El Grupo de Reflexión de Excarcelados Políticos (GREX) denunció la prolongada y sistemática violación de derechos humanos contra el preso político Jaime Enrique Navarrete Blandón, detenido desde 2019 y sometido a un régimen de torturas físicas, psicológicas y legales que, según el colectivo, evidencia el carácter vengativo y arbitrario del sistema penitenciario bajo el control del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Navarrete, de 40 años, ha pasado más de 2.300 días en prisión, entre su primera captura en junio de 2018 y su segunda detención en julio de 2019. Su caso, afirma GREX, es el ejemplo más brutal de cómo opera la represión contra los opositores encarcelados bajo acusaciones fabricadas.
De EEUU a Nicaragua: un sueño roto
Jaime emigró a Estados Unidos a los tres años, donde creció e inició estudios de Derecho antes de sufrir un grave accidente que dejó secuelas físicas y trastornos de sueño.
Aficionado a los deportes de combate, a la música y a la cocina, decidió regresar a Nicaragua en 2015 para impulsar un pequeño restaurante en Managua.
Su vida cambió con la Rebelión de Abril de 2018. Conmovido por la represión contra adultos mayores, se sumó de forma autoconvocada a las protestas. Ese acto lo convirtió en blanco de la persecución estatal.
Primera captura: tortura, violación de su esposa y una condena sin pruebas
El 15 de junio de 2018, Navarrete fue arrestado sin orden judicial. Su casa fue saqueada, él recibió una golpiza que le fracturó costillas, nariz y le abrió heridas en la cabeza. Su esposa fue violada por los atacantes.
Jaime fue llevado al antiguo Chipote y luego a “La 300”, la Dirección de Máxima Seguridad del Sistema Penitenciario Nacional. Permaneció meses en condiciones inhumanas, sometido a:
- Golpizas constantes
- Aplicación de ácidos en heridas
- Torturas sexuales con armas de fuego
- Aislamiento extremo
- Celdas sin ventilación, luz y sin acceso a atención médica
A pesar de la falta total de pruebas, fue condenado a 22 años y nueve meses de prisión. Fue excarcelado el 10 de junio de 2019 bajo la Ley de Amnistía.
44 días libre: asedio y recaptura
Tras su liberación, Jaime vivió una vigilancia constante. El 24 de julio de 2019 fue recapturado y brutalmente golpeado. Su deteriorado estado físico —fracturas, dificultades respiratorias y mareos— nunca fue atendido por el Estado.
En los juzgados, agentes penitenciarios lo lanzaron desde un segundo piso, produciéndole nuevas lesiones.
Segunda carceleada: más aislamiento, más tortura
Desde 2019 permanece en “La 300” bajo un régimen aún más severo. GREX denuncia:
- Convivencia forzada con reos de alta peligrosidad
- Golpizas por reclamar atención médica
- Requisas constantes donde le roban sus pertenencias básicas
- Negación de visitas y paquetería (siete meses sin ver a nadie en 2024)
- Negación absoluta de atención médica
- Amenazas constantes: “Aquí te vas a pudrir”
Aunque cumplió su condena en enero de 2023 y pagó su multa, el régimen se negó a liberarlo.
Es el único preso político al que el Estado ha sometido a este procedimiento.
Una vida quebrada y un clamor urgente
El deterioro físico y psicológico de Jaime es severo. GREX denuncia que los carceleros le dicen repetidamente: “Ya te olvidaron”.
Su hija, hoy de 16 años, continúa esperando la libertad de un padre que apenas ha podido ver crecer.
El colectivo advierte que su vida corre peligro y pide que un tercer país intervenga diplomáticamente para garantizar su liberación, como ocurrió en procesos previos con otros presos políticos.
El mensaje del GREX es contundente: “No dejemos morir a Jaime. Rescatémoslo de la cárcel, haciendo que lo imposible se haga posible”.
El caso de Jaime Navarrete no solo representa la tragedia individual de un hombre sometido a torturas extremas, sino también la persistencia de un sistema penitenciario usado como herramienta de castigo político y destrucción humana.
