Ortega sabe que esta contra el tiempo de preparación política de sus bases, pero su mensaje fue mal comunicado y este error (senil) tendrá serias consecuencias en el país y fuera de él. El 19 de julio surgió un Cisne Negro: un evento impredecible (no es lógico predecir que se irá contra la corriente), extremadamente raro (en el Siglo XXI), y con un impacto extremo y masivo.
El mensaje fue claro y directo: no habrá más “elecciones”, porque siempre han estado controladas por el imperio norteamericano. Los malos “vendepatrias” no deben tomar el poder mediante “elecciones”. Así, el mensaje respalda su proyecto totalitario. Ortega concluyó abruptamente y dio inicio al desfile militar; ya era muy noche en la plaza.
El breve discurso no aclaró el rumbo político ni lo justifica. Referirse una vez más a Nicaragua como víctima del imperio no aporta argumentos sólidos y motivadores dada la envergadura del proyecto. Las frases, aunque contundentes, carecen de estrategia política. Los funcionarios murmuraron al fondo de la plaza y quizá los miembros de la JS lo notaron, no así el público más fanático y adulador al frente de la tarima.
El lunes 20 detectaron un error de comunicación. El modelo propuesto considera “elecciones”, aunque estas están limitadas exclusivamente a miembros sandinistas para el nuevo congreso, integrantes del partido único, entre otros. Sin embargo, esa especificidad no fue comunicada adecuadamente. Y no era fácil hacerlo, en realidad. El mensaje de Ortega, desde su perspectiva, debió centrarse en rechazar procesos electorales de corte “burgués o imperialista”, destacando la importancia de la participación de sectores sociales y económicos representativos etc. Ante la situación, procedieron a difundir mensajes aclaratorios por vía celular, informando internamente que sí se realizarán “elecciones”, pero bajo el “modelo nicaragüense”, lo que fue explicado por Porras y Murillo.
Pero ya es muy tarde. Sus bases, los funcionarios públicos, los ciudadanos y la comunidad internacional escucharon y entendieron alto y claro: ya no más elecciones. Y eso ya no lo pueden cambiar, hagan lo que hagan, digan lo que digan.
Pero mas aun, como van por el proyecto totalitario de todas maneras vía cambios constitucionales en los próximos meses, tendrán que justificarlo a sus bases, a los nicas y a la comunidad internacional de alguna manera; estas nuevas justificaciones solo agregarán más sal a la herida. Serán percibidas mas bien como una justificación de lo que ya dijeron antes: no elecciones porque no queremos entregar el poder de ninguna manera.
Como avanzan hacia un proyecto totalitario a través de reformas constitucionales, en los próximos necesitaran justificarlo ante sus bases, la sociedad nicaragüense y la comunidad internacional. Estas nuevas justificaciones solo reforzarán la percepción generalizada de su negativa a realizar elecciones y a entregar el poder.
Una pregunta relevante sería: ¿Las bases de clase media, empresarios sandinistas y miembros del ejército aceptarán la idea de un régimen de partido único como justo y necesario, o lo verán solo como una estrategia de la familia ORMU para mantener el poder, a pesar de las probables consecuencias negativas que tendrán para ellos?
Si ORMU no solo no ha logrado hegemonía ideológica-política bajo la narrativa de “Cristianismo, socialismo y solidaridad” en 20 años, es casi imposible que logre tal cosa en seis meses. Pueden traer a Grisby, Absalón Pastora, Fonseca Terán etc., pero eso no hará ya ninguna diferencia.
Ciudadanos con convicciones liberales o conservadoras, especialmente rurales, podrían reaccionar con violencia. Funcionarios públicos, empresarios sandinistas y militares pueden conspirar, lo que podría acelerar la implosión.
Anunciar la anulación de elecciones podría provocar tensiones con El Salvador y Honduras, extendiéndose incluso a los ejércitos y afectar aún más las relaciones con Costa Rica, Guatemala y Panamá. Colombia, bajo su nuevo presidente, podría liderar una respuesta internacional fuerte en América Latina y el Caribe, similar a la reacción regional contra Cuba en los años 60, conforme a la Doctrina Monroe/Donroe.
¿Qué se puede tratar de anticipar que hará ORMU?
Tras el error y sus costos políticos nacional e internacionalmente, lo probable es que persista (“morir con las botas puestas”) y quizás ser un héroe revolucionario para la posteridad) con el proyecto para evitar una derrota ante sus círculos internos y fanáticos. Retirarse sería visto como cobardía (después de haber sido torpe) y agravaría su posición; de cualquier modo, enfrenta pérdidas inevitables, pues ya está expuesto y sus adversarios (internos y externos) lo saben y empiezan a oler sangre. El Cisne, es Negro… carbón.
Existen varias dudas: ¿aceptarán unirse a ORMU en su aventura sectores como el ejército, empresarios sandinistas y algunos funcionarios públicos? ¿Considerará el ejército que el error y el proyecto justifican un golpe de estado y su papel como impulsores de una transición democrática? ¿Intervendrían los EEUU viendo una oportunidad única para una acción militar (potencialmente más justificable y victoriosa que la de Venezuela y Cuba) antes de las elecciones de octubre? Las reformas constitucionales dificultan justificar acciones externas; podrían percibirse que conviene actuar antes de que se aprueben.
En conclusión, el verdadero Cisne Negro no radica únicamente en la intención del régimen ORMU de profundizar su autoritarismo, sino en haber comunicado prematuramente un proyecto político cuya lógica rompe con las reglas mínimas de legitimidad aceptadas en América Latina y en el sistema internacional. Al hacerlo, ORMU redujo drásticamente y significativamente su margen de maniobra estratégica: retroceder implicaría debilidad ante sus propias bases y élites; avanzar implicaría enfrentar costos políticos, económicos y diplomáticos crecientes. En consecuencia, el régimen podría haber entrado en una dinámica de «trampa estratégica», donde cualquiera de sus decisiones futuras aumenta su vulnerabilidad. Si esta interpretación es correcta, el discurso del 19 de julio no fue simplemente un error de comunicación, sino el punto de inflexión que aceleró la convergencia de presiones internas e internacionales que el propio régimen ORMU pretendía evitar.
