Por Iban | 11 noviembre 2025
Gracias por dejarle a Nicaragua la herencia del miedo.
Por los jóvenes que en los ochenta soñaron con libertad
y solo encontraron fusiles.
Por los cuerpos sin nombre que aún duermen en las montañas,
bajo una bandera roja y negra que prometía justicia.
Gracias por robar en nombre del pueblo,
por confundir revolución con poder
y patria con propiedad privada.
Gracias porque lograste que la revolución fuera un éxito…
pero solo para tu familia y tus allegados,
esa nueva oligarquía que aprendió rápido a vivir del Estado,
llamando al privilegio victoria y al abuso, justicia social.
Gracias por haber dividido a familias enteras:
madres que ya no hablan con sus hijos,
amigos que se dejaron de abrazar,
porque en Nicaragua ya no hay espacio para el disenso.
Gracias por vestir de gloria la represión,
por convertir la mejor policía de Centroamérica
en una maquinaria del miedo
que dispara contra su propia gente
y protege la impunidad.
Gracias porque cada año liberás a miles de violadores,
asesinos, ladrones y femicidas,
mientras encarcelás a quienes solo piden libertad
y sueñan con un país distinto.
Gracias por hablar del imperio yanqui
mientras abrís las puertas del país a China,
vendiendo soberanía como si fuera un souvenir,
mientras te llenás la boca hablando de patria
con la lengua manchada de concesiones.
Gracias por fracturar a un pueblo que amaba la misma tierra,
por separar los abrazos entre quienes viven el miedo
y quienes resisten desde el exilio,
por convertir las fronteras en heridas
y el silencio en una forma de resistir.
Gracias por la Nicaragua que nos dejás:
una parodia de nación hecha a tu medida,
donde la justicia es una sombra,
la verdad un crimen
y soñar, un acto de resistencia.
Pasarás a la historia, sí —
no por liberar a un pueblo,
sino por someterlo al miedo y al silencio.
Y cuando el futuro te mire con distancia,
no recordará tus discursos,
sino cómo convertiste la esperanza en dictadura.
Gracias por hacer “linda” mi Nicaragua…
a fuerza de dolor, exilio y mentira.
