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El error estratégico de Eliseo Núñez y la falsa negociación con el régimen Ortega-Murillo

Por Douglas R. Lee

En Nicaragua se ha normalizado algo perverso: llamar “realismo político” a lo que en cualquier democracia funcional sería reconocido como simple capitulación moral. La reciente entrevista del analista Eliseo Núñez es un ejemplo preocupante de cómo parte de la oposición nicaragüense insiste en reciclar fórmulas del pasado para enfrentar un problema que ya no es político, sino criminal y transnacional.

Aparentemente, su lectura sobre las purgas internas del régimen Ortega-Murillo es correcta. Diagnostica la concentración familiar del poder, el clientelismo, las luchas intestinas, el falso milagro económico y la erosión de lealtades dentro del sandinismo. Hasta ahí, todo claro. El problema no está en lo que describe, sino en lo que propone como respuesta: volver a la política de pactos con criminales, ahora disfrazada bajo su concepto de “puentes” y “justicia transicional sin venganza”.

Esa narrativa, más que análisis, es una invitación a otro ciclo de impunidad.

La trampa del falso dilema

Eliseo afirma que quienes rechazan una negociación con el régimen están promoviendo la violencia:

“Si la alternativa es sacar a Ortega a balazos, yo no me apunto”, dijo.

Nadie —absolutamente nadie— plantea una salida armada. Este argumento emocional es un viejo truco conocido: se reduce el debate a un falso dilema para justificar una conclusión ya tomada de antemano: negociar sin condiciones con estructuras criminales.

Que quede claro: hay una tercera vía entre guerra y pacto corrupto. Se llama estrategia. Se llama justicia internacional. Se llama Estado de derecho aplicado de forma transnacional. Se llama rendición de cuentas.

El vacío ético de su propuesta

Hay algo más grave aún. La entrevista de Eliseo desaparece por completo a las víctimas del régimen. Pero lo más alarmante es otra cosa:

“Eliseo llama ‘pecados menores’ a los horrendos crímenes sandinistas, y sugiere elegir entre un bien mayor y un bien menor. Esa lógica no es realismo político: es peligrosa.”

Cuando un analista minimiza ejecuciones extrajudiciales, tortura sistemática, desapariciones forzadas y confiscaciones masivas como si fueran daños colaterales negociables, no está analizando: está justificando. Esta lógica de negociar con criminales mientras se banalizan sus crímenes desarma moralmente a la oposición y legitima indirectamente al régimen.

¿Dónde están en su narrativa las víctimas?

• ¿Dónde están las madres de Abril?

• ¿Dónde están los torturados?

• ¿Dónde están los campesinos ejecutados extrajudicialmente?

• ¿Dónde están los exiliados, los presos políticos, los confiscados, los despojados de ciudadanía?

• ¿Dónde está el pueblo de carne y hueso?

Cuando Eliseo habla de “tender puentes”, no se refiere a tender puentes con las víctimas. Se refiere a tender puentes con los purgados del régimen: generales, operadores, funcionarios que se enriquecieron dentro del Estado criminal. Esa es la pirámide de prioridades que hunde a parte de la oposición: prefieren negociar con verdugos antes que escuchar a las víctimas.

Eso no es moderación. Eso es amnesia programada.

Ortega: tranquilo, aislado, y aún nodo de poder

Mientras la oposición debate “puentes” y “salidas suaves”, Ortega permanece relativamente tranquilo. A pesar de sanciones y aislamiento internacional, mantiene relaciones estratégicas con aliados funcionales en la red BRIC y regionales, suficientes para sostener su aparato de poder.

Nicaragua sigue bajo un Estado-mafia, donde:

• El Ejército, la Policía y la Corte Suprema actúan bajo control absoluto.

• La economía clientelar asegura lealtad mediante privilegios y purgas selectivas.

• Recursos estratégicos, desde energía hasta exportaciones, permanecen monopolizados.

La oposición actual no representa amenaza interna ni externa. No tiene creatividad estratégica, poder económico ni capacidad de movilización significativa. En términos de teoría de conflictos, la oposición no es rival: es un espectador. Ortega ha aprendido que las fisuras pueden ser neutralizadas con miedo, dependencia y manipulación de incentivos. Por eso permanece tranquilo: la presión externa molesta, pero no compromete su control interno.

El costo de seguir sin estrategia

Por eso Ortega está tranquilo y la oposición ansiosa. Gran parte de la oposición ni siquiera ha movido un peón en el tablero del poder: no ha generado narrativa propia, no ha disputado espacios de poder, no ha construido fuerza interna ni alianzas estratégicas significativas. La gran pregunta que debería guiar toda reflexión estratégica es: ¿por qué Ortega tendría que negociar?

Negociar sería entregar legitimidad a quienes carecen de poder y creatividad, reforzando la ilusión de conflicto donde no lo hay y prolongando su dominio absoluto. La oposición sigue atrapada en la ansiedad de “cerrar ciclos” sin estrategia, mientras Ortega controla todos los nodos de poder y mantiene la lealtad de su aparato.

Confundir política con crimen: el error fatal

El análisis de Eliseo parte de un error conceptual: asume que estamos ante una crisis política convencional. No lo estamos. Nicaragua funciona bajo lógica criminal transnacional: purgas internas, centros de tortura, lavado de capitales, control absoluto del territorio.

Negociar impunidad no es estrategia: solo perpetúa el Estado-mafia. La transición debe colocar la justicia en el centro.

¿Cuál es la alternativa?

La salida no es la ansiedad política de quienes quieren “cerrar ciclo” al costo que sea. La alternativa es una transición con método, estrategia y justicia, basada en cinco pilares concretos:

1. Justicia internacional activa

Uso coordinado de la Corte Penal Internacional, leyes Magnitsky y cooperación judicial para quebrar la arquitectura de impunidad.

2. Aislamiento financiero del régimen

Congelamiento e incautación de bienes ilícitos, ofensiva contra testaferros y operadores económicos del Estado-mafia.

3. Alianzas con operadores internos del cambio (sin impunidad)

Sí a dividir al régimen; no a legalizar criminales sin rendición de cuentas.

4. Coalición global por la liberación de Nicaragua

Reposicionar el caso Nicaragua en Washington, Bruselas y América Latina como amenaza hemisférica, no solo como crisis humanitaria.

5. Memoria, verdad y reparación para las víctimas

Sin esto, no hay país que se reconstruya ni futuro posible.

Conclusión

Eliseo Núñez acierta al identificar fisuras en el régimen, pero se equivoca al creer que esas fisuras se aprovechan con negociaciones ansiosas o perdonando “pecados menores”. La política no es desesperación; es visión estratégica. Nicaragua no necesita otra ronda de pactos: necesita liderazgo que enfrente al crimen con ley, justicia y estrategia.

El futuro no lo construirán quienes rebajan la moral para justificar pactos vergonzosos. Lo construirán quienes tengan la claridad de romper el ciclo de impunidad y reconstruir la nación sobre bases de justicia y poder estratégico.